Inventan una batería de sal para casa como la alternativa a la calefacción de gas: así funciona

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Rusia es el mayor proveedor energético de la Unión Europea y desvincularse por completo de sus importaciones entraña un gran desafío estructural y económico. Solo en 2021, este país cubrió el 45% de la demanda de gas de todo el bloque europeo. Por este motivo, tras el estallido del conflicto en Ucrania, urge encontrar alternativas para solventar la dependencia de los combustibles fósiles rusos, que, mientras tanto, continúan encareciéndose.

La subida del precio del gas se debe, principalmente, a la guerra entre Rusia y Ucrania, ya que afecta de forma directa a su suministro. Pero existen también otros factores, como la alta demanda de Asia, el efecto rebote de la pandemia y la reducción de las reservas, lo que aumenta su precio de producción y, por tanto, su precio de venta. Para solventar estos precios desorbitados, con los que tiene que lidiar la ciudadanía, España y Portugal anunciaron la pasada semana un acuerdo con Bruselas sobre una propuesta conjunta para limitar el precio del gas en el mercado eléctrico. Aunque el acuerdo aún está pendiente de completar, podría ver la luz la semana próxima.

Pero a pesar de estas medidas, liberarse del yugo de los suministros energéticos de Rusia es primordial. En este sentido, investigadores de la Universidad de Eindhoven podrían haber dado con la clave para reducir en gran medida la demanda de gas: la calefacción de sal.

Recientemente, han presentado un prototipo que podría ser un sustituto barato y sin emisiones de los sistemas de calefacción de gas que se usa actualmente en casas y oficinas.

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El precio del gas lleva subiendo de forma constante desde otoño de 2020. Foto: Getty Creative.

Cómo funciona

Las baterías de sal que han diseñado estos investigadores de la Universidad de Eindhovenutilizan un principio termodinámico muy simple: los cristales de sal absorben el agua, se hacen más grandes y, en el proceso, liberan calor. Pero este proceso también funciona a la inversa: al añadir calor, se evapora el agua, se seca la sal y se reduce el tamaño de los cristales. Así que, mientras la sal se mantenga lejos del agua, el calor se queda almacenado en ella sin ningún tipo de pérdida. Además, este proceso se puede repetir de manera infinita, tal y como han asegurado los investigadores.

Aunque el sistema requiere una fuente de calor externa, esto se podría solventar usando los excedentes térmicos de las industrias para poder alimentar la calefacción de sal de los particulares.

La sal idónea para realizar este proceso es el carbonato de potasio, que es soluble en agua y que suele utilizarse como fundente en la industria del vidrio, ya que puede moldearse con facilidad, tanto para hacerlo más grande como más pequeño.

¿Pronto en nuestras casas?

Los investigadores ya han obtenido una subvención europea de siete millones de euros, con la que ha podido ultimar su sistema. Y este año comenzarán las pruebas en hogares reales.

Para ello, se instalará una batería de unos 70 kWh en cuatro hogares, que según los investigadores les puede proporcionar agua caliente y calefacción durante varios días.

El desenlace del periodo de prueba determinará si este sistema puede ser una herramienta más que nos permita depender menos del gas, sobre todo del gas ruso, además de reducir las emisiones de CO2 en el proceso.

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