Bitcoin predica la libertad financiera. Nayib Bukele pone a prueba esa promesa

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Miles de personas protestan contra el presidente Nayib Bukele tras la adopción del bitcóin. (Fred Ramos/The New York Times)
Miles de personas protestan contra el presidente Nayib Bukele tras la adopción del bitcóin. (Fred Ramos/The New York Times)

El experimento del presidente de El Salvador podría ofrecer pistas sobre las posibilidades y los límites de la criptomoneda en las finanzas globales.

SAN MIGUEL, El Salvador — Los defensores del bitcóin sueñan con un sistema financiero en gran medida libre de la intromisión del gobierno. Pero cuando la criptodivisa se convirtió en moneda nacional por primera vez, fue la imposición de un gobernante cada vez más autoritario a una población renuente, todo a través de un sistema secreto dirigido por el Estado.

El sorprendente anuncio del mes pasado de que El Salvador había adoptado el bitcóin, la mayor criptodivisa del mundo, como moneda de curso legal tomó a su población por sorpresa, y convirtió a este país pobre y conservador de Centroamérica en un improbable barómetro de una transformación tecnológica global.

El resultado de este experimento inexplorado podría ayudar a determinar si la criptomoneda ofrece la libertad regulatoria que sus defensores prevén, o si se convierte en otra herramienta de control y enriquecimiento para autócratas y empresas.

“Estamos en un punto de inflexión de las criptomonedas”, dijo Lane Rettig, empresario y ex programador sénior de la Fundación Ethereum, una organización que respalda las tecnologías detrás de ethereum, la segunda criptomoneda más grande del mundo. “La misma tecnología de la libertad podría convertirse en parte de una nueva distopía tecnológica”.

La amenaza de la subversión gubernamental y corporativa de las raíces libertarias de la criptomoneda se hace eco, en parte, de la evolución que han seguido las tecnologías digitales como internet y las redes sociales, dijo Rettig. Construidas sobre la premisa democrática de liberar la información y conectar a la gente, estas innovaciones demostraron ser vulnerables a la censura, la manipulación por parte de los propagandistas y el control por parte de las empresas con fines de lucro, dijo.

Y ahora, después de años de ignorar en gran medida las criptomonedas, los gobiernos de todo el mundo se apresuran a responder a esta industria en crecimiento vertiginoso que empieza a perturbar la banca y a filtrarse en la vida cotidiana y que representa 2 billones de dólares.

Una tienda de ropa que acepta bitcoines en San Miguel, El Salvador, en septiembre, después de que el país de la criptodivisa moneda de curso legal. (Fred Ramos/The New York Times)
Una tienda de ropa que acepta bitcoines en San Miguel, El Salvador, en septiembre, después de que el país de la criptodivisa moneda de curso legal. (Fred Ramos/The New York Times)

En junio, el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, de 40 años, anunció que adoptaría al bitcóin —un vale financiero muy volátil operado por una comunidad descentralizada de emprendedores tecnológicos— como moneda nacional, a la par que la actual moneda de curso legal, el dólar estadounidense.

“Esto generará empleos y ayudará a fomentar la inclusión financiera a miles de personas fuera de la economía formal”, dijo Bukele en un discurso por video. También dijo que convertiría al país en un centro de innovación y turismo.

La idea surgió de un experimento social iniciado en 2019 en El Zonte, un pueblo salvadoreño de surfistas, donde un grupo de activistas usó una donación de bitcoines para crear una red comunitaria de pagos en criptodivisas. El proyecto, Bitcoin Beach, superó la desconfianza de los residentes al integrar la moneda en la vida cotidiana, usando los bitcoines para premiar a los estudiantes por hacer los deberes y para proporcionar ayuda a las familias durante la pandemia.

“Nuestra estrategia para crear un ecosistema en el que el bitcóin funcione se basa en dos elementos: el tiempo y la confianza”, afirmó Luis Morales, un organizador de Bitcoin Beach.

