Biden debería replantearse nuestros vínculos con Arabia Saudita y sacar nuestras tropas de allí | Opinión

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El presidente Joe Biden adoptó un tono defensivo en la fase previa a su visita a Arabia Saudita.

“Nunca me he callado al hablar de derechos humanos”, dijo en una conferencia de prensa en Israel. Pero su motivo para ir a Arabia Saudita, dijo, era mucho más amplio: promover los intereses de Estados Unidos y reafirmar nuestra influencia en Oriente Medio. Y, de todos modos, añadió Biden, iba a “reunirse con otros nueve jefes de Estado. No se trata de...; resulta que es en Arabia Saudita”.

Esa es una versión más corta del argumento que el presidente ha esgrimido durante semanas desde que se anunció su primera visita oficial a Oriente Medio. Como candidato en 2020, Biden prometió convertir a Arabia Saudita en un estado “paria” por el asesinato del periodista residente de EEUU, Jamal Khashoggi, por parte del régimen.

Y en un reciente artículo de opinión en The Washington Post, Biden pregonó la reversión de su administración de “la política de cheque en blanco [hacia Arabia Saudita] que heredamos de la administración Trump”. Pero la mayor parte de su artículo de opinión jugó a la defensiva, rechazando las críticas generalizadas que tacharon a este viaje de traición a las promesas e ideales de Biden motivada por la desesperación por el petróleo.

El historial de derechos humanos del Estado saudita es espantoso, y la visita es, sin duda, un revés para Biden. Pero la mayoría de las críticas al viaje están mal dirigidas: La diplomacia no es lo que está mal en el manejo que Washington hace de Riad; es la presencia militar de Estados Unidos a largo plazo en Arabia Saudita y el continuo apoyo de Estados Unidos a las fuerzas militares sauditas, incluyendo su brutalidad en Yemen.

La confusión en torno al propósito de la diplomacia es una característica habitual y desafortunada de los debates sobre la política exterior estadounidense. La diplomacia no es solo para los países amigos. Sí, a veces nuestros interlocutores diplomáticos son países amigos con ideales y estilos de gobierno similares a los nuestros. Pero la diplomacia también incluye discusiones mucho más difíciles con Estados mucho menos gratos. De hecho, en esas situaciones más complicadas es donde más se necesita: para abordar conflictos de intereses sin recurrir a las sanciones o a la guerra.

Sería posible para algunos Estados pequeños y distantes evitar la diplomacia con un régimen censurable, pero estratégicamente importante y rico en recursos, como el de Arabia Saudita. No es posible que una superpotencia mundial haga lo mismo. La promesa de Biden de volver “paria” a ese país fue un impulso comprensible, nacido de una indignación justificada, pero que Washington se negara a hablar con Riad nunca fue una opción real. La única cuestión era si la diplomacia se produciría a niveles inferiores, a través de capas de burocracia, o si Biden hablaría con su homólogo saudita en persona. Su decisión de visitarlo en persona es razonable.

Lo criticable aquí, por tanto, no es la decisión de Biden de buscar personalmente la diplomacia. La diplomacia es inevitable y buena. No puede decirse lo mismo de otros aspectos de la relación entre Estados Unidos y Arabia Saudita, en particular la estancia de casi 3,000 soldados estadounidenses en suelo saudita, donde operan “en coordinación con el gobierno del Reino de Arabia Saudita”, según un informe de la administración al Congreso el mes pasado, y “proporcionan capacidades de defensa aérea y de misiles”, aunque Estados Unidos y Arabia Saudita no son, ni han sido nunca, aliados por tratado.

Riad no tiene ninguna obligación de defensa mutua hacia nosotros, y mantener tropas estadounidenses en territorio saudita nos expone al riesgo de un conflicto no deseado —especialmente con el rival regional de Arabia Saudita, Irán— y ha sido usado como herramienta de reclutamiento para organizaciones terroristas, incluyendo a Al Qaeda en el período previo a los ataques del 11 de Septiembre.

El gobierno de Biden revirtió parcialmente la expansión de la huella militar estadounidense en Arabia Saudita de sus predecesores, y el fin del apoyo estadounidense a las “operaciones ofensivas” de la coalición saudita en la guerra civil de Yemen fue la primera medida importante de Biden en política exterior en 2021. Sin embargo, la venta de armas de Estados Unidos a Arabia Saudita sigue siendo de cientos de millones de dólares al año, y Washington también ha facilitado otras ventas de armas de fabricación estadounidense de terceros a Riad.

Mientras tanto, aunque la tregua de un mes en Yemen sigue manteniéndose, aumentando las esperanzas de una paz duradera, la información reciente ha revelado que la retirada de Estados Unidos fue mucho menos completa de lo que Biden dio a entender.

En su artículo de opinión en el Post, Biden escribió sobre su compromiso con la promoción de la diplomacia, el avance de los intereses estadounidenses y el mantenimiento de Estados Unidos fuera de las misiones de combate en Oriente Medio. Todas estas son razones de peso para que visite Arabia Saudita.

Pero también son razones de peso para replantear las relaciones entre Estados Unidos y Arabia Saudita, reducir el apoyo militar de Estados Unidos a Riad y hacer que las fuerzas estadounidenses vuelvan a casa desde tierras sauditas.

Bonnie Kristian es miembro de Defense Priorities, un grupo de expertos en política exterior. Es autora de “Untrustworthy: The Knowledge Crisis Breaking Our Brains”, “Polluting Our Politics” y “Corrupting Christian Community”.

©2022 Chicago Tribune

Kristian
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