Biden quiere reducir las emisiones y eso significaría un Estados Unidos muy diferente

Brad Plumer
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Paneles solares se instalan en un techo de Brooklyn, el 3 de diciembre de 2020. (Karsten Moran/The New York Times)
Paneles solares se instalan en un techo de Brooklyn, el 3 de diciembre de 2020. (Karsten Moran/The New York Times)

WASHINGTON — La nueva promesa del presidente Joe Biden de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en Estados Unidos durante la próxima década es muy ambiciosa y poco concreta, pero los expertos afirman que para tener éxito se requerirían cambios rápidos y radicales en casi todos los rincones de la economía del país, a fin de transformar la manera en que los estadounidenses conducen al trabajo, calientan sus hogares y operan sus fábricas.

En varios estudios recientes, los investigadores han analizado cómo tendría que ser Estados Unidos en el futuro si quiere alcanzar el nuevo objetivo climático de Biden: reducir las emisiones que calientan el planeta al menos un 50 por ciento por debajo de los niveles de 2005 para el año 2030.

Para finales de la década, esos estudios sugieren que más de la mitad de los automóviles y vehículos utilitarios deportivos (SUV, por su sigla en inglés) nuevos que se vendan en los concesionarios tendrán que funcionar con electricidad, no con gasolina. Habría que cerrar casi todas las centrales eléctricas que funcionan con carbón. Los bosques tendrían que ampliarse. El número de turbinas eólicas y paneles solares que salpican el paisaje del país tendría que cuadruplicarse.

Los investigadores afirman que, en teoría, es posible lograrlo, pero es un enorme desafío. Para conseguirlo, el gobierno de Biden tendría que poner en marcha un amplio conjunto de nuevas políticas federales, muchas de las cuales podrían encontrar obstáculos en el Congreso o en los tribunales. Y los legisladores deberán tener cuidado en la elaboración de medidas que no causen graves daños económicos, como la pérdida generalizada de puestos de trabajo o el aumento de los precios de la energía, que podrían desencadenar un retroceso.

“No es una tarea fácil”, afirmó Nathan Hultman , director del Centro de Sostenibilidad Global de la Universidad de Maryland. “No podremos cruzarnos de brazos y esperar que las fuerzas del mercado hagan el trabajo solas”.

Por ahora, Estados Unidos lleva ventaja. Las emisiones de gases de efecto invernadero del país ya han disminuido alrededor del 21 por ciento desde 2005, según estimaciones del Grupo Rhodium, una empresa de investigación y consultoría energética. Gran parte de ese descenso se debe a que las compañías eléctricas cerraron cientos de sus centrales de carbón más sucias y ahora utilizan gas natural, energía eólica y solar, que son energías más baratas y limpias.

Sin embargo, hasta la fecha, alrededor de un tercio de las reducciones se han producido como resultado de la pandemia de coronavirus, ya que la actividad empresarial se desplomó y los estadounidenses viajaron menos en auto. Es probable que ese descenso sea efímero. “Esperamos que las emisiones repunten este año a medida que la economía se recupere, así que ya estamos retrocediendo un poco”, comentó Kate Larsen, directora del Grupo Rhodium.

El presidente Joe Biden toma la palabra durante una cumbre virtual de líderes  sobre el clima, en la Casa Blanca en Washington, el jueves 22 de abril de 2021, ante la mirada de John Kerry, el enviado presidencial para el clima. (Al Drago/The New York Times)
El presidente Joe Biden toma la palabra durante una cumbre virtual de líderes sobre el clima, en la Casa Blanca en Washington, el jueves 22 de abril de 2021, ante la mirada de John Kerry, el enviado presidencial para el clima. (Al Drago/The New York Times)

Lo más difícil está por llegar. En un estudio reciente, Hultman y sus colegas desarrollaron un modelo viable para lograr una reducción de las emisiones de al menos el 50 por ciento para 2030. Según su hipótesis, los cambios necesarios serían de gran envergadura:

— Para 2030, la mitad de la electricidad del país tendría que provenir de fuentes renovables como la energía eólica, solar o hidroeléctrica, en un aumento de la quinta parte actual. Las nuevas centrales de gas natural se construirían en su mayor parte con tecnología capaz de capturar y enterrar el dióxido de carbono, en lugar de liberarlo a la atmósfera, tecnología que aún está en pañales. Y la mayoría o la totalidad de las 200 plantas restantes que funcionan con carbón tendrían que cerrar.

