Biden debe llevar una agenda enfocada y pragmática a la Cumbre de las Américas | Opinión

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Como anfitrión de la novena Cumbre de las Américas de este año, el presidente Joe Biden y Estados Unidos tienen la oportunidad de presentar una visión convincente para el hemisferio occidental que permita un cambio positivo al abordar las principales prioridades de la región.

La cumbre, que se celebrará del 6 al 10 de junio en Los Ángeles, es la última oportunidad para que la administración de Biden presente un plan de acción convincente que produzca resultados concretos para el final de su mandato.

Sin embargo, a menos de seis semanas de la cumbre, esa visión sigue siendo esquiva. Crece la preocupación de que la cumbre pueda ser una oportunidad perdida para que Estados Unidos lidere. Los desafíos políticos y económicos del mundo deberían informar y organizar la programación de la cumbre.

Varios representantes de gobiernos latinoamericanos están expresando en voz baja sus reservas a la hora de enviar a sus presidentes a Los Ángeles durante cuatro días, dados los desafíos en sus países, especialmente cuando los objetivos del anfitrión estadounidense, en su opinión, parecen estar más centrados en sus asuntos internos. Para garantizar el éxito de la cumbre, los jefes de Estado de la región, así como los miembros del Congreso, deben ahora dar un paso al frente y enunciar sus propias propuestas concretas para la cumbre.

Una serie de propuestas pragmáticas por parte de la administración de Biden, aumentada con propuestas adicionales de los líderes regionales, pudiera dar un impulso positivo a la cumbre. Algunas de las ideas generales presentadas por la Casa Blanca son prometedoras, pero requieren una mayor concreción para hacerlas realidad.

Todavía hay tiempo para asegurar el éxito de la cumbre. Las siguientes ideas podrían obtener un amplio apoyo para su consideración:

El gobierno de Biden puede promover un diálogo regional sobre la importancia de las cadenas de suministro “geográficamente próximas” para el hemisferio. Los gobiernos e instituciones estadounidenses y regionales pueden comprometer fondos para incentivar la expansión de la manufactura en el hemisferio. La administración también podría resucitar la idea del Área de Libre Comercio de las Américas, o anunciar el apoyo a la ampliación de los acuerdos comerciales con Estados Unidos por parte de los aliados regionales, incluyendo Ecuador, Uruguay y Brasil.

Estados Unidos debería incentivar la construcción de instalaciones para la producción de vacunas y de las materias primas que estas requieren, la continua expansión de las asociaciones regionales de salud pública y la mayor integración de los sistemas de información sanitaria.

Muchos socios regionales agradecerían una mayor asistencia de las agencias federales estadounidenses para procesar a sus funcionarios corruptos, muchos de los cuales mantienen sus ganancias mal habidas en Estados Unidos. Reducir el tiempo necesario para que nuestro país responda a las solicitudes formuladas por los gobiernos en virtud de los acuerdos del Tratado de Asistencia Legal Mutua sería un paso importante en este proceso.

Además, las economías de la región son cada vez más vulnerables a los robos y amenazas de ciberseguridad, tanto por parte de delincuentes como de actores malintencionados de fuera de nuestra región. Una iniciativa regional de ciberseguridad, apoyada por los gobiernos y financiada en gran medida por el sector privado, proporcionaría resultados tangibles.

Estados Unidos también pudiera anunciar un mayor compromiso con las organizaciones multilaterales de la región, empezando por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Un grupo bipartidista de senadores estadounidenses propuso la Ley de Aumento General de Capital del BID, que incrementaría el capital del banco en $80,000 millones y ampliaría los préstamos anuales en la región a $20,000 millones anuales.

Es de nuestro interés colectivo garantizar que la cumbre sea un gran éxito. Es mucho lo que está en juego para Estados Unidos: una cumbre intranscendente sería nuestra última oportunidad en los próximos años para dar forma a una agenda para el hemisferio y también pudiera erosionar aún más la confianza de la región en Estados Unidos como socio fiable.

Si el gobierno de Biden se compromete ahora con los aliados regionales y el Congreso, tiene una oportunidad real de liderar una cumbre exitosa.

Todd Chapman fue embajador de Estados Unidos en Brasil de 2020 a 2021. Daniel F. Runde es vicepresidente senior del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales.

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