Biden se presentó en campaña como todo lo opuesto a Trump, pero nunca es fácil marcar una distinción clara

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El presidente Joe Biden llega a la Casa Blanca en Washington el 21 de septiembre de 2021. (Al Drago/The New York Times)
El presidente Joe Biden llega a la Casa Blanca en Washington el 21 de septiembre de 2021. (Al Drago/The New York Times)

WASHINGTON — El presidente Joe Biden está tan decidido a dejar atrás la era de Trump que prefiere referirse a su predecesor como “el tipo de antes” para no mencionar su nombre.

Sin embargo, desde hace algunas semanas Biden se ha visto en la incómoda situación de que lo comparen una y otra vez con Donald Trump. Algunos expertos en política exterior, e incluso algunos de sus aliados, han mencionado la palabra que empieza con una te mayúscula en relación con temas como la inmigración, el trato dado a los aliados extranjeros y la abrupta salida de Afganistán.

En respuesta a esta lluvia de comparaciones, la Casa Blanca decidió subrayar ciertos aspectos que los distinguen, como el interés de Biden en el clima o el hecho de que la política ya no se dicta en Twitter, con la intención de acallar cualquier insinuación de que Biden no representa un giro total con respecto a la política despiadada de los últimos cuatro años.

“Creo que hablamos de condiciones muy distintas”, respondió el jueves Jen Psaki, secretaria de prensa de la Casa Blanca, cuando le hicieron preguntas en una conferencia sobre las recientes comparaciones. “La población tendría problemas para argumentar que el presidente ha decidido tomar alguna de las estrategias del expresidente y usarla como modelo para las suyas”.

En cuanto a tono y temperamento, estos hombres no se parecen en absoluto. No obstante, Biden ha descubierto que, en lo que se refiere a la política, no siempre es fácil marcar una distinción clara entre su persona y Trump.

La comparación que bien podría considerarse la más dolorosa ocurrió en septiembre, cuando Jean-Yves Le Drian, el ministro de Relaciones Exteriores de Francia, dijo estar furioso por la forma en que Estados Unidos afectó a Francia con el acuerdo suscrito con Australia para construir submarinos de propulsión nuclear.

“Esta decisión cruel, unilateral e impredecible me recuerda mucho a lo que solía hacer el presidente Trump”, aseveró Le Drian.

Niños en un refugio para gente desplazada dentro del país en Kabul, Afganistán, el 29 de septiembre de 2021. (Jim Huylebroek/The New York Times)
Niños en un refugio para gente desplazada dentro del país en Kabul, Afganistán, el 29 de septiembre de 2021. (Jim Huylebroek/The New York Times)

Derrick Johnson, presidente de la Asociación Nacional para el Avance de la Gente de Color (NAACP, por su sigla en inglés), la semana pasada mencionó a Trump cuando criticó la decisión del gobierno de Biden de no admitir a cientos de inmigrantes haitianos que intentaban ingresar a Estados Unidos.

“Si cerráramos los ojos y pensáramos en esta situación durante el gobierno de Trump, ¿qué haríamos?” preguntó Johnson, y le advirtió al gobierno que su grupo no tenía amigos permanentes, solo intereses permanentes.

Por su parte, en un mordaz artículo publicado en Foreign Affairs esta semana, Richard Haass, presidente del Consejo de Relaciones Exteriores, señala que hay “mucha más continuidad entre la política exterior del presidente actual y la del expresidente de lo que se reconoce en general”.

Parte del problema de Biden es que no puede sacar una varita mágica y hacer desaparecer cuatro años de política pública. En el tema de inmigración, por ejemplo, aunque ha intentado que se aprueben cambios perdurables en la política, sus medidas han sido bloqueadas por jueces federales que desconfían del poder ejecutivo y no avanzan debido a las trabas que Trump, con toda intención, le sumó a la burocracia.

Por desgracia, esta situación ha propiciado que se critique a Biden porque sus acciones pesan más que cualquier intención o palabrería en contra de Trump.