— Dos tercios de los autos y SUV nuevos que se vendan tendrían que funcionar con baterías para fin de la década, en comparación con el dos por ciento actual. Todos los edificios nuevos tendrían que calentarse con electricidad en lugar de gas natural.

— Las industrias del cemento, el acero y los productos químicos del país tendrían que adoptar nuevos y estrictos objetivos de eficiencia energética. Los productores de petróleo y gas tendrían que reducir las emisiones de metano, un potente gas que atrapa el calor, en un 60 por ciento.

— Los bosques del país tendrían que extenderse y modificar las prácticas agrícolas con la finalidad de extraer un 20 por ciento más de dióxido de carbono del aire que en la actualidad.

Aunque este estudio solo ofrece una posible estrategia para que Estados Unidos cumpla su objetivo, ilustra la enorme escala de la transformación prevista. “Se trata de cambios masivos en la electricidad y el transporte, y aun así no podemos centrarnos solo en esos sectores”, comentó Hultman. “Si nos quedamos cortos en cualquier área, la tarea se vuelve mucho más difícil”.

Aún no se sabe si el gobierno de Biden puede adoptar nuevas políticas que en verdad logren todos esos objetivos. La Casa Blanca todavía no ha expuesto las medidas precisas que adoptará para garantizar que Estados Unidos alcance su nuevo objetivo climático, aunque ha dado algunas señales.

Por ejemplo, Biden ha planteado la idea de una norma de electricidad limpia que podría exigir a las empresas de servicios públicos que obtengan toda su electricidad de fuentes de baja emisión de carbono, como la eólica, la solar, la nuclear o incluso el gas natural con captura de carbono, para 2035. No obstante, esa política se enfrenta a una batalla en el Congreso.

Los republicanos ya criticaron con dureza el objetivo climático de Biden por considerarlo perjudicial para la economía estadounidense. “El plan del presidente costará a las familias trabajadoras una fortuna en facturas de energía más altas”, declaró el senador republicano de Wyoming John Barrasso. “También perjudicará la competitividad internacional de Estados Unidos”, agregó.

Biden trató de enmarcar la transformación como una gran oportunidad económica. “Veo a los trabajadores eléctricos instalando miles de kilómetros de líneas de transmisión para una red limpia, moderna y resistente”, afirmó el jueves. “Veo a los ingenieros y a los trabajadores de la construcción desarrollando nuevas plantas de captura de carbono y de hidrógeno verde para tener acero y cemento más limpios”.

En última instancia, según los expertos, a fin de que Biden consiga sus objetivos climáticos, tendrá que ganar ese debate y demostrar que es posible ampliar con rapidez las nuevas industrias de energía limpia que benefician a los estadounidenses y crear nuevos y amplios grupos de electores que hagan que sus políticas sean difíciles de revertir en el escenario político.

Hay algunos precedentes al respecto. Obama amplió los incentivos fiscales de la energía eólica y solar durante sus dos mandatos, lo cual ayudó a reducir los costos de ambas tecnologías y fomentó nuevas y grandes industrias que ahora emplean a cientos de miles de trabajadores. En diciembre, durante el gobierno de Trump, las mayorías bipartidistas del Congreso acordaron ampliar los créditos fiscales para tecnologías como la eólica y la solar sin hacer grandes aspavientos.

Y el gobierno federal no necesariamente actuaría solo. Estados como California y Nueva York, por separado, están tratando de cumplir sus propios objetivos ambiciosos de reducción de emisiones. Las ciudades de todo el país están promulgando códigos de construcción más estrictos e instalando estaciones de carga para vehículos eléctricos. Grandes empresas como General Motors o Google han hecho promesas concretas de hacer el cambio a vehículos eléctricos y energías más limpias.

Aunque muchas de estas promesas son todavía inciertas (y están más presentes en los estados gobernados por los demócratas que en los republicanos), los expertos afirman que una gran expansión de estos esfuerzos locales y empresariales podría ayudar a impulsar a Estados Unidos hacia su objetivo si el gobierno federal se queda corto.

“Si la acción climática se generaliza mucho más a nivel estatal, municipal o empresarial, estará mucho más afianzada”, aseveró Hultman. “Entonces estos objetivos climáticos no serían solo un juego de números, sino una transformación de la sociedad”.

This article originally appeared in The New York Times.

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