¿Podrá Biden recuperar el terreno perdido con los latinos?

Patricia Mazzei, Glenn Thrush y Giovanni Russonello
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Con la bandera de Cuba sobre su auto, simpatizantes de Joe Biden, el candidato presidencial demócrata, escuchan conforme el expresidente Barack Obama hace campaña para Biden en un mitin con vehículos en el norte de Miami, Florida, el 24 de octubre de 2020. (Todd Heisler/The New York Times)
Con la bandera de Cuba sobre su auto, simpatizantes de Joe Biden, el candidato presidencial demócrata, escuchan conforme el expresidente Barack Obama hace campaña para Biden en un mitin con vehículos en el norte de Miami, Florida, el 24 de octubre de 2020. (Todd Heisler/The New York Times)

MIAMI — A pesar de un esfuerzo tardío para atraer a los votantes latinos en las últimas semanas, Joe Biden está terminando su campaña presidencial en un terreno inestable y quizás hasta peligroso con este segmento diverso y esencial del electorado, según entrevistas con funcionarios demócratas, activistas comunitarios y votantes.

Varios de los estados decisivos que están al filo de la navaja justo antes del día de las elecciones —Florida, Texas, Arizona e incluso Pensilvania— tienen grandes poblaciones latinas. Si Biden pierde en esos estados, y ni hablar de las elecciones, la autopsia del Partido Demócrata seguramente incluirá esta pregunta:

¿Hizo Biden muy pocos esfuerzos —tardíos, además— para atraer a los votantes latinos?

“Pudimos haber hecho más de nuestro lado, la campaña de Biden debió haber hecho más, como partido siempre llegamos tarde al juego”, afirmó Lorella Praeli, presidenta de Community Change Action, un grupo progresista con sede en Washington que ha estado intentando movilizar a los votantes latinos.

“Siempre desperdiciamos oportunidades para convencer a las personas, para tomar el poder”, añadió.

Las encuestas de este otoño en los estados decisivos en general han mostrado a Biden delante del presidente Donald Trump entre los votantes hispanos, pero no en todos los casos y rara vez por el mismo margen que Clinton obtuvo en 2016, especialmente entre hombres hispanos.

El panorama es en especial peligroso para Biden en Florida. Trump y su equipo han cortejado agresivamente por años a los conservadores en las comunidades cubanas, venezolanas y colombianas de Miami, con la esperanza de compensar sus pérdidas entre los habitantes de los suburbios y las personas mayores en el estado.

Su mensaje final —que Biden está secuestrado por los “radicales” y “socialistas”— resuena profundamente en la comunidad cubana anticastrista. Por eso Trump concluyó este 31 de octubre un día de cinco mítines en Opa-locka, lugar que alguna vez albergó un centro de reubicación para refugiados de la isla.

Una encuesta de The New York Times y Siena College de Florida publicada el 1.° de noviembre mostró a Biden con un apoyo del 54 por ciento de los votantes latinos del estado, en comparación con el 62 por ciento que obtuvo Clinton hace cuatro años. Biden y Trump estaban básicamente empatados entre los hombres hispanos del estado. La semana pasada, otra encuesta de Florida, de NBC News y Marist College, mostró a Biden en segundo lugar entre los posibles votantes latinos, un 52 por ciento contra un 46 por ciento.

Simpatizantes cubanoestadounidenses del presidente Donald Trump se reúnen afuera de un centro de votación anticipada en Westchester, Florida, el 24 de octubre de 2020. (Saul Martinez/The New York Times)
Simpatizantes cubanoestadounidenses del presidente Donald Trump se reúnen afuera de un centro de votación anticipada en Westchester, Florida, el 24 de octubre de 2020. (Saul Martinez/The New York Times)

En general, los votantes hispanos han demostrado durante mucho tiempo tener menos lealtad partidista que los votantes blancos y negros y son más propensos a expresar ambivalencia sobre sus decisiones en una elección.

Biden tiene posibilidades con los votantes latinos y podría ganar en Florida con base en su fortaleza entre las personas blancas con estudios. Pero algunos asistentes de campaña reconocieron en privado que Biden estaría en mejor forma si la campaña hubiera hecho el esfuerzo de reclutar votantes poco frecuentes mucho antes, así como de mitigar el apoyo de Trump entre los hombres hispanos del estado.

Aunque la campaña de Biden intensificó sus esfuerzos a través de llamadas telefónicas y anuncios en español en las comunidades puertorriqueñas en Florida y Carolina del Norte durante el fin de semana, fue evidente para muchos de los involucrados que el tiempo se había agotado.

“La gente de Biden ha hecho un buen trabajo jugando a ponerse al día, pero siempre es lo mismo, en cada ciclo”, dijo Chuck Rocha, quien dirige Nuestro PAC, un comité pro-Biden que ha recaudado 9 millones de dólares para anuncios en español e iniciativas para fomentar el voto. “Todo el mundo se acerca a los latinos en las últimas dos semanas de la campaña. Eso tiene que cambiar”.

Julián Castro, un exalcalde de San Antonio cuya fallida postulación a la candidatura presidencial demócrata se fundamentó en un llamado a los votantes latinos, dijo que su partido “necesita hacer mucho más”.

“Tiene que haber un esfuerzo constante que dure todo el año para convocar a la gente y llegar a los votantes más difíciles, especialmente en Arizona y Texas, donde estamos muy cerca de ganar en la actualidad”, añadió Castro.