Ambos elementos brillan por su ausencia en la estrategia de Bukele.

Según una encuesta realizada por la Cámara de Comercio e Industria de El Salvador, los empresarios, las organizaciones internacionales y el 93 por ciento de los salvadoreños se oponen a la adopción del bitcóin.

Sin embargo, aprovechando el control que ejerce Bukele sobre el congreso y las cortes del país, el 7 de septiembre el gobierno obligó legalmente a todos los vendedores a aceptar el bitcóin, una medida que desencadenó la mayor manifestación callejera de El Salvador en años y mermó el enorme apoyo popular de Bukele.

“Todos entendemos que la criptomoneda es el futuro, pero no se puede fomentar obligando a todo el mundo a usarla”, dijo Jorge Hasbún, presidente de la Cámara de Comercio e Industria.

Para promover el uso de la moneda, el gobierno creó una aplicación para celulares —Chivo Wallet— que permite a los ciudadanos, incluidos muchos que no tienen cuentas bancarias, enviar y recibir pagos o cobros expresados en bitcoin, convertirlos a dólares y retirarlos de cajeros automáticos especiales. También le dio 30 dólares en bitcóin a cada uno de los salvadoreños que adopte el monedero electrónico.

Pero la aplicación se ha visto afectada por fallos técnicos, y muchos cajeros automáticos se quedaron sin dinero cuando la gente se lanzó rápidamente a convertir sus reservas de bitcoines en dólares más estables.

El gobierno también dijo que reservó 150 millones de dólares, equivalentes al 12 por ciento del presupuesto de inversión pública de El Salvador del año pasado, para garantizar la libre convertibilidad de bitcoines a dólares. Los funcionarios no ofrecieron ninguna explicación sobre cómo evitarán el uso del bitcóin para el lavado de dinero, o qué sucedería si el fondo de conversión se quedara sin efectivo.

A pesar de la escasez de fondos públicos, Bukele anunció en una serie de publicaciones en Twitter que su gobierno compró unos 30 millones de dólares en bitcoines el mes pasado. Cuando el precio de la criptomoneda se desplomó temporalmente, anunció nuevas compras, cuyo propósito no se explicó.

Casi un mes después de la adopción del bitcóin, sigue sin estar claro dónde están los fondos en dólares y bitcoines en poder del gobierno, o reflejados en Chivo Wallets, o qué valor tienen.

Aunque todas las transacciones en bitcoines llevan un código para garantizar la transparencia, Bukele ha tratado la política monetaria como un secreto de Estado. Toda la información relacionada con Chivo Wallet, que se creó con fondos de los contribuyentes pero se gestiona como una empresa privada por personas cuya identidad es desconocida, ha sido clasificada por el presidente.

“Él está jugando a la ruleta rusa con el dinero público”, dijo Ruth López, una abogada salvadoreña de la organización sin fines de lucro Cristosal, que demandó al gobierno por las irregularidades de financiación de Chivo Wallet.

Bukele, sus ministros de economía y hacienda, el secretario de comercio, el fiscal general, el presidente de la comisión de economía del Congreso, el regulador del sistema financiero, el banco central y el banco estatal que financia el fondo del bitcóin rechazaron hacer comentarios.

En la calle, el impacto de la política ha sido desigual.

Bukele dice que tres millones de salvadoreños, o más de la mitad de todos los adultos del país, han instalado Chivo Wallet, pero en realidad, el uso del bitcóin sigue siendo limitado. La mayoría teme la extrema volatilidad del precio de la criptomoneda, dice que carece de conocimientos tecnológicos o desconfía de las intenciones del gobierno.

Pero la criptomoneda ha permitido que al menos algunos salvadoreños sin cuentas bancarias accedan a pagos digitales, inviertan sus ahorros o aumenten sus ingresos, y su uso está aumentando gradualmente entre los jóvenes.

En la ciudad de San Miguel, la familia Argueta Pérez dijo que las ventas de ropa de sus puestos en el mercado aumentaron después de poner carteles que decían que aceptaban bitcoines.

