La batalla política llega a los jardines de los hogares norteamericanos: afiches robados, vandalizados o quemados

Julie Bosman
·7  min de lectura

CHICAGO.- En Illinois, Chicago y Arizona, la policía ha recibido denuncias de vecinos por la quema de afiches de campaña de Joe Biden y el robo de banderas de Trump en medio de la noche. Molestos por la desaparición de sus carteles, algunos propietarios han instalado un sofisticado sistema de cámaras de vigilancia con sensores de movimiento para atrapar a los culpables. Otros directamente esconden hojas de afeitar en los carteles para escarmentar a los intrusos.

A horas de la elección presidencial, los estadounidenses se van atrincherando uno frente al otro, a veces incluso en el jardín delantero de sus propias casas.

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"Hay mucho resentimiento, y las cosas terminan así", dice Annie Phillips, docente jubilada de 82 años de los suburbios de Seattle, a quien le robaron dos carteles de campaña de Biden del porche de su casa. "Hasta que la elección se decida vamos a estar en ascuas."

Harta de ver que le robaban los carteles de campaña, Phillips compró un tercer cartel y directamente lo clavó en la puerta de su garaje.

Los norteamericanos están en estado de efervescencia, crispación y temor. Han soportado una campaña larga y belicosa en medio de una pandemia, y un complicado proceso electoral de desenlace incierto. Y ambos bandos denuncian actos de vandalismo político.

El mes pasado, en Normandy Park, estado de Washington, Paul Barden notó que un auto desconocido frenaba frente a su casa.

No le dio importancia hasta más tarde, cuando salió a su jardín y advirtió enfurecido que su flamante bandera de apoyo a Trump, que había colgado cuidadosamente esa misma mañana, había desaparecido. El responsable, quienquiera fuese, ya se había ido.

"Una lacra escurridiza", escribió Barden en la aplicación Nextdoor, para informar del hecho a sus vecinos.

Para Barden, exlegislador republicano y exmarine, el incidente tiene los mismos ingredientes de lo que según él viene ocurriendo en el país últimamente: falta de civilidad y de decoro, y una creciente sensación de caos.

"Hasta ahora, sin embargo, yo creía que mi pequeño rincón del mundo se venía salvando", dice Barden. "Hasta que robaron la bandera de mi casa."

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Las escaramuzas por los afiches y banderas de campaña y otras manifestaciones de apoyo a un candidato son comunes en los años electorales, pero esta vez el fenómeno parece haber recrudecido.

En el condado de Volusia, Florida, un vecino trompeó a otro en la cara porque le parecía que el cartel de apoyo a Biden de su vecino tapaba el suyo de apoyo a Trump, según informaron las autoridades policiales.

También se han visto afiches de Trump-Pence dibujados encima con marcador, y carteles de Biden-Harris pisoteados en el césped. En Iowa central, una publicidad de campaña de Trump colocada en una autopista fue parcialmente cubierta con una plancha de metal sobre la que escribieron con spray un verso de la Biblia: "Ámense los unos a los otros. Juan 15". En un camino rural en el noreste de Wisconsin, un enorme cartel de Biden resiste en pie, pero evidencia agujeros del tamaño de un puño.

En Michigan, un trabajador resultó herido tras manipular un cartel de Trump que tenía escondidas hojas de afeitar. El hombre debió correrlo porque estaba demasiado cerca del borde del camino: terminó en el hospital, cubierto de sangre, donde tuvieron que darle varios puntos en la mano.

Todo esto ocurre mientras en algunas regiones hay un auge extraordinario de la demanda de carteles. Steven Slugocki, dirigente del Partido Demócrata en el condado de Maricopa, Arizona, dice que el pedido de carteles de campaña se multiplicó por 10 en comparación con 2016.

"Es una dinámica interesante, porque todos quieren un cartel para su jardín, pero ni bien lo consiguen, se los roban", dice Slugocki. "Así que al final la gente duda de si ponerlo o no, sobre todo en el jardín de adelante, pero de todos modos la demanda es astronómica."

