“Batalla de Madrid”: la puja por la capital revela el lado más hostil de la política española

Ricard González
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La presidenta de la Comunidad de Madrid y candidata a la reelección, Isabel Díaz Ayuso, junto al presidente del PP, Pablo Casado, durante un acto electoral en el Gran Parque Felipe VI de Majadahonda
Isabel Infantes - Europa Press

MADRID.– Ángel Gabilondo es el candidato del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) para las elecciones regionales en la Comunidad Autónoma de Madrid del martes. Sin embargo, nadie lo diría. Su adversaria, Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la región por el Partido Popular (PP), apenas ha pronunciado su nombre en toda la campaña. Como si se tratara de unas elecciones generales, el blanco de sus aceradas críticas ha sido el presidente del gobierno, Pedro Sánchez. El líder socialista entró a la cancha y se implicó a fondo en unas elecciones que son más que una simple contienda regional: adoptaron una dimensión nacional.

La “batalla de Madrid” será sobre todo decisiva para la configuración de la derecha española durante los próximos años. En el último ciclo electoral, el espacio conservador estaba fracturado en tres opciones: un disminuido PP, Ciudadanos (de centroderecha) y Vox, la emergente extrema derecha.

En varias regiones, como la propia Madrid, el PP ha gobernado en coalición con Ciudadanos, a veces apoyados desde fuera por Vox. Sin embargo, el PP cotiza ahora al alza, Ciudadanos está en estado de implosión y podría ni tan siquiera entrar en el Parlamento de Madrid, lo que probablemente dejaría al PP en brazos de la extrema derecha, un tabú en la Europa occidental.

Gobernada de forma ininterrumpida por la derecha durante los últimos 26 años, la Comunidad de Madrid –de siete millones de habitantes– ha sido tradicionalmente el ariete del PP contra los gobiernos centrales socialistas. No obstante, nunca antes se había llegado a este grado de hostilidad, fruto de la estrategia de Díaz Ayuso, representante de la línea trumpista de la derecha española. Esta es también una batalla por el alma del PP, pues hay otros líderes regionales que apuestan por una línea centrista, y aborrecen a Vox. 

Pablo Iglesias al dejar el debate organizado por Cadena SER en Madrid
Pablo Iglesias al dejar el debate organizado por Cadena SER en Madrid (Jesus Hellin/)

La campaña fue una de las más calientes que se recuerden desde la Transición española, una tensión agravada por el envío de amenazas de muerte en forma de cartas con una bala dentro al ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, y al candidato del izquierdista Unidas Podemos, Pablo Iglesias, entre otros.

En un debate electoral, la candidata de Vox sugirió que las amenazas eran un montaje de Iglesias, lo que motivó que este dejara el set. Más tarde, también abandonarían el debate los dos otros candidatos de la izquierda. Desde entonces, el marco que construyó la izquierda es que las elecciones son una batalla entre la democracia y el fascismo. 

Polarización

No obstante, la primera en buscar una campaña polarizada fue Díaz Ayuso con su lema “Libertad o comunismo”. La estrategia le salió bien, según las encuestas, ya que podría obtener hasta 60 diputados, el doble que en las anteriores elecciones. Pero aún se quedaría a 10 de la mayoría absoluta, por lo que necesitaría el apoyo de Vox. Casi ninguna encuesta otorga a los tres partidos de la izquierda, liderados por el PSOE, la mayoría de 70 diputados. Pero no se queda lejos, por lo que una mayor movilización de los barrios obreros podría darle la victoria. 

“Díaz Ayuso se creó una identidad propia apelando al orgullo madrileño, lo que llamo madricentrismo”, sostiene el sociólogo Juan José Domínguez. “Ella quiere siempre ser el centro de atención de los medios. Sus mensajes a veces pueden parecer simplistas o vacíos, pero funcionan porque todo el mundo los entiende. Son propios del mundo de la publicidad”, añade. 

La presidenta usó sobre todo la lucha contra la pandemia como terreno de confrontación con el gobierno central, al que ha llegado a desafiar desoyendo algunas de sus instrucciones. El gobierno de Madrid ha sido el más laxo a la hora de aplicar medidas como el toque de queda –a las 23– o la apertura hasta esa hora de restaurantes y bares, cerrados en el resto del país. De hecho, al privilegiar la economía por encima de la salud, Madrid se llegó a convertir en la capital del ocio nocturno europeo con la llegada de miles de jóvenes franceses e italianos.

A nivel económico, la presidenta madrileña volvió a prometer una baja sensible de los impuestos. Esta ya fue su propuesta estrella en los anteriores comicios, pero no llegó a aplicarla. De hacerlo, consolidaría el modelo neoliberal que ha ido construyendo el PP en esta comunidad. Madrid es la única región que suprimió los impuestos de sucesión y del patrimonio, y tiene los menores tipos del impuesto de la renta.

Su gobierno presume de ser el artífice del liderazgo económico de Madrid. A pesar de tener menos población, el peso de su economía superó al de Cataluña, tradicional motor económico de España. En PBI por cápita, ya hace tiempo que lidera los rankings con más de 35.000 euros gracias a un crecimiento superior a la media durante las últimas dos décadas. 

Ahora bien, hay una cara oscura de ese éxito. Según un informe de Cáritas, es la región con una mayor desigualdad entre ricos y pobres, y hasta un millón de personas (el 16% de la población) está en situación de exclusión social. Sus escuelas son las más segregadas por renta, y su gasto social figura en el furgón de cola nacional. Por ejemplo, es la región que menos gasta en educación por alumno (729 euros), lejos del País Vasco (1349). 

Algunos economistas ponen en duda la existencia de un “milagro económico madrileño”, y atribuyen su liderazgo al efecto de ser la capital. Madrid concentra buena parte de los altos funcionarios estatales, pues todas las sedes ministeriales están allí, y se ha beneficiado del proceso de centralización económico derivado de la privatización de empresas públicas de los años 90. 

Además, varias autonomías denunciaron que Madrid realiza “dumping fiscal” (competencia desleal). Según esa opinión, el gobierno regional puede bajar los impuestos sobre la renta gracias a la recaudación extra que recibe por ser sede de muchas grandes empresas privatizadas, aunque sus beneficios se generen en todo el territorio. Estas rebajas fiscales atraen a muchas fortunas que sitúan su residencia en Madrid para pagar menos impuestos, aunque no vivan en la capital.

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