Cerca de allí, Laura Trejo, estudiante de 29 años, hacía fila frente a un cajero Chivo para retirar las remesas enviadas por su tío, sin pagar comisión. Junto a ella, José Ercidio, de 50 años, vendedor de verduras, esperaba su turno. Dijo que Chivo Wallet había permitido a los clientes enviarle montos pequeños, lo que impulsó las ventas.

“Es un beneficio para la gente pobre y humilde”, dijo.

El mes pasado, Bukele, en una aparente broma dirigida a los críticos, cambió la descripción de su perfil de Twitter por: “el Dictador más
cool
del mundo mundial”. Pero, a medida que consolida rápidamente el poder y reprime a los opositores, crece la preocupación en El Salvador de que la adopción del bitcóin por parte de Bukele esté motivada más por su búsqueda de control —y su deseo de evitar la presión internacional— que por su deseo de inclusión financiera.

A medida que Bukele ha reforzado su control sobre el país, las relaciones con el gobierno de Joe Biden se han deteriorado, haciendo que Bukele esté cada vez más preocupado por la gran influencia de Washington en la economía del país, dijeron dos funcionarios salvadoreños familiarizados con el pensamiento del presidente. Hablaron bajo condición de anonimato para evitar represalias.

Por ejemplo, las remesas enviadas por los inmigrantes, principalmente desde Estados Unidos, representan una cuarta parte del producto interno bruto del país. Mediante la creación de un sistema financiero paralelo basado en la criptomoneda, Bukele podría eludir el sistema bancario estadounidense y mantener el flujo de remesas hacia Chivo Wallet, administrada por el Estado, en caso de futuras presiones económicas por parte de Washington, dijeron los dos funcionarios.

Se cree que otros países que ya se enfrentan a sanciones, como Venezuela y Corea del Norte, han utilizado la criptomoneda para evitar la supervisión.

“Para el gobierno, bitcóin es tener un Plan B”, dijo Ricardo Castaneda, experto en políticas públicas salvadoreñas.

La adopción del bitcóin también ha profundizado el impasse de Bukele con los financiadores internacionales. Sus conversaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI) sobre un préstamo crucial de 1000 millones de dólares se han estancado, ya que la entidad crediticia está cada vez más preocupada por el deterioro del estado de derecho y la amenaza del bitcóin para la estabilidad financiera.

La falta de financiamiento del FMI ha bloqueado a su vez otras fuentes tradicionales de financiación, complicando los programas de gasto populista de Bukele. Los bonos de El Salvador cayeron bruscamente tras la adopción del bitcóin, ya que Wall Street se preocupó por la capacidad de Bukele de pagar las deudas existentes.

El gobierno está explorando ahora formas de emitir bonos soberanos vinculados al bitcóin y de crear nuevos bitcoines con energía geotérmica. Ambas medidas podrían crear una fuente de financiamiento alternativa que eluda a los prestamistas tradicionales, que exigen rendición de cuentas, según los expertos.

“Lo que Bukele está haciendo no es bitcóin, sino un sistema estatal bancario centralizado”, dijo Mario Gómez, un experto en datos salvadoreño que fue detenido por la policía y retenido durante seis horas el mes pasado bajo acusaciones no especificadas de delitos financieros después de organizar seminarios en las redes sociales sobre los riesgos de las criptodivisas. “Es la antítesis de los principios de los defensores del bitcóin”.

Anatoly Kurmanaev es un corresponsal con sede en Ciudad de México desde donde cubre México, Centroamérica y el Caribe. Antes de integrarse a la corresponsalía de México en 2021, pasó ocho años reportando desde Caracas sobre Venezuela y la región vecina. @akurmanaev

Ephrat Livni escribe desde Washington sobre la intersección de negocios y políticas para DealBook. Antes fue reportera sénior en Quartz, en donde cubría legislación y política, y ha ejercido la abogacía en los sectores público y privado. @el72champs

© 2021 The New York Times Company

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