La imagen histórica que marca un antes y un después en EEUU (y la transformación que Biden promete para el país)

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El discurso que el presidente Joe Biden dio en el Congreso, su primera presentación ante el Legislativo desde que asumió el poder el 20 de enero pasado, fue en líneas generales un mensaje optimista que busca tender puentes para emprender las grandes transformaciones que el mandatario vislumbra para el país.

En ese sentido, y en agudo contraste con el talante de discursos del estado de la Unión que Donald Trump dio en años anteriores, el mensaje de Biden buscó evitar la confrontación y el reproche y destacó los éxitos, las oportunidades, las esperanzas y los grandes retos de Estados Unidos.

El presidente Joe Biden al dar su primer mensaje al Congreso el 28 de abril de 2021, una sesión conjunta presidida por primera vez por dos mujeres: Nancy Pelosi (der.), presidenta de la Cámara de Representantes, y Kamala Harris, vicepresidenta y presidenta de Senado. (Photo by Melina Mara-Pool/Getty Images)
El presidente Joe Biden al dar su primer mensaje al Congreso el 28 de abril de 2021, una sesión conjunta presidida por primera vez por dos mujeres: Nancy Pelosi (der.), presidenta de la Cámara de Representantes, y Kamala Harris, vicepresidenta y presidenta de Senado. (Photo by Melina Mara-Pool/Getty Images)

Una primicia sustantiva fue de entrada evidente: por primera vez en la historia estadounidense, dos mujeres presidieron la sesión conjunta del Congreso: Nancy Pelosi, en su calidad de presidenta de la Cámara de Representantes, y Kamala Harris, vicepresidenta y por ello presidenta del Senado.

Pelosi ya había estado en esa posición en el pasado, pero la elección de Harris, la primera mujer en la vicepresidencia, permitió esa confluencia de figuras femeninas, un signo auspicioso de las transformaciones a favor de la equidad y la diversidad que podrían y deberían continuar en el país.

También fue notorio que todos los presentes en el recinto legislativo llevaban mascarillas como medida preventiva contra el covid-19 y que por la misma razón solo una porción de los escaños fue ocupada, lo que mostró un entorno que, aunque medio vacío, estuvo pleno de significado, sobre todo si se considera que durante 2020 el entorno del anterior presidente Trump minimizó la gravedad de la pandemia y fue renuente, incluso negligente, en la promoción y el uso de mascarillas.

El hecho, como Biden destacó, que ya se hayan aplicado 220 millones de dosis de la vacuna contra el covid-19 en sus primeros 100 días de gobierno es una señal del éxito que ya ha tenido contra la enorme amenaza que es la pandemia y que la Casa Blanca pretende mantener y llevar a otros ámbitos.

El presidente Joe Biden saluda al senador Bernie Sanders durante la sesión conjunta del Congreso de EEUU. (Michael Reynolds/Pool via AP)
El presidente Joe Biden saluda al senador Bernie Sanders durante la sesión conjunta del Congreso de EEUU. (Michael Reynolds/Pool via AP)

Tono, perspectiva y simbolismo

Pero lo más destacado fue en realidad el tono, la perspectiva y el simbolismo del discurso de Biden.

Primero, mostró un sustantivo contraste con su predecesor en numerosos temas: desde la sensibilidad y compasión por las víctimas de la pandemia (de lo que Trump careció ostensiblemente) y la priorización de asuntos de enorme calado que el gobierno anterior trató de ignorar o desmantelar (como la Ley de Cuidado de Salud Asequible, las medidas contra el cambio climático y la colaboración multilateral internacional) hasta el apoyo a cambios y reformas que cuentan con amplio apoyo de la ciudadanía pero han sido rechazadas o minimizadas por la derecha: un mayor control de armas, una reforma migratoria con una vía a la ciudadanía y el establecimiento de protecciones al derecho al voto y de regulaciones para reformar a las policías y abatir la brutalidad policiaca y el racismo en el sistema de justicia.

