Según Biden, los tiempos lo son todo y 'la política es el arte de lo posible'

Annie Karni y Katie Rogers
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El presidente Joe Biden habla en una conferencia de prensa en la Casa Blanca en Washington, el jueves 25 de marzo de 2021. (Doug Mills/The New York Times)
El presidente Joe Biden habla en una conferencia de prensa en la Casa Blanca en Washington, el jueves 25 de marzo de 2021. (Doug Mills/The New York Times)
El presidente Joe Biden habla en una conferencia de prensa en la Casa Blanca en Washington, el jueves 25 de marzo de 2021. (Doug Mills/The New York Times)
El presidente Joe Biden habla en una conferencia de prensa en la Casa Blanca en Washington, el jueves 25 de marzo de 2021. (Doug Mills/The New York Times)

WASHINGTON — Reflexionó sobre su reputación de “buena gente” y “hombre decente”. Habló sobre cómo su tatarabuelo zarpó desde el mar de Irlanda para hacer el difícil viaje a Estados Unidos. Hizo la observación de que “la política es el arte de lo posible”.

En su primera conferencia de prensa formal desde que asumió el cargo, el presidente estadounidense, Joe Biden, ofreció una primera mirada al hombre que ocupa el Despacho Oval y cómo está encarando la presidencia hasta ahora. A diferencia de los arrebatos temperamentales del expresidente Donald Trump y las prolongadas respuestas de calma profesoral del expresidente Barack Obama, Biden fue el sobrio veterano político que se siente cómodo pensando en voz alta, al hablar personal y amablemente, y mostrando una impaciencia ocasional frente una sala llena de reporteros.

Cuando le hicieron una pregunta que no le gustó, como si pensaba competir contra Trump en 2024, la menospreció: “No sé de dónde vienen, amigo”. Sin embargo, Biden señaló que sí espera volver a postularse, con la vicepresidenta Kamala Harris a su lado.

Después de casi cuatro décadas en la política, incluidos ocho años como vicepresidente, Biden se demostró a sí mismo que era un estudiante del cargo. “Es una cuestión de tiempos”, respondió cuando le preguntaron sobre sus prioridades legislativas. “Como todos han observado, los presidentes exitosos mejores que yo han triunfado en buena parte porque saben cuándo hacer lo que hacen. Ordenar algo. Decidir prioridades. Hacer lo necesario”. Para ese fin, citó su proyecto de ley de infraestructura de 3 billones de dólares como “la próxima gran iniciativa”.

Y cuando le preguntaron por qué no presionaba por la abolición del filibusterismo en el Senado, el cual requiere 60 votos para aprobar la mayoría de las legislaciones y al cual Biden llamó una reliquia de la era de Jim Crow, simplemente dijo que “una política electoral exitosa es el arte de lo posible”… y que quería ver si primero podía cambiar el filibusterismo.

El presidente se enfrentó a preguntas relacionadas con el intento de su gobierno por reforzar la capacidad para cuidar de manera temporal a miles de niños migrantes que están llegando a la frontera suroccidental sin tutores legales. Asimismo, puso en la mira las políticas de tolerancia cero que promulgó Trump, cuando dijo que su administración está intentando “poner lo desmantelado en su lugar”.

“Me gustaría pensar que es porque soy buena gente”, comentó Biden. “Pero no es así. Es por lo sucedido”.

De vez en cuando, improvisó tanto —“Supongo que debería sentirme halagado”, respondió cuando lo presionaron para que respondiera sobre su estrategia “moral” para detener familias en la frontera— como se exasperó.

“Es una pregunta seria, ¿no? ¿Que si lo encuentro aceptable? Por favor”, mencionó Biden cuando le preguntaron si le parecía aceptable el estado de las instalaciones de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza en Texas, donde se está albergando a niños de forma temporal.

En otras ocasiones, fue atento con los reporteros. “¿Te estoy dando una respuesta demasiado larga?”, le preguntó a Yamiche Alcindor de PBS NewsHour. “Si no quieres los detalles… no sé qué tantos detalles quieras saber sobre la inmigración. Mejor lo dejo ahí”.

Ya que respondió preguntas durante más de una hora, el presidente también hizo poco por alimentar la narrativa de los medios informativos conservadores que lo acusan de problemas en sus capacidades mentales. Dio la impresión de estar bien preparado y seguro de sus datos, aunque sí se refirió al “mar del norte de China”, el cual no existe.

Durante la conferencia de prensa, se limitó la cantidad de periodistas presentes en la sala. Los asistentes usaron mascarillas y se sentaron a 2 metros de distancia el uno del otro para cumplir con las reglas de distanciamiento social. Biden llamó a los reporteros por su nombre de pila, de una lista que le hizo llegar de antemano su personal.

En ese sentido, fue otro regreso a la normalidad, después de cuatro años de conferencias de prensa dedicadas a refutar datos y que más bien parecían batallas campales. En una de ellas, Trump se burló de un reportero por usar la que llamó “la mascarilla más grande que haya visto” y en otra aseguró que inyectar desinfectantes en el cuerpo humano podía ayudar en el combate contra el coronavirus. Los reporteros gritaban para hacerse oír y Trump parecía disfrutar el caos.

En contraste, la actuación de Biden fue relativamente tranquila.

“De verdad es un gran alivio después de cuatro años, cuando todas las conferencias de prensa presidenciales eran un evento cataclísmico”, opinó Lis Smith, una estratega demócrata. Smith mencionó que Biden había transmitido el mensaje adecuado y “ha incorporado empatía en todo lo que hace”.

“Biden hizo lo que tenía que hacer”, comentó David Axelrod, quien fue uno de los principales asesores de Obama. “Puso como prioridad el progreso sobre el virus, esquivó preguntas difíciles en torno a la frontera y el filibusterismo y en general se abstuvo de dar la nota de manera desagradable”.

This article originally appeared in The New York Times.

© 2021 The New York Times Company