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Bea Ortiz: un hobby familiar convertido en sueño olímpico

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El deporte siempre ha sido un complemento muy importante en la vida de Bea Ortiz y desde muy pequeña sus padres le inculcaron los valores de este nuevo aspecto en su realidad, aunque en ningún momento pensaron en que llegaría a ser una deportista de élite. Primero se arrancó con la Gimnasia y hasta los 10 años la compaginó con los estudios. Sin embargo, la actividad de sus dos hermanos en el waterpolo empujó a la mediana de los Ortiz a probar ese deporte, que cuenta con un gran arraigo en su localidad natal, Rubí (Barcelona).

En ese momento, sus progenitores convirtieron las visitas a la piscina en su rutina del día a día: “Era complicado organizarnos porque primero iba mi mujer a llevar a uno a la piscina, luego yo subía a bajarlo, pero después mi pareja volvía a subir a otro. Al final, hacíamos tres o cuatro viajes al día para llevar a los tres a la piscina completando más de 20 kilómetros diarios”.

A pesar de ello, David y Lola, padres de Bea, accedieron con ilusión y completaron unos años repletos de felicidad en casa de los Ortiz Muñoz. ¿El secreto? Involucrarse al máximo. “Era un gusto y una satisfacción llevarlos a entrenar y acompañarlos a las competiciones. Al final, mis sacrificios como padre fue trasladarlos a la piscina y estar junto a ellos en los torneos. Además, yo fui delegado de Bea y de sus hermanos en el Club Natació Rubí por lo que viajaba mucho con ellos, y cuando iba a los partidos de Bea mi mujer tenía que llevar a los dos chicos a sus respectivas competiciones”, explica el progenitor de la waterpolista española.

La waterpolista Bea Ortiz junto a sus padres David Ortiz y Lola Muñoz. Foto: Bea Ortiz.
La waterpolista Bea Ortiz junto a sus padres David Ortiz y Lola Muñoz. Foto: Bea Ortiz.

Los primeros pasos hacia la élite y una llamada por sorpresa

En los primeros años en el waterpolo, Bea disfrutó junto a sus amigas del pueblo. A los 15 años, en categoría cadete, la cosa ya se puso más seria y empezó a ser convocada por la selección nacional. En ese momento, los desplazamientos para entrenar aumentaron de distancia ya que Bea tuvo que desplazarse hasta el Centro de Alto Rendimiento (CAR) de Sant Cugat para arrancar su participación en la órbita del combinado español.

Afortunadamente, la nueva piscina estaba a tan solo 20 minutos de su domicilio lo que le permitió empezar a ir por su cuenta. “Me desplazaba al CAR muchas veces en tren porque mis padres trabajaban por las mañanas y como ya era un poco más mayor ya me dejaban ir con alguna compañera. Al final, nos juntábamos muchas que íbamos al CAR y los viajes eran más amenos. Luego por la tarde, después de entrenar, ya me venían a buscar”, recuerda la número ‘4’ de la selección entrenada por Miki Oca.

Claro que no todo fue de color de rosa. Durante este tiempo de sacrificio y paciencia, los Ortiz Muñoz tuvieron varios altibajos a raíz de las lesiones y convocatorias de la waterpolista. “No aparecer en las listas de la selección y las lesiones eran una decepción para Bea y verle con el estado de ánimo bajo era muy complicado para nosotros como padres”, manifiesta Lola Muñoz.

Bea muestra la medalla de subcampeonas del Mundo lograda por la selección española en 2019. Foto: Bea Ortiz
Bea muestra la medalla de subcampeonas del Mundo lograda por la selección española en 2019. Foto: Bea Ortiz

Todo cambió con la publicación de la convocatoria de la selección femenina de waterpolo para los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016. Por sorpresa, el nombre de Bea Ortiz salió a la palestra. “Este es el recuerdo más bonito que tengo. Fue muy emocionante porque en principio pensábamos que no iba a ir, pero terminó saliendo en la lista. Además, también guardamos con mucho cariño cuando fuimos al Campeonato del Mundo de Budapest 2017 para ver las semifinales y la final”, rememora David Ortiz.

La ilusión de la primera vez

Y llegó la hora de viajar a Río junto a sus 12 compañeras. A Bea le esperaba su debut en unos Juegos Olímpicos, pero ni David ni Lola pudieron viajar a la capital brasileña. No obstante, ambos vibraron como los que más desde el salón de su casa de Rubí y ya desde la ceremonia de inauguración: “Recuerdo cuando salió la comitiva de España y ver cómo nuestra hija desfilaba en aquel Estadio Olímpico, fue muy emocionante”.

Dos días después, las chicas de Miki Oca debutaron. “Los minutos previos al primer partido fueron complicados porque salimos de la villa olímpica mucho antes de arrancar el encuentro, cosa que en partidos normales no pasa. Por ello, tienes mucho tiempo para ponerte nerviosa, para pensar y la verdad es que llevaba unos nervios encima bastante considerables”, recuerda Bea.

Bea junto a sus padres tras un campeonato. Foto: Bea Ortiz.
Bea junto a sus padres tras un campeonato. Foto: Bea Ortiz.

El horario no fue ningún problema para la familia de Rubí y las seis horas de diferencia con el país carioca no pusieron ningún impedimento para que los Ortiz Muñoz se plantasen delante de la tele cada dos días para disfrutar de su hija. “Fuera el horario que fuera yo iba a ver jugar a mi hija, era todo un orgullo como padres verle disputar unos Juegos”, manifiestan ambos progenitores. Lamentablemente, no todo fue como se habían imaginado y en cuartos de final cayeron ante Rusia después de haber dominado la mayor parte del encuentro, una situación que les ponía con pie y medio en la lucha por las medallas, pero finalmente tuvieron que conformarse con la quinta plaza en unos JJOO. “Nos llevamos una decepción muy grande, porque la cosa iba muy bien encaminada, pero el hecho de llegar hasta allí y quedarte tan cerca de las preseas también es un éxito, al igual que estar en unos Juegos Olímpicos”, afirma Lola.

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