Biden arremete contra los republicanos mientras su agenda se estanca

·8  min de lectura
Una trabajadora les lee a los niños de una guardería en Vista, California, el 19 de marzo de 2021. (Virginia Lozano/The New York Times)
Una trabajadora les lee a los niños de una guardería en Vista, California, el 19 de marzo de 2021. Al gobierno de Biden le preocupa que no haya suficientes maestros en las escuelas debido a la propagación de la variante ómicron. (Virginia Lozano/The New York Times)

WASHINGTON — El presidente Joe Biden ha comenzado su segundo año en el cargo arremetiendo contra los republicanos. Está adoptando nuevos y contundentes ataques con el objetivo de definir una elección para los votantes entre los demócratas de Biden y un Partido Republicano que sigue bajo el control del expresidente Donald Trump.

El tono brusco se produce en un momento en el que Biden busca reimpulsar su agenda, la cual se ha estancado en gran medida en el Congreso. Además, con las inminentes elecciones intermedias a finales de año, el presidente enfrenta un desafío que hasta ahora ha evitado casi por completo: llevar a Trump y a otros líderes republicanos a un choque de ideas más directo.

Nuevo tono

El jueves 6 de enero, Biden pronunció un feroz discurso en el que prometió que Trump respondería por sus actos y se comprometió a utilizar todos los poderes a su alcance para frenar a las fuerzas antidemocráticas desatadas por el presidente número 45. Fue el ejemplo más contundente, desde que Biden asumió el cargo, de su esfuerzo por contrastar a los dos partidos. Lamentó “la gran mentira contada por el expresidente y por muchos republicanos que temen su ira”.

(VIDEO) Biden culpa a Trump del asalto al Capitolio ante el negacionismo republicano

Al día siguiente, aprovechó otra oportunidad para centrarse en las diferencias entre los dos partidos. Aplaudió la noticia de que la tasa de desempleo había caído al 3,9 por ciento. Biden predijo que los republicanos lo acusarían de no haber abordado los problemas económicos causados por el aumento de la inflación en los últimos meses.

“Tonterías”, dijo Biden. “Quieren minimizar la recuperación porque votaron en contra de la legislación que la hizo posible. Votaron contra los recortes fiscales para las familias de clase media. Votaron contra los fondos que necesitábamos para reabrir las escuelas, para mantener a los policías y bomberos en sus trabajos, para reducir las primas de los planes de atención médica”.

“Me niego a permitir que se interpongan en el camino de esta recuperación”, agregó. “Ahora mi enfoque está en mantener esta recuperación fuerte y constante, a pesar del obstruccionismo republicano”.

Para algunos aliados demócratas de Biden, el nuevo tono es un cambio que aprecian mucho más que la temática recurrente del primer año del presidente, en el que se centró con mayor frecuencia en su deseo de unificar el país y tuvo problemas para negociar con miembros de su propio partido.

Ahora, dicen, es hora de que Biden se concentre no solo en sus propios logros, sino también en la manera en que el Partido Republicano amenaza con revertir estos esfuerzos si regresa al poder en el Capitolio, algo que hasta el momento no ha sido una prioridad para su presidencia.

Los republicanos no le están huyendo a la pelea. Trump emitió una declaración en la que describió el discurso de Biden como “los últimos jadeos de una clase dominante política y mediática de izquierda, corrupta y desacreditada” y prometió luchar en las urnas electorales.

Hay mucho en juego. Biden y su partido corren el grave riesgo de perder su ya de por sí ajustada mayoría, tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado, durante las elecciones intermedias, un resultado que muy probablemente le quitaría al presidente y a su equipo cualquier esperanza real de conseguir un progreso significativo en el Congreso durante el resto de su periodo.

Y los obstáculos a superar son enormes.

Durante su primer año en el cargo, Biden ha visto cómo sus iniciativas políticas nacionales y en el extranjero han sido bloqueadas por fallos de la Corte Suprema, fallas en la cadena de suministro, legisladores de su propio partido y, sobre todo, variantes del coronavirus que han prolongado —de forma interminable, al parecer, para consternación de todos— la necesidad del uso de cubrebocas, las vacunas y el distanciamiento social.

Biden ha tenido algunos éxitos importantes que destacar: logró aprobar una legislación de recuperación por el COVID-19 al comienzo de su mandato, y llegó a un acuerdo con algunos republicanos sobre una medida de 1 billón de dólares para invertir en proyectos de infraestructura en todo el país.

Una fila de gente en un centro de aplicación de pruebas para el coronavirus en Miami Beach, Florida, el 5 de enero de 2022. (Scott McIntyre/The New York Times)
Una fila de gente en un centro de aplicación de pruebas para el coronavirus en Miami Beach, Florida, el 5 de enero de 2022. La pandemia ha impedido que se puedan aplicar los puntos de la agenda de Biden (Scott McIntyre/The New York Times)

Agenda casi muerta

Pero el virus sigue desatado, y es un recordatorio casi constante de la promesa que hizo Biden de terminar por fin con la pandemia, durante el año de campaña electoral. Su legislación sobre política social de 1,8 billones de dólares está teniendo graves problemas, por no decir que está prácticamente muerta. Un proyecto de ley sobre el derecho al voto, que según Biden rectificará una “amenaza existencial” para el país, tiene muy pocas probabilidades de ser aprobado en el Congreso. El presidente de Rusia, Vladimir Putin, no para de dar demostraciones de poder en la frontera de Ucrania. Todos los días hay evidencia nueva de que el cambio climático está empeorando.