Scott Dressel, funcionario de información pública del departamento de policía del condado Highlands, Florida, estaba tan harto de la guerra de los carteles en su condado que terminó pidiéndoles a los vecinos por Facebook que la cortaran.

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"Supongo que a partir de ahora tendremos que poner ese mensaje antes de cada proceso electoral, porque hay personas que no sabe comportarse como adultos razonables: NO ROBEN NI DESTRUYAN LOS AFICHES DE CAMPAÑA", escribió Dressel.

Dressel dice que la gota que desbordó el vaso fue un hecho ocurrido la semana anterior.

En un vecindario en particular, que resultó ser el suyo, hubo una oleada de robos de carteles de Biden. Poco después, alguien -o varios-, desfiguró una hilera de afiches de Trump que estaban pegados a lo largo de la ruta que atraviesa el condado.

"Los tacharon con una enorme X con spray y escribieron otras cosas que no puedo repetir", dice Dressel. "Se ve que la gente está muy nerviosa. En mis 50 años, nunca había visto una elección presidencial con semejante nivel de belicosidad."

De hecho, hay calles enteras que se han convertido en campo de batalla de la guerra de los carteles.

Guerra en la Ruta 22

En Murrysville, Pensilvania, la "batalla a todo o nada de la Ruta 22", como la describe el diario Pittsburgh Tribune Review, comenzó de manera bastante inocente. A un lado del camino, los partidarios de Trump convirtieron un antiguo salón en un "Centro para la Victoria de Trump". A menos de un kilómetro de distancia, los voluntarios de la campaña de Biden marcaron el terreno en un edificio de consultorios médicos, y hasta colocaron una enorme imagen del exvicepresidente, sonriendo y con un barbijo azul.

Cuando los republicanos locales convocaron a una manifestación que atraería a cientos de autos a lo largo de la Ruta 22, los demócratas se adelantaron con una incursión relámpago y colocaron carteles de apoyo a Biden-Harris a lo largo de la misma ruta.

"Hay una sensación de guerra", dijo Michelle McFall, una militante demócrata que ayudó a formar la base electoral de Biden en la localidad. "Nadie da un paso atrás, como en la guerra, y planifican estratégicamente cada incursión y cada contraataque."

Al día siguiente, los republicanos ya habían puesto contra-mensajes de respuesta, apuntando a la larga carrera política de Biden: "Hay que drenar el pantano".

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Jill Cooper, presidenta del "Centro para la Victoria de Trump" de la Ruta 22, dice que están trabajando arduamente para que la gente vaya a votar y que se instalaron en la ruta principal de la localidad para que su mensaje llegue a los votantes republicanos.

"El mensaje es que pueden estar orgullosos de apoyar al presidente, que no son racistas, no son xenófobos, no son sexistas, y que no somos nada de todas esas cosas de las que nos acusan los medios", dijo Cooper. "Por eso estamos en la ruta 22, por donde pasan 30.000 coches al día. Queremos que el votante republicano sepa que no está solo."

El mes pasado, en una granja el oeste de Massachusetts, la guerra de los carteles fue mucho más lejos.

Ruth Crane y su esposo Dicken, cuarta generación de productores rurales, decidieron apilar unos fardos de heno junto a la ruta y pintarlos con aerosol con las palabras "Biden Harris", para que los automovilistas que pasaban supieran de su apoyo a la fórmula presidencial demócrata.

Al día siguiente, Ruth recibió una llamada desesperada: alguien había prendido fuego los fardos, que se habían quemado por completo.

La comunidad de los Crane está compuesta por una mezcla de republicanos y demócratas, y de inmediato la pareja empezó a recibir mensajes de apoyo de sus vecinos. En pocas horas, un hombre fue arrestado y acusado del delito.

"Para muchos, fue un llamado a la realidad", dice Ruth Crane. "Lo que nos dijo mucha gente de ambos lados es que esto se fue de las manos."

The New York Times

(Traducción de Jaime Arrambide)