Biden, ante un descomunal botón de “reset” del rol de EE.UU. en el mundo

Agencia EFE
·5  min de lectura

Nueva York, 8 nov (EFE).- El presidente electo Joe Biden llegará en enero a una Casa Blanca donde las llamadas de los líderes mundiales no suenan con la asiduidad de antes, con una pandemia fuera de control en todo el mundo, la economía global al borde del cataclismo y un polo de poder cada vez más fuerte en China, que busca el protagonismo que rechazó Donald Trump con su aislacionismo.

Biden criticó a Trump por disminuir la "influencia y credibilidad" de EE.UU. y está iniciando ya la transición desde la doctrina del "America First (Estados Unidos primero)" hacia un rol internacionalista y multilateralista para el que hará valer su experiencia como enviado diplomático de Barack Obama durante sus ocho años como vicepresidente, en los que lidió de primera mano con la relación transatlántica, las tensiones con rusia a propósito de Ucrania, China o Latinoamérica.

Pero el escenario mundial es ahora muy diferente al que heredaron Obama y Biden en 2009 de George W. Bush y es, pese a lo que pudiera parecer, más amigable al cambio que al continuismo, al que la anterior Administración demócrata se vio abocada y que gestionó ampliando o cerrando en falso conflictos enquistados en Oriente Medio y Afganistán, y fallando estrepitosamente en sus intentos de rehabilitar las relaciones con Rusia.

Trump abandonará la Casa Blanca tras cuatro años en los que ha dinamitado en lo posible los cimientos de la OTAN, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el resto del sistema de Naciones Unidas, y ha abandonado consensos tan importantes como el Acuerdo de París contra el Cambio Climático, el complejo acuerdo para la desnuclearización de Irán o tratados comerciales con socios asiáticos y europeos.

Además, ha forjado relaciones con movimientos que ahora quedarán huérfanos como el "Brexit" y se ha acercado a gobiernos como el de Jair Bolsonaro, en Brasil o Vládimir Putin, en Rusia, mientras se alejaba de las tradicionales alianzas con Alemania, Francia y Canadá.

Por otro lado, el republicano se ha mantenido alejado del avispero de conflictos en el mundo árabe, ha promovido lo que él llamó "un nuevo amanecer para Oriente Medio" al reabrir relaciones de algunos vecinos árabes con Israel impensables hasta hace poco y tuvo la audacia de ordenar la muerte del general Qasem Soleimaní, jefe de la Guardia Revolucionaria y el militar más poderoso de Irán.

LA PANDEMIA, LA TAREA MÁS URGENTE

La primera gran tarea que la Administración de Biden ha dicho que abordará con un enfoque multilateral será la lucha contra la covid-19, que se extiende fuera de control en Estados Unidos, hace estragos en Europa y ha atenazado a la economía mundial hasta el punto de poderla arrastrar a una recesión sin precedentes.

Para Biden, la pandemia es la primera oportunidad de presentarse como líder del mundo, sobre todo después de que este lunes se confirmara de que la vacuna de Pfizer, que ha contado con un importante apoyo y financiación estadounidenses, es eficaz en un 90 % de los casos de primera infección.

La nueva Administración demócrata podrá aprovechar para asegurar la disponibilidad de las vacunas a nivel mundial, coordinar esfuerzos internacionales para tratar a las poblaciones de mayor riesgo y restablecer alianzas que han quedado maltrechas en Europa o en un segundo plano, como en Latinoamérica.

LA INCÓGNITA DEL GABINETE BIDEN

En los próximos días Biden y su vicepresidenta electa, Kamala Harris, comenzarán a presentar los miembros del nuevo gabinete, en los que dos de los grandes puestos serán el de secretario de Estado y de Defensa, a lo que habría que sumar otros dos fuera del equipo ministerial: jefe de gabinete y del Consejo de Seguridad Nacional.

Al frente de la Secretaría de Estado, el presidente electo podría colocar a la experimentada Susan Rice, exembajadora de Obama ante la ONU, y cuya reputación se fue desinflando en la gestión de la Primavera Árabe y su sonada metedura de pata en septiembre de 2012 al atribuir a una protesta fortuita el atentado contra el consulado estadounidense en Bengasi (Libia), donde falleció el embajador de Washington.

"Gracias por la introducción, señora secretaria". Este chiste que Biden dirigió en 2016 a Michèle Flournoy ha cobrado actualidad. Flournoy sonaba para ser la primera mujer jefa del Pentágono con Hillary Clinton, pero la popularidad de Trump se interpuso en esos planes, y ahora suena de nuevo para el puesto.

Como se espera que suceda con la mayor parte de la cúpula encargada de las relaciones exteriores de EE.UU., Flournoy ya pasó por la Administración Obama y es una experta en seguridad nacional con profundas conexiones con el "establishment", algo que marcará un fuerte contraste con el Gobierno Trump, copada por familiares, donantes, intereses del sector privado e ideólogos antigobierno que en 2016 eran considerados el extrarradio de la variopinta fauna de Washington.

CHINA, EL ELEFANTE EN LA HABITACIÓN

Con China, Trump eligió la imposición de barreras al comercio y lanzar insultos diplomáticos, como el cierre de su consulado en Houston o la insistencia en llamar al coronavirus "virus chino".

Biden intentará reequilibrar esta relación, que no obstante seguirá siendo de rivalidad, tanto militar, con el Mar de China Meridional y el estrecho de Taiwán como punto de choque, como diplomática y comercial.

"Los problemas comerciales en la relación no van a cambiar con la nueva Administración", opinó hoy en el canal CNBC el presidente de la Cámara de Comercio de Estados Unidos en China, Greg Gilligan.

También quedará por ver cómo responde el régimen de Corea del Norte al Gobierno de Biden, después de haber avanzado en su tecnología de misiles intercontinentales discretamente, mientras que Trump se intercambiaba "cartas de amor" con Kim Jong-un, "el pequeño hombre cohete", como lo describió.

Jairo Mejía

(c) Agencia EFE