Benedict Cumberbatch y los monstruos que nos rodean

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Al comienzo del rodaje de “El poder del perro”, el nuevo psicodrama ominoso de Jane Campion, la directora reunió a los actores y al equipo en un remoto y magnífico lugar de la Isla Sur de Nueva Zelanda, que sustituyó al escenario de Montana en la historia de la película. Tras una bendición maorí, Campion comenzó a presentar a todos. “Este es Phil Burbank”, dijo cuando Benedict Cumberbatch se acercó. “Benedict es muy simpático, y lo conocerán al final del rodaje”.

Phil, el inteligente, bravucón y furioso personaje interpretado por Cumberbatch, es el mayor de dos hermanos que dirigen un próspero rancho ganadero, y no es nada agradable. Domina e insulta a su tranquilo y apacible hermano, George (Jesse Plemons), y su latente hostilidad perpetua encuentra un blanco fácil cuando George se casa con Rose (Kirsten Dunst), una viuda local con un hijo adolescente afeminado, Peter (Kodi Smit-McPhee). Phil es un vaquero macho alfa, oscuro y sucio (de manera literal). Pero poco a poco empezamos a entender que Phil, quien estudió griego y latín en Yale, también está interpretando un papel.

“De manera mordaz, con esa introducción, Jane me dio permiso para ser Phil”, narró Cumberbatch en una entrevista por videocámara desde su casa en Inglaterra. Con el cabello bastante más exuberante que Phil y sin la temible mirada del personaje, se mostró relajado y elocuente al hablar del papel. “Se comporta de forma abominable, pero hay un profundo pozo de dolor ahí, esa vida no vivida, un desarrollo detenido que explica su comportamiento. Si no entendemos a los monstruos de nuestro mundo, lo que motiva ese comportamiento, si no podemos ver a alguien más allá de ser malo o bueno, entonces estamos en problemas”.

Para interpretar a este monstruo complejo y controlador, Cumberbatch se centró en el físico del papel como nunca antes, aprendiendo a montar, trabajando con animales, encarnando en plenitud el dominio visceral de Phil sobre su entorno. Una experiencia embriagadora para Cumberbatch, que ya ha dado pie a que se hable de los premios Oscar y a algunas de las mejores críticas que ha recibido. “Cumberbatch es asombroso en el papel, pues el actor enlaza su sarcasmo natural con un sentido de amenaza constreñida”, escribió David Ehrlich de IndieWire. “La inolvidable interpretación que resulta —la mejor de su carrera— es a la vez aterradora y terrorífica”.

Campion, la primera mujer en ganar el máximo premio en Cannes, por “El piano” en 1993, adaptó “El poder del perro” de una novela de 1967 de Thomas Savage. La película, que se estrenará en cines el 17 de noviembre y se podrá ver en Netflix a partir del 1° de diciembre, es la primera que realiza en una decena de años y la primera que tiene un protagonista masculino. Campion dijo en una entrevista telefónica que hacía tiempo que admiraba la capacidad de Cumberbatch para “hacer algo inesperado”. Para Phil, necesitas “las agallas y la capacidad interpretativa para crear a alguien a quien valga la pena odiar y temer. Es quizá uno de los personajes más interesantes de la literatura estadounidense”.

La película llega apenas semanas después de otra obra definitoria de Cumberbatch, “The Electric Life of Louis Wain”, dirigida por Will Sharpe (disponible en Amazon Prime a partir del 5 de noviembre). En ella, interpreta al ilustrador Louis Wain, con emociones frágiles, torpe en sus interacciones sociales y de gran talento, que a finales del siglo XIX se hizo famoso por sus juguetones dibujos antropomórficos de gatos.

Louis es el polo opuesto de Phil, un hombre incapaz de cumplir los roles que por tradición se asocian a los hombres, el de proveedor y autoridad en una época que le exige cuidar de su madre y de sus cinco hermanas solteras. Se enamora de forma inadecuada y se casa con Emily (Claire Foy), la institutriz de sus jóvenes hermanas; cuando ella enferma, él dibuja gatos para animarla.