Al reconocer la importancia y urgencia de esos cambios, Biden pidió al Congreso acción pronta para aprobar iniciativas de ley en esos asuntos que ya han sido parcialmente avaladas en el Legislativo y ha llamado a, al menos, avanzar en asuntos en los que habría consenso aunque no se logre de inmediato un cambio mayor, como sería dar a los dreamers, a los beneficiarios del TPS y a los trabajadores agrícolas migrantes una vía para la legalización permanente, incluida la ciudadanía.

Con todo, lo más destacado del discurso de Biden, y lo que será al parecer el eje de toda su presidencia, es la convicción de que es necesario, en las actuales circunstancias, que el estado se vuelva mucho más activo y participe en mayor grado en el impulso económico y en las transformaciones estructurales que requiere el país para preservar su preeminencia económica, mantener vigente su democracia y competir en la primera línea internacional.

Un estado con mayor inversión e intervención

Para ello ha planteado un esquema de inversión pública y de incentivos con recursos fiscales de alcance mayúsculo, tanto para apoyar a las familias e incrementar su bienestar, con énfasis en la clase media y la clase trabajadora, como para ampliar y renovar la infraestructura nacional, con un enfoque en las energías limpias, las nuevas tecnologías y la creación de empleos bien remunerados.

En ese sentido, Biden entiende el reto de transformación de Estados Unidos como una ruta para ampliar el bienestar social, la competitividad económica y la democracia misma. Y en ello el gobierno y sus recursos fiscales tendrían un alcance no visto en décadas en Estados Unidos. Algunos incluso afirman que por su talante progresista y su magnitud se trataría de un esquema de acción gubernamental no visto desde tiempos de Franklin Roosevelt, quien fue presidente entre 1933 y 1945.

Roosevelt es sin duda uno de los presidentes que mayor huella han dejado en la historia estadounidense, y en ello destaca el establecimiento de políticas y programas sociales que perduran hasta hoy, como es el caso del Seguro Social. Roosevelt además condujo al país para recuperarse de la Gran Depresión, ganar la Segunda Guerra Mundial y convertirse en superpotencia global.

Biden ve también su mandato como un momento clave, de inflexión histórica: una oportunidad que se da solo una vez en una generación para invertir decidida y copiosamente en el desarrollo humano y material de Estados Unidos, con énfasis en la creación de empleos, en la producción nacional y en las energías limpias.

Su planteamiento de costear ese gasto con un alza de impuestos a las grandes corporaciones y a los más ricos tiene sentido, aunque es rechazada por unos republicanos que tras deslices deficitarios del gobierno de Trump parecen tener un reforzado celo contra las alzas de impuestos y la ampliación de las intervenciones del gobierno.

El presidente Joe Biden saluda al senador republicano Rob Portman tras dar su mensaje al Congreso de EEUU. (Doug Mills/The New York Times via AP, Pool)
El presidente Joe Biden saluda al senador republicano Rob Portman tras dar su mensaje al Congreso de EEUU. (Doug Mills/The New York Times via AP, Pool)

Una oportunidad histórica

Biden considera que, al margen de ideologías, su plan de fortalecimiento de Estados Unidos basado en el bienestar de las familias de clase media y trabajadora es posible en lo económico, necesario en lo social y político y urgente en lo medioambiental, pues no solo ofrecería mejores oportunidades de progreso para la población y mantendría a Estados Unidos como protagonista global sino que afianzaría los valores democráticos y de convivencia armónica y diversa, desactivaría los impulsos autoritarios e intolerantes que amenazan las libertades y la institucionalidad republicana del país y ayudaría a frenar las catástrofes potenciales del cambio climático.

Con todo, aunque hay muchos elementos que muestran su pertinencia, no será fácil para Biden realizar las transformaciones a las que aspira. La oposición republicana está garantizada y, antes, el presidente debe convencer a algunas figuras moderadas de su propio partido, sobre todo en el Senado, para tener la posibilidad de que se aprueben las leyes, los gravámenes y los presupuestos que su proyecto propone y requiere.

El mensaje de Biden ha sido de optimismo y, a 100 días de iniciada su presidencia, parece decidido a lucha por transformaciones de peso. Y en ello él es ambicioso, quizá porque sabe que ante los obstáculos que enfrenta necesita dar un salto aún más grande: Biden no solo busca el cambio, busca también hacer historia.

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