Beirut: el susto pasajero sobre la posibilidad de un conflicto mundial con Trump al mando del ejército más poderoso

Julio Túpac Cabello
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La tragedia que aqueja a los libaneses es indescriptible. Aunque por minutos a todos nos pasó por la cabeza una hecatombe aún mayor: la posibilidad de un conflicto mundial, con Donald Trump al mando del cuerpo armado más poderoso del planeta

U.S. President Donald Trump salutes alongside U.S. Army Lieutenant General Darryl Williams, the Superintendent of the U.S. Military Academy at West Point, as he prepares to deliver the commencement address at the 2020 United States Military Academy Graduation Ceremony in West Point, New York, U.S., June 13, 2020.  REUTERS/Mike Segar
Tras la explosión en Beirut, en los primeros momentos pasó por la cabeza de muchos la posibilidad de un conflicto de escalada internacional con Donald Trump al mando del ejército más poderoso del planeta.(REUTERS/Mike Segar)

Las explosiones que sorprendieron al mundo por su extraordinaria dimensión, ocurridas el pasado martes 4 de agosto en el puerto de la capital libanesa, lleva contabilizados ya 5 mil heridos y 150 muertos. Las palabras no bastan cuando un evento de esta naturaleza y proporciones sacuden a una sociedad y la deja anonadada, de luto y buscando una explicación -siempre inexistente, aunque se encuentren las causas y se haga justicia- ante tanto infortunio.

El mundo ha mostrado de inmediato esas noblezas de las que a veces nos olvidamos cuando nos vemos tan feos en el espejo de las malas noticias que cunden: en las redes, en los medios tradicionales y la prensa se registra que gobiernos diversos, organizaciones civiles, cuerpos de ayuda especializada y personal de rescate de muchos lugares del mundo acuden para colaborar con el pueblo libanés y llaman a la población general a aportar con fondos para reparar la desgracia.

Una desgracia que, además, ya existía: Líbano es un país de una riqueza cultural inaudita, con antepasados romanos, fenicios y otomanos, quizás el único país de mayoría cristiana en Oriente Medio; pero a su vez, ha sido un territorio asediado por la violencia, el caos y la inestabilidad por décadas.

Fue la principal sede de la Organización para la Liberación de Palestina en la segunda mitad del siglo pasado, sufrió una guerra civil cruenta en la década de los 80, fue un terreno fértil para la discordia entre el bloque soviético y el la democracia liberal, y en la actualidad sufre una crisis económica brutal, con carestía sanitaria, y una deuda que representa 170% del PIB.

A woman holds a Lebanese flag as she stands at a roadblock during ongoing anti-government protests in Beirut, Lebanon November 4, 2019. REUTERS/Andres Martinez Casares     TPX IMAGES OF THE DAY
La situación en Líbano antes de la explosión ya era preocupante. REUTERS/Andres Martinez Casares TPX IMAGES OF THE DAY

Así que, dejémoslo claro, la tragedia que nos hace suponer esa explosión, las toneladas de escombros y los heridos y fallecidos que aún se están contando, no sólo son mayor que lo que podemos suponer, sino mucho, muchísimo más lamentable de lo que a simple vista puede observarse.

Un escenario aun peor, que no fue

Sin embargo, hubo un momento de pánico mundial que presagiaba un escenario aún peor. Cuando los ciudadanos de cualquier parte del mundo miramos en nuestros teléfonos una y otra vez aquella explosión asombrosa, tan parecida en su nube de hongo a la que en 1945 dejó en Japón la bomba nuclear, y llegaba otro tuit y otro mensaje, y un nuevo punto de vista, desde el carro, el video completo...

Esos minutos pasaban sin que se supiera aún la causa de aquel estallido y era inevitable que por la cabeza de uno pasara la posibilidad de un ataque terrorista, el inicio de una guerra, posibilidades absurdas como Irán, Israel o, lo más temible, un conflicto de escalada internacional con Donald Trump al mando del ejército más poderoso del planeta.

El mismo que pensaba que Finlandia era parte de Rusia, el que Bolton describe como un hombre no muy interesado en aprender, el que le dice al Covid "virus chino" y piensa que el problema de Estados Unidos con la pandemia es que se hacen muchos tests, el mismo presidente que le cobra las contribuciones de la OTAN a Europa en público, el que se acaba de salir de la OMS y retiró las tropas estadounidenses de Alemania y Siria, el mismo que cede ante Putin y conversa con Kim Jong-un. Trump, al que los militares estadounidenses desatendieron cuando les pidió que actuaran en las protestas de la Casa Blanca.

El mismo que amenazó con tener "todas las opciones sobre la mesa" en el caso Venezuela. El que llama a sus vecinos violadores y a su rival político pedófilo. En manos de ese presidente estaría la fuerza armada más destructiva del mundo en un conflicto internacional en el que se medirían los polos que están en tensión.

Minutos, horas después, se fue conociendo. Las 2 mil 75 toneladas de amonio que se almacenaban desde hace seis años en ese puerto, sin las condiciones necesarias para ello, por mera negligencia, habrían sido el combustible para que la explosión que a todos nos impresionó ocurriera.

El luto del Líbano es el luto de todos. Las nuevas generaciones libanesas han pasado de las manifestaciones a la solidaridad, de las protestas a la ayuda, de la rabia a la fraternidad. Afortunadamente no se trataba de una guerra.

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