“Con el tiempo, a medida que la vida de Louis da una serie de giros dramáticos, su amor por los gatos se vuelve más profundo y su arte cambia, y lo mismo ocurre con la película y con la matizada interpretación de Cumberbatch, con su franqueza, ternura y el control sobre su interpretación”, escribió Manohla Dargis en una reseña del New York Times.

Sharpe dijo que el actor “no tenía miedo de ponerse en cualquier escenario”, y añadió en una entrevista telefónica que había “cierta coincidencia entre Louis y Benedict; un diario demasiado ocupado, lleno de energía, lleno de ideas”.

Cumberbatch dijo que había adorado todo lo relacionado con Louis Wain. “Tuve con él una conexión similar a la que tuve con Alan Turing cuando trabajé en ‘El código enigma’: ambos eran personajes silenciosos en un mundo muy ruidoso”, dijo, y añadió que lo habían conmovido los problemas de salud mental de Wain, “cómo esa época ruidosa, mecanizada e industrializada podía acabar con alguien que era un verdadero héroe para tanta gente a lo largo de las generaciones.”

Cumberbatch, que saltó a la fama hace una década como un Sherlock Holmes malhumorado, brillante y desconectado de sus emociones en la serie de la BBC “Sherlock”, no es ajeno a los personajes de idiosincrasia salvaje. Recibió una nominación al premio Oscar por su interpretación de Turing; ganó un premio BAFTA por el papel de un rico inglés maltratado y drogadicto en la miniserie de Showtime “Patrick Melrose”; ha interpretado a Hamlet y a Frankenstein en el teatro; y ahora mismo es Dr. Strange en el Universo Cinematográfico de Marvel. (Aparece en la película próxima “Spider-Man: Sin camino a casa”).

“En mi descripción personal, encajo en un montón de paréntesis muy aburridos”, dijo Cumberbatch, de 45 años, casado y con hijos. “Me atrae la alteridad de esta gente, la diferencia con mi experiencia vivida. Quiero entenderlo desde dentro, no decir: ‘Ah, ya sé lo que se siente’”.

Cumberbatch pasó meses preparándose antes del rodaje en Nueva Zelanda, que comenzó en enero de 2020, se detuvo por un confinamiento a mitad de camino y se reanudó tres meses después. Comenzó con un libro de propuestas que había elaborado Campion. “Me dio una idea de la sensualidad de la película, de la naturaleza erótica de ciertos aspectos del personaje, de su masculinidad teñida de la mirada de otro mundo de un sátiro”, comentó.

Campion le preguntó qué necesitaba. “Le dije que necesitaba lecciones de tallado, lecciones de equitación, lecciones de banjo, necesito un campamento para machos”, relató.

Pasó varias semanas en ranchos de Montana. “Se me abrió una forma de vida increíble”, dijo. Y añadió: “Casi todo lo que hago en la película, lo aprendí a hacer”. Lo catalogó: “Trenzar la cuerda, trabajar con el ganado, castrar... Trenzar la cuerda mientras fumo un cigarrillo... es difícil de un modo increíble”. (También aprendió el lento silbido con el que Phil tortura a Rose cuando intenta practicar el piano. “Fue idea mía”, dijo Cumberbatch. “Pensé que sería algo de verdad desagradable, algo muy bajo su control”).

Lo extraordinario de la historia, dijo Cumberbatch, “es que sigue siendo relevante. Todavía hay rasgos del carácter masculino iracundo y tóxico de los líderes mundiales en los últimos tiempos, por no hablar de otros tipos de abuso doméstico o comportamientos masculinos aborrecibles”. Es importante, añadió, que “estemos llegando a un punto en el que se escucha a las mujeres. Pero también deberíamos mirar a los hombres; ¿por qué los hombres son así?”.

La experiencia de trabajar en “El poder del perro” fue “embriagadora”, añadió Cumberbatch, mostrando un pequeño altar de la película que había creado en una repisa, con utilería, fotografías y regalos del equipo. “No puedo decir lo raro que es sentarse entre tu propio público y decir: ‘Caray, esto es lo que pretendía en una escena, en una interpretación, en todo un arco de personaje’”.

Señaló el altar. “Quiero que se llene la siguiente repisa; ahí es donde quiero ir como artista”.

© 2021 The New York Times Company

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