Los demócratas tienen la esperanza de que el presidente pueda comenzar a cambiar esas realidades para el 1.° de marzo, cuando pronuncie su primer discurso del estado de la Unión en una sesión conjunta del Congreso, en la que dará una evaluación formal del país bajo su liderazgo hasta el momento.

“Es su mejor oportunidad para ponerse frente al pueblo estadounidense y presentar su argumento sobre lo que se puede hacer antes del otoño y qué decisión se tomará”, dijo Jennifer Palmieri, una demócrata veterana experta en comunicaciones, que trabajó para Obama y Hillary Rodham Clinton.

Para que eso suceda, el equipo de Biden debe hacer varias cosas de manera correcta, según las personas que quieren que este tenga éxito.

La pandemia, que según las encuestas es el mayor obstáculo para la popularidad del presidente, debe comenzar a desvanecerse, al menos de la vida cotidiana de la mayoría de los estadounidenses. Además, debe notarse que el gobierno está haciendo mayores esfuerzos para atender las frustraciones de las personas, como la escasez actual de pruebas de COVID-19 que ha provocado largas filas y estantes vacíos en las farmacias.

Funcionarios del gobierno señalan que Biden autorizó la compra de 500 millones de pruebas caseras que los estadounidenses podrán solicitar de forma gratuita. Las primeras pruebas llegarán este mes, dicen, y se espera que vengan más.

Sin trabajadores y con inflación

El repunte económico tras dos años de pandemia tal vez sea una de las mejores historias que el presidente podría contar el 1.° de marzo. El crecimiento del empleo se ralentizó un poco en la segunda mitad del año pasado, pero la tasa de desempleo es tan baja que muchos empleadores están teniendo problemas para conseguir trabajadores. Si el discurso sobre el estado de la Unión fuera hoy, Biden podría afirmar, con razón, que está presidiendo una economía en auge.

FILE - Sen. Joe Manchin, D-W.Va., leaves the office of Senate Minority Leader Mitch McConnell, R-Ky., after a lengthy meeting at the Capitol in Washington, Nov. 30, 2021. President Joe Biden faces a steep path to achieve his ambitious goal to slash planet-warming greenhouse gas emissions in half by 2030, as a $2 trillion package of social and environmental initiatives remains stalled.  Biden’s Build Back Better plan, which contains $550 billion in spending and tax credits aimed at promoting clean energy, was sidetracked by Manchin, who said just before Christmas that he could not support the legislation as written. (AP Photo/J. Scott Applewhite, File)
En la imagen Joe Manchin, quien ha cuestionado la agenda de Biden. (AP Photo/J. Scott Applewhite, File)

Sin embargo, la inflación ha elevado los precios, y eso fomenta una desconexión para muchas personas: no perciben tan bien la economía como las cifras sugieren que deberían. El viernes 7 de enero, los republicanos aprovecharon el lento crecimiento del empleo para atacar las políticas de Biden.

“Basta con ver el crecimiento anémico del empleo, la alta inflación o la crisis masiva en la cadena de suministro para concluir que los demócratas están haciendo un pésimo trabajo en la gestión de la economía”, dijo Mike Berg, portavoz del Comité Nacional Republicano del Congreso.

Jen Psaki, secretaria de Prensa del presidente, ha dicho repetidas veces que la causa de esa desconexión son los sentimientos de la población en cuanto a vivir en una pandemia.

“No se trata tanto de datos, sino de lo que la gente está experimentando en su vida diaria”, declaró la semana pasada. “No parece haber normalidad. Les preocupa que exista escasez de mano de obra y vuelos cancelados, o que no haya suficientes maestros en las escuelas debido a la propagación de la variante ómicron. Entendemos eso”.

Un aspecto fundamental de la respuesta del gobierno a esos sentimientos es el esfuerzo para aprobar la legislación de política social de Biden, conocida como Build Back Better. El presidente sostiene que la aprobación del proyecto de ley reducirá los precios de cosas como el cuidado infantil y los medicamentos recetados, lo que logrará que las personas se sientan más seguras sobre su futuro financiero.

Sin embargo, la legislación se ha visto envuelta en una disputa con el senador Joe Manchin, demócrata por Virginia Occidental, quien está en contra de algunas de las disposiciones del plan y de la manera en que el mismo sería financiado. En el Senado, donde los demócratas controlan exactamente 50 de los 100 escaños, el apoyo de Manchin es esencial para la aprobación del proyecto de ley.

El viernes 7 de enero, en una interacción con periodistas, Biden se mostró optimista —como de costumbre—, y descartó las preocupaciones de que las dificultades impuestas por la pandemia nunca terminen.

“No, no creo que el COVID-19 haya llegado para quedarse”, afirmó, dando una muestra del tipo de mensaje que sus asesores esperan que pueda dar en siete semanas. “La nueva normalidad no va a ser lo que es ahora; va a ser mejor”.

© 2022 The New York Times Company

Nuestro objetivo es crear un lugar seguro y atractivo para que los usuarios se conecten en relación con sus intereses. Para mejorar la experiencia de nuestra comunidad, suspenderemos temporalmente los comentarios en los artículos.