¿“Batalla acordada”? Cómo Putin y Biden están marcando los límites de la guerra

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Joe Biden y Vladimir Putin, durante una cumbre en Suiza el año pasado
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WASHINGTON.- Una lectura atenta de las declaraciones de esta semana de los presidentes Joe Biden y Vladimir Putin permite corroborar que ante el giro de la guerra hacia una dura lucha concentrada en obtener el control del este del país, ambos líderes están buscando clarificar cuáles son sus objetivos en Ucrania.

Las últimas declaraciones del presidente Vladimir Putin y del presidente Joe Biden no descartan ni obturan una escalada del peligro, pero sí exhiben ante la opinión pública los objetivos de ambos bandos, y al hacerlo reducen el riesgo de errores de cálculo, estableciendo parámetros de lo que los estrategas de la Guerra Fría habrían llamado una “batalla acordada”.

El nuevo mensaje de Putin, implícito pero inconfundible, es el atrincheramiento. Tras el fracaso de su plan inicial de tomar Kiev y tumbar al gobierno, ahora habla de controlar le región oriental rusohablante del país, el Donbass, y la franja costera vecina.

El mensaje de Biden, por el contrario, ahora es más enérgico: redoblar la ayuda militar de Estados Unidos a Ucrania y el compromiso de oponerse a la hegemonía de Putin sobre el gobierno de Kiev, aunque al mismo tiempo Biden también reconoce implícitamente algunas limitaciones.

El presidente Joe Biden
Evan Vucci


El presidente Joe Biden (Evan Vucci/)

En dos declaraciones de esta semana, Putin hizo hincapié en la prioridad de asegurar la región del Donbass, que Rusia considera independiente de Kiev. Proteger del gobierno central de Kiev a los separatistas del Donbass fue el pretexto esgrimido por Putin para la invasión del 24 de febrero. Pero en las primeras semanas de la guerra, también parecía buscar el derrocamiento del presidente Volodimir Zelensky, con su errático discurso sobre la “desnazificación” de Ucrania. Ante el fracaso de Rusia en capturar Kiev, ese amplio objetivo inicial parece haber retrocedido.

Putin puso el énfasis en la misión del Donbass el miércoles, durante un encuentro muy guionado con un grupo de habitantes de esa región, entre las que había una niña de 12 años.

“Como dije desde un principio, el propósito de esta operación es precisamente ayudar a nuestra gente que vive en el Donbass, como ustedes. No los vamos a abandonar y poco a poco la vida en la región volverá a la normalidad”, dijo Putin.

Putin reforzó ese mensaje en su reunión del jueves con el ministro de Defensa, Sergei Shoigu. Allí adjudicó a Rusia la victoria en la ciudad costera de Mariupol y elogió a las tropas rusas que asediaron la ciudad durante semanas, al afirmar que “sacrificaron sus vidas para que nuestra gente del Donbass viva en paz y para permitir que Rusia, nuestro país, viva en paz”.

Esta fotografía tomada y difundida por la Oficina de Prensa Presidencial de Rusia, el 21 de abril de 2022, muestra al presidente ruso Vladimir Putin hablando con el ministro de Defensa ruso Sergei Shoigu durante su reunión en el Kremlin en Moscú.
YURI KADOBNOV


Esta fotografía tomada y difundida por la Oficina de Prensa Presidencial de Rusia, el 21 de abril de 2022, muestra al presidente ruso Vladimir Putin hablando con el ministro de Defensa ruso Sergei Shoigu durante su reunión en el Kremlin en Moscú. (YURI KADOBNOV/)

Pero Putin le ordenó a Shoigu que no atacara a los combatientes ucranianos que siguen atrincherados en una planta siderúrgica en las afueras de Mariupol, y le dijo a su ministro de Defensa que priorizara “la preservación de la vida y la salud de nuestros soldados y oficiales”.

No parecen las palabras de un presidente dispuesto a quedar como un carnicero tras una sangrienta campaña para capturar toda Ucrania.

En sus declaraciones del jueves en la Casa Blanca, Biden también hizo un resumen de las prioridades norteamericanas. Anunció otros 800 millones de dólares en ayuda militar para Ucrania –el mismo monto de un paquete similar anunciado hace apenas una semana–, y elogió a los “valientes y hábiles combatientes ucranianos” que resisten la invasión de Rusia. Biden dijo que Estados Unidos va a mantener su apoyo militar a Ucrania “durante mucho tiempo”, pero evitó cualquier sugerencia de participación militar directa de Estados Unidos, como lo viene haciendo desde el comienzo de la guerra.

El mandatario norteamericano destacó la unidad de la OTAN frente a Rusia, otro tema basal de la política exterior de Estados Unidos. La alianza atlántica, dijo Biden, “le está enviando a Putin un mensaje inequívoco: que no logrará dominar y ocupar toda Ucrania. Eso no va a pasar”.

La declaración de Biden, aunque enérgica, deja abierta la posibilidad de que Putin ocupe una parte de Ucrania, la región sureste, justamente donde ahora se concentran los ataques rusos.

Los comentarios de esta semana en Moscú y Washington ilustran cómo a veces la guerra logra despejar opciones y reducir la incertidumbre. La premisa de la fórmula de la “batalla acordada”, discutida por algunos estrategas de la Guerra Fría, era precisamente recuperar la estabilidad. Herman Kahn, de la Rand Corp, apodado “el mago del Armagedón”, una vez elaboró una “escalera de escalada” específica para el conflicto entre superpotencias. La escalera tenía 44 escalones: las armas nucleares debían usarse solo en el peldaño 15.

El renovado interés de Putin por el Donbass —que entraña el mensaje implícito de haber acotado sus objetivos de guerra—, puede servir para reducir parte de la presión hacia una escalada bélica. Paradójicamente, sin embargo, si en las próximas semanas las fuerzas de Putin fracasan en el Donbass, como ocurrió en la batalla de Kiev, la situación podría volverse más impredecible y potencialmente peligrosa. Y las probabilidades de una escalada se dispararían nuevamente.

Como para recordarle a Occidente sus otras opciones, Putin mostró esta semana el video del ensayo del nuevo misil balístico intercontinental ruso. Ese sistema con capacidad de transportar armas nucleares “hará pensar dos veces a quienes en el fragor de su retórica agresiva intenten amenazar a nuestro país”, advirtió Putin. Fue un evento organizado, más una fanfarronada sobre las capacidades rusas que una amenaza específica. Pero permitió entrever otros peligros que están más allá de los parámetros actuales del conflicto de Ucrania.

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