El coronavirus también ha sido un impedimento, dijo Castro, quien fue secretario de Vivienda y Desarrollo Urbano durante la presidencia de Barack Obama y es en la actualidad asesor de Biden. “A los votantes latinos les gusta el contacto en persona”, dijo.

El problema general tiene su origen no solo en la inconsistencia de los esfuerzos del partido para llegar a los votantes latinos, sino también en los detalles de la campaña de Biden en las primarias. Aquella fue una operación con poca liquidez que se centró en los votantes negros, un grupo cortejado durante mucho tiempo por el exvicepresidente que resultó ser crucial para su victoria en las primarias.

La estrategia de contacto con los votantes hispanos de Biden, al igual que otras partes de su campaña, no comenzó realmente sino hasta el verano, cuando su mediocre operación de recaudación de fondos dio un giro, y Biden contrató a Julie Chávez Rodríguez, nieta del líder sindical César Chávez, para que la supervisara.

Aun así, el partido ha tenido algunos éxitos. El Comité Nacional Demócrata invirtió fuertemente en la microfocalización (“microtargeting”) de votantes puertorriqueños mediante la compra de listas de contactos en 2019, y Biden le debe su sorprendente fuerza en Texas y Arizona al fuerte apoyo de los votantes latinos.

Miembros del Partido Demócrata estiman que 9 millones de votantes latinos ya habrán realizado votos anticipados por correo o en persona, un incremento en comparación a los 3,7 millones en 2016. Muchos de esos votantes son nuevos: fue la primera vez para 500.000 de los 2 millones de latinos que ya ejercieron su voto anticipado en Texas, según una persona que trabajó en la iniciativa.

Los demócratas también han comenzado a decantar dinero y recursos en actividades de divulgación. Los donantes inyectaron 28 millones de dólares en tres grupos de gastos independientes destinados a incrementar la participación latina en los últimos dos meses. Eso incluye un reciente flujo de dinero de Michael R. Bloomberg, el exalcalde de Nueva York, y Priorities USA, un importante comité de acción política pro-Biden.

Gracias a esos fondos, la campaña de Biden ha logrado aumentar su compra de espacios publicitarios en medios en español en las últimas semanas, con gastos de seis cifras reservadas en Florida, Arizona y Pensilvania, afirmó un portavoz.

Biden también ha realizado varios viajes a Florida, y representantes como Castro han estado cruzando el Cinturón del Sol para fomentar la participación. La semana pasada, la campaña envió a la senadora Kamala Harris, su compañera de fórmula, a una gira de alto perfil por el Valle del Río Grande de Texas, aun cuando el propio Biden no ha visitado el estado, que es un enorme premio que muchos en su campaña todavía creen que está al alcance.

Sin embargo, gran parte de los recursos de los demócratas en los últimos días está siendo destinada a proporcionar información básica sobre la votación a los votantes latinos registrados, en lugar de financiar un análisis más profundo de los archivos de votantes para lograr convencer a más de ellos o una gran iniciativa para cambiar la mentalidad del voto masculino vacilante, afirmaron integrantes del partido.

“Durante nuestras conversaciones en la campaña nos estamos asegurando de que tengan toda la información necesaria para llevar a cabo su plan de votación”, dijo Tom Pérez, presidente del Comité Nacional Demócrata.

A medida que se acercaba el día de las elecciones, los funcionarios del partido y de la campaña convergieron en un solo mensaje: dirigir a los votantes a voyavotar.com, un sitio web en español con información sobre los centros de votación.

El esfuerzo ha sido en especial intenso en Arizona y a lo largo de la Interestatal 4 de Florida, la cual cruza el centro del estado. La campaña también ha redoblado sus esfuerzos en partes de Pensilvania, donde docenas de voluntarios sondearon listas de votantes con un enfoque en los puertorriqueños que se han mudado recientemente al estado, un grupo de votantes pequeño pero posiblemente significativo para esta región decisiva.

Los demócratas confían en que muchos votantes latinos acudirán a las urnas el día de las elecciones, como han solido hacer en el pasado.

“Eso es lo que pasa con Miami: es difícil de predecir, porque la gente decide tarde”, afirmó el senador estatal demócrata por Miami José Javier Rodríguez, quien es cubanoestadounidense.

El 1.° de noviembre, Trump organizó un mitin de medianoche en el aeropuerto de Opa-locka, cerca de los enclaves cubanoestadounidenses de Hialeah y Miami Lakes. Entre los teloneros estuvo el trío cubano Los 3 de La Habana, cuya “Canción de Trump” se ha vuelto omnipresente en Miami y llegó a musicalizar un anuncio en español que la campaña de Trump ha puesto en la parte superior de su canal de YouTube.

Cary Hidalgo, de 57 años, describió la elección como una decisión entre “el menor de dos males, al igual que la elección pasada”, en la cual votó por Trump.

Este año, volvió a votar por él. “Trump no es un político. Es grosero. No tiene tacto”, dijo Hidalgo, empleada de asistencia financiera en una escuela vocacional.

“Pero no me gusta el hecho de que siento que Biden y el Partido Demócrata se están inclinando actualmente hacia puntos de vista socialistas. No estoy de acuerdo con eso”, afirmó Hidalgo, quien es cubanaestadounidense. “Esa fue la razón por la que mi padre abandonó su país”.

This article originally appeared in The New York Times.

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