El Blockchain significa el fin de la corrupción en México

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Esto puede parecer una afirmación optimista, desproporcionada o fantasiosa, porque, después de todo, cada nueva administración ha prometido acabar con la corrupción, cuando no ha dicho con una determinación sospechosa que “la corrupción ya se ha abatido”, mientras que en la calle, en las empresas, en las grandes y pequeñas obras públicas, la corrupción sigue existiendo y es muy, de verdad, muy fácil de encontrar.

La voluntad de acabar con la corrupción existe en la mayor parte de las personas de cada país que la padece. La corrupción es una enfermedad que afecta no sólo a los gobiernos, sino a la sociedad entera, porque permite y favorece la injusticia (distintas penas para las mismas faltas; diferencia de acceso a recursos establecida por dinero y no por méritos; impunidad e inseguridad). Una sociedad que tolera la corrupción es, por definición, una sociedad injusta, y la justicia es la principal obligación de un gobierno, así que un gobierno corrupto es, otra vez, por definición, un mal gobierno.

Pero la simple voluntad de acabar con la enfermedad no es una cura. Para tratar una enfermedad se requiere de un medicamento, de un tratamiento, de una operación, o de todas las anteriores cuando la enfermedad es grave. Pues bien, eso es el Blockchain: es la medicina, es el tratamiento, es la operación que antes no existía y que por fin puede “curar” a la sociedad mexicana de su enfermedad más persistente y dañina.

Empecemos por el principio, el Blockchain se usa para generar Criptodivisas, Tokens, NFT´s y Smart Contracts, pero es superior a eso. El Blockchain es la tecnología que está detrás y hace posible todas esas cosas, y es una gran idea, una idea que empezó a hacer ruido desde el 2014, y a la que yo, en lo particular, no me sumé hasta el 2016. Me gustaría decir que fui un pionero, pero con orgullo sí puedo decir que soy uno de sus promotores más entusiastas. Que las personas tengan la posibilidad de obtener el control total de su patrimonio es una idea poderosa, y es un camino a que la sociedad se vuelva más justa.

Si el dinero que el gobierno gasta (o dice que gasta) se pudiera rastrear en bloques informáticos infalsificables, registrados de manera pública, no sería posible malversarlos. Si el dinero que mueven las empresas se moviera siempre a través de Blockchain, el lavado de dinero sería imposible. Si las personas tuvieran la posibilidad de manejar su dinero directamente, sin las imposiciones y los cargos de un sistema bancario abusivo, sus patrimonios estarían mejor protegidos.

Pero esto va más allá del dinero y de lo que la gente haga con él. Los movimientos de mercancías, el manejo de información pública, la manera en que particulares puedan establecer vínculos y obligaciones entre ellas de una manera descentralizada hace que la economía, la política y el acceso a la información sea más eficiente, desahogando a tribunales y gobiernos de trabajo burocrático, haciendo más eficiente el comercio, y garantizando que los datos disponibles para particulares y empresas sean verídicos.

Toda nueva tecnología tiene que vencer la resistencia de la anterior, y en este caso, la resistencia no sólo viene del miedo al cambio, o del periodo de aprendizaje que la nueva tecnología requiere, sino de lo que significa darles poder a los particulares para manejar sus propios asuntos de manera descentralizada. El poder centralizado es un blanco más fácil para la corrupción, y por ello hay resistencia al Blockchain.

El Blockchain puede servir para registrar en tiempo real resultados electorales, para que nunca más tengamos que pedir a gritos “voto por voto”; el presupuesto de egresos podría ser entregado a cada dependencia pública u organismo “descentralizado” en Blockchain, fiscalizando en tiempo real cada movimiento; las consultas públicas por fin podrían ser vinculantes y relevantes si se aplica esta tecnología en ejercicios democráticos que sean más transparentes y que cuesten mucho, pero mucho menos.

El propio Banco Interamericano de Desarrollo ha publicado un documento descargable explicando la utilidad presente y futura de la Blockchain en la administración pública. El documento está disponible en la siguiente dirección:

https://publications.iadb.org/publications/spanish/document/Blockchain_en_la_administraci%C3%B3n_p%C3%BAblica_Mucho_ruido_y_pocos_bloques_es.pdf

Las ventajas del Blockchain son evidentes, pero las principales para ser utilizados por las administraciones públicas, son las siguientes:

  • Transparencia: Los datos de las transacciones están incorporados dentro de la red en su totalidad y, por lo tanto, son públicos. Cualquier usuario con acceso a la red puede los movimientos que se realizaron, por lo que resultan transparentes y auditables, porque sus movimientos pueden ser trazados.

  • Incorruptibilidad: No es posible corromper la totalidad de una información que es contenida en todas las copias de una cadena de bloques en cientos o miles de nodos simultáneamente. Lo que se escribe en la Blockchain está mejor que escrito en piedra.

  • Red de nodos: La red de nodos está siempre segura, porque existe una copia exacta de todo el registro en cada uno de los nodos. Esta red puede crecer tanto como cada red, gobierno o empresa lo requiera, de manera eficiente, barata y fácil.

  • Descentralización: La tecnología Blockchain fue diseñada específicamente para que ninguna entidad en la red tenga control sobre las cadenas de bloques. Son redes horizontales y transversales, sin jerarquías, que democratizan la información, transparentan su uso y les da poder, seguridad y confianza a sus usuarios.

Uno de los países pioneros en aplicar la tecnología Blockchain en su administración pública es Estonia, que en su página de gobierno electrónico da las explicaciones de por qué y de cómo usa esta tecnología. El documento se puede consultar en inglés en esta dirección:

https://e-estonia.com/wp-content/uploads/2020mar-nochanges-faq-a4-v03-blockchain-1-1.pdf

Existen opiniones encontradas actualmente con respecto a esta herramienta. Hay países que la han adoptado de inmediato, como Estonia, y otros que van dando pasos pequeños hacia ella. En realidad, el uso de la tecnología puede hacerse evidente en aspectos cotidianos (poder tener la trazabilidad de cada lote de medicamentos o vacunas, o de alimentos con sospecha de estar contaminados, por ejemplo, es uno de los usos más prácticos de la Blockchain y que demuestran su eficacia) e irse colando poco a poco hacia esferas más altas de la administración.

Blockchain no es solo Tokens y Criptos; es un sistema informático que fue hecho para garantizar rapidez, transparencia, seguridad, eficiencia e independencia para sus usuarios. Esto no es el futuro, es el presente, y debemos ponernos a tiempo y en sintonía con esta herramienta, con esta medicina, que es la cura contra la corrupción, la opacidad y el centralismo. SI no pude ser el pionero hace siete años, puedo ser el mejor vocero de esta buena noticia para el mundo, para las empresas y, por que no, para el desarrollo sostenido de mi país, de mi región, de mi ecosistema financiero y para la democratización de los recursos tecnológicos, que sólo sucederá cuando todas las herramientas estén en manos de todos los que los necesiten.

Ese es el mundo que hoy es posible, y será el mundo que nos dé, por fin, lo que siempre hemos merecido como personas y como ciudadanos.

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