“El presidente Biden no ha dejado de criticar las medidas de su predecesor, Trump, con respecto a Irán”, le dijo Hossein Amir Abdollahian, ministro de Relaciones Exteriores de Irán, a NBC News la semana pasada. “No obstante, Biden sigue adelante con todo detalle con el volumen del expediente de sanciones que Trump conjuntó en contra de Irán”.

En su artículo, Haass critica al gobierno de Biden por adoptar una actitud “Estados Unidos primero” en el combate de la pandemia de coronavirus. “Las exportaciones estadounidenses de vacunas fueron limitadas y se demoraron, a pesar de que el suministro interno superaba por mucho la demanda, y se ha intentado hacer muy poco por ampliar la capacidad de fabricación para lograr que las exportaciones sean mayores”, escribió.

Un funcionario que habló en defensa del gobierno hizo notar que, después de garantizar suministros para el país, Estados Unidos donó 1100 millones de vacunas al extranjero y que, por cada dosis aplicada a un estadounidense, esa nación donó tres vacunas al extranjero.

“Durante la campaña, ambos bandos tienen interés político en exagerar sus diferencias”, subrayó Richard Fontaine, director ejecutivo del Centro para una Nueva Seguridad Estadounidense. Por desgracia, lo cierto es que ambos partidos han adoptado una postura más inflexible hacia China y prefieren no firmar tratados de comercio como el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica.

“No es que Trump haya tenido la idea”, explicó Fontaine. “Este giro forma parte del nuevo consenso entre partidos en Washington. Así iba a ser, ya sea que tuviéramos a Trump o a Biden, a Clinton o a Cruz. El ánimo político ha tomado rumbo hacia el proteccionismo. Es lo que vemos reflejado en dos gobiernos sucesivos”.

En algunos temas, como el fin de la guerra en Afganistán, antiguos colegas de Biden afirman que la intransigencia que parece evocar actitudes de Trump no se debe tanto a que siga la consigna “nunca hay que echarse para atrás”, sino a la confianza que tiene en su propia experiencia. Las décadas que pasó Biden en el Comité de Relaciones Exteriores del Senado forjaron en él posturas firmes en ciertos temas de política exterior que ha mantenido durante años, según estos colegas, además de su determinación de no admitir errores ni tolerar críticas.

“Mi recomendación fue dejar 2500 soldados en Afganistán”, declaró el general Kenneth McKenzie Jr. Ante el Congreso el martes. Sin embargo, Biden ignoró la recomendación de sus generales y nunca admitió un solo error en la caótica salida de Estados Unidos.

“No obstante, la idea de que podíamos salir del país sin que se generara un ambiente de caos, no sé cómo podría ocurrir”, le dijo el presidente al comentarista de ABC News George Stephanopoulos en agosto, en su primera entrevista después de que los talibanes habían tomado control de Afganistán.

Incluso si fuera posible identificar similitudes entre Biden y Trump, indicaron algunos funcionarios del gobierno, una de las diferencias más notorias entre ambos son sus valores.

Andrew Bates, portavoz de la Casa Blanca, destacó que, durante las recientes tensiones con Francia, Biden intentó templar la situación en vez de exacerbarla.

“En solo unos días, gracias a acciones cautelosas de diplomacia de alto nivel y a medidas de buena fe, resolvimos el problema con total respeto y vamos por buen rumbo”, indicó Bates. “Eso lo dice todo, y es un enfoque antitético al que adoptaba el gobierno anterior para manejar sus constantes conflictos con aliados firmes”.

En cuanto a las políticas de inmigración, los funcionarios enfatizaron que el objetivo es crear un sistema humano en vez de aprovechar las circunstancias para sembrar discordia intencionalmente. Además, Biden ha puesto más interés en elevar la democracia y los derechos humanos que su predecesor, quien elogiaba a dirigentes autoritarios.

El presidente planea una Cumbre por la Democracia para septiembre y ha intentado restablecer el contacto con el Consejo de Derechos Humanos. “Eso no cambia en nada el hecho de que debemos tomar decisiones difíciles en cuanto a nuestra postura hacia los autócratas amistosos”, afirmó Fontaine.

© 2021 The New York Times Company

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