Beirut vuelve poco a poco a la vida

Agencia EFE
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Beirut, 5 nov (EFE).- Tres meses después de la explosión que asoló Beirut, el tráfico fluye por las avenidas del barrio de Gemmayze, uno de los más devastados, y el repique de los martillos y el runrún de los taladros se entremezclan con un tímido bullicio de las personas que se dirigen a los bares y comercios recién reabiertos.

Al pasear por esta zona ubicada a tan sólo un par de calles del puerto, donde se originó la tragedia que el 4 de agosto causó más de 200 muertos y 6.500 heridos, todavía se ven cafeterías sin cristales, con las mesas por el suelo, sumidas en la oscuridad, y tiendas de todo tipo cerradas a cal y canto.

Sin embargo, en algunos establecimientos han dejado escritos a sus puertas mensajes de esperanza como "Nuestro lugar está destruido, pero nosotros no" o "Beirut se levantará de nuevo", mientras otros han comenzado a reabrir en las últimas semanas tras un arduo proceso de reconstrucción.

GRACIAS A LOS CLIENTES

Aquel fatídico martes, varias personas resultaron heridas en el gimnasio Barbell House de Gemmayze, entre ellas un "amigo cercano y excelente cliente" que acabó perdiendo la vida tras permanecer dos meses en coma, explica a Efe el dueño, Nicolas Antakly.

Él mismo se vio golpeado por los cristales y su mujer, Tania, tuvo que ser sometida a una "gran" operación en la cabeza y permanecer ocho días en la Unidad de Cuidados Intensivos por el impacto.

"El gimnasio quedó completamente destruido, tuvimos que reconstruirlo de cero", recuerda Antakly sentado sobre una máquina de hacer ejercicio, desde donde detalla que incluso se vinieron abajo algunas de las paredes.

Hoy el establecimiento vuelve a estar vivo. La música tecno resuena entre sus nuevos muros, mientras los clientes se afanan en levantar enormes pesas.

"La primera cosa que me empujó a reconstruirlo fue mi esposa, que cuando salió del hospital y vino a ver el gimnasio me dijo: '¿Cuándo vas a empezar a restaurarlo?", comenta el dueño de Barbell House.

También ayudó "el amor de los clientes por este lugar", pues hubo dos campañas de microfinanciación colectiva promovidas por el hermano de Antakly desde Holanda y un atleta desde Australia, en las que muchos colaboraron para ayudar a reconstruir el establecimiento.

Recuerda que la mayoría de los que les conocen dieron por hecho que dejarían su negocio y se irían del Líbano, pues Tania es austríaco-libanesa.

"No lo hice porque amo este lugar", sentencia.

SEMANAS Y SEMANAS

En una calle paralela, los trabajadores dan las últimas pinceladas a la librería-cafetería-bar Aaliya's Books tras un largo proceso de reparación de cerca de seis semanas y sus dueños esperan poder abrir sus puertas a mediados de noviembre.

"Resultamos seriamente dañados, verás que tenemos un montón de cristales y la explosión los empujó hacia dentro con un alcance más o menos mayor, y los dos grandes del frente se salieron completamente de sus marcos", dijo a Efe una de las propietarias, Niamh Fleming.

Los cristales afectaron a su vez al sistema de aire acondicionado y a zonas del bar.

Y la rehabilitación no comenzó hasta un mes después de la explosión porque ni siquiera calcular los daños materiales fue sencillo.

"Fue muy difícil saber cuánto costaría, ya que debido a la crisis económica en el Líbano los precios de todo lo que se importa están en dólares y el tipo de cambio del dólar fluctúa dramáticamente", explica esta mujer irlandesa.

Como ocurrió en Barbell House y muchos otros locales de la zona, una campaña de microfinanciación hizo posible la renovación de Aaliya's Books, un "salvavidas absoluto" sin la que Fleming considera que todavía estarían preguntándose cómo seguir adelante.

Al igual que muchos han ayudado a este polifacético negocio, los dueños de esta librería-cafetería han donado un horno para pizzas que no utilizaban a una panadería cercana, también gravemente dañada, permitiendo a ese negocio volver a operar.

UN CUADRO Y UNA FOTOGRAFÍA

No muy lejos se encuentra el capitalino café Cyrano, que afirma que fue el primero en reabrir en el área algo menos de un mes después de perder a una trabajadora llamada Rawan en la explosión.

"Conmemoramos a nuestra Rawan, nuestra amiga y compañera a la que perdimos al volver a trabajar y reabrir la tienda", indica a Efe el gerente de la cafetería, Simon Obegi, quien reconoce que el impacto de la tragedia en los empleados fue "enorme emocional y físicamente".

El local quedó "destruido", pues se encuentra en línea recta respecto al puerto, pero Obegi se enorgullece de haber logrado ponerlo a funcionar de nuevo tan pronto como fue posible.

En Cyrano cuelgan ahora un cuadro de la explosión y una fotografía de Rawan.

"Nunca olvidaremos ese día", concluye el gerente.

Noemí Jabois

(c) Agencia EFE