Biden volvió al Congreso para intentar recuperar el consenso de los demócratas

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El presidente Joe Biden en el Congreso
Kevin Dietsch

WASHINGTON.– Apremiado por salvar su promesa de “reconstruir mejor” a Estados Unidos, Joe Biden ensayó una jugada atípica y sorpresiva: dejó la Casa Blanca por unas horas y regresó a su viejo territorio, el Congreso, para intentar convencer cara a cara a los demócratas de que dejen sus diferencias de lado, y encuentren la manera de transformar en leyes sus proyectos más ambiciosos para delinear el futuro del país.

La visita de Biden al Congreso dejó a la vista las enormes dificultades que han tenido los demócratas para forjar un frente unido y darle impulso a la agenda de Biden, más allá de las medidas de emergencia implementadas este año para doblegar la pandemia del coronavirus.

“No importa cuándo. No importa si es en seis minutos, seis días o seis semanas, lo vamos a hacer”, dijo Biden luego de su reunión con los congresistas.

Biden con Nancy Pelosi
Kevin Dietsch


Biden con Nancy Pelosi (Kevin Dietsch/)

La pelea interna en el oficialismo puso a Biden ante su mayor desafío político desde que asumió la presidencia. Biden llegó a la Casa Blanca con la promesa de usar sus cuatro décadas de experiencia en Washington para unir al país, y lograr acuerdos políticos en una nación profundamente polarizada. Pero su anhelo de resucitar el bipartidismo, ya de por sí un objetivo poco menos que imposible, chocó en los últimos días con la férrea oposición de los republicanos, y la intransigencia de sus propios legisladores.

Biden quiere firmar dos ambiciosos proyectos: un plan de infraestructura por 1,2 billón de dólares, que ya fue aprobado por el Senado, y una histórica expansión del gasto público de 3,5 billones de dólares durante una década destinado a educación, salud, las familias, y a combatir el cambio climático, que Biden quiere pagar con subas de impuestos a las corporaciones y los más ricos.

El problema: la izquierda demócrata se niega a aprobar el plan de infraestructura –que ya cuenta con media sanción del Senado– a menos que los moderados se comprometan a votar la ampliación del gasto público, que contiene muchas medidas que los progresistas persiguen sin éxito desde hace tiempo. Las negociaciones han tenido escaso progreso. Con los dos proyectos ahora estancados, el presidente dio a entender en el Congreso que quiere concesiones para poder mover ambos paquetes.

Alexandria Ocasio-Cortez, representante del ala más de izquierda del Partido Demócrata
Patrick Semansky


Alexandria Ocasio-Cortez, representante del ala más de izquierda del Partido Demócrata (Patrick Semansky/)

“Va a defender su agenda legislativa. Quiere hablar directamente con los miembros, responder a sus preguntas y explicar por qué deberíamos trabajar todos juntos para dar al pueblo estadounidense un respiro”, había dicho la vocera presidencial, Jen Psaki, al hablar de la gestión directa de Biden con los representantes.

“Son sus propuestas, son sus ideas osadas”, insistió Psaki.

Biden se reunió con los demócratas de la Cámara de Representantes que se negaron a prestar sus votos para la aprobación de su plan de infraestructura, furiosos porque dos senadores moderados del oficialismo, Joe Manchin y Kyrsten Sinema, frenaron la expansión del gasto público. La dura interna entre moderados y progresistas congeló el avance de la agenda doméstica de Biden en el Congreso, clave para el futuro de su presidencia.

Ante el estancamiento de las negociaciones en el Congreso, Biden decidió ir en persona al Capitolio para intentar convencer a los progresistas de que aprobaran, al menos, su plan de infraestructura, a sabiendas de que las discusiones para llevar a buen puerto la expansión del gasto público demandarán mucho más tiempo. Ese plan, que contempla una inyección de gastos por 3,5 billones de dólares a lo largo de una década, abre la puerta a una radical transformación al papel del Estado en la vida diaria de los norteamericanos, financiada con una suba de impuestos a los empresas y los contribuyentes más ricos.

El rechazo de Manchin y Sinema, apodados “Manchema” por la prensa local, aparece atada a las dos puntas del plan: ninguno quiere una suba tan fuerte del gasto público, y tampoco una reforma impositiva que eleve demasiado la presión tributaria sobre los negocios. Manchin abrió la posibilidad a respaldar un paquete menos ambicioso, que tuviera un techo máximo

Tras un intento fallido, los demócratas descartaban el viernes por la tarde la posibilidad de votar el plan de infraestructura de Biden, que ya está a medio camino, mientras Biden, su equipo de asesores y los congresistas intentan llegar a un acuerdo para el segundo paquete.

Varios congresistas progresistas expresaron públicamente su frustración por el rechazo de los moderados al plan para subir el gasto social. Para la izquierda del partido, se trata de un compromiso irrenunciable con sus votantes.

“No podemos hacer campaña con políticas progresistas y no gobernar sobre ellas. Estamos aquí para hacer el trabajo de la gente”, dijo en Twitter Jamal Bowman, congresista de un distrito de Nueva York.

Manchin no solo ha mostrado preocupación por el impacto que el plan de Biden tendrá sobre el déficit fiscal –la Casa Blanca ha dicho que el costo está cubierto– sino también “cambiar toda nuestra sociedad a una mentalidad de derechos”.

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