Más barcos de migrantes cruzan el Canal de la Mona. La Patrulla Fronteriza los está buscando

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El pequeño avión de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (CBP) despegó una mañana reciente de la ciudad de Aguadilla, en el noroeste de Puerto Rico, y las hileras de casas contra los bosques costeros y las playas de arena se hicieron cada vez más pequeñas.

La aeronave voló a 11,500 pies sobre las 80 millas de aguas profundas e imprevisibles del estrecho que separa Puerto Rico y La Española, la isla compartida entre Haití y la República Dominicana. La patrulla regular del Sector Ramey —la división más pequeña de la Patrulla Fronteriza y la única fuera de Estados Unidos continental— recorre el Canal de la Mona, de día y de noche, para detectar el tráfico de drogas y armas, y el contrabando de personas.

“El número de embarcaciones e inmigrantes en los últimos meses ha sido ya significativo”, dijo Carlos Antonetti, un agente de Operaciones Aéreas y Marítimas de la CBP, por unos auriculares que anulaban el ruido del avión. “Casi todos los días hay una interceptación”.

En el último año, la división de CBP de Puerto Rico, junto con la Guardia Costera, han detectado e interceptado un número cada vez mayor de migrantes, en su mayoría dominicanos y haitianos, que tratan desembarcar en las costas de Puerto Rico. Y el Canal de la Mona, una ruta histórica de migrantes con una reputación mortal de tragarse las yolas, como llaman a las pequeñas embarcaciones de migrantes, está en el centro de la actividad.

El piloto Otis Sicardo y el copiloto Kenneth Morales, junto con Antonetti, despegaron el jueves en una patrulla de rutina sobre aguas al norte y al sur de Puerto Rico y a lo largo del Canal de la Mona.

A eso de las 11 a.m., apareció Desecheo, un diminuto refugio nacional de vida silvestre frente a las costas occidentales de Puerto Rico. Hace un mes, 11 haitianas murieron cuando su barco se hundió en las aguas cercanas a la isla deshabitada. Aunque otras 38 personas de esa embarcación fueron rescatadas, varios pasajeros siguen desaparecidos, según testimonios de los supervivientes.

“Es lamentable que no hayamos podido salvar a más. Nos dicen que acortamos los sueños, pero muchas veces también salvamos la vida de la gente”, dijo Sicardo.

Desde que comenzó el año fiscal en octubre, la Patrulla Fronteriza en Puerto Rico y las Islas Vírgenes de Estados Unidos ha interceptado a 1,376 personas, un aumento de 105 en comparación con el año fiscal anterior. La mayoría son migrantes haitianos, 843, que forman parte de la mayor migración en barco desde Haití desde 2004, según los guardacostas estadounidenses. Los siguientes son migrantes dominicanos, 353. En el sector también está aumentando el número de venezolanos, que en lugar de ir a Puerto Rico, se dirigen a las Islas Vírgenes de Estados Unidos.

La Guardia Costera ha repatriado a más de 5,300 haitianos que intentaban llegar a Puerto Rico y a los Cayos de la Florida en los últimos meses. En aguas cercanas a Puerto Rico, la agencia ha interceptado sobre todo a dominicanos, seguidos de los haitianos.

Antonetti, que está detrás de la cabina de mando, observa el flujo constante de objetos que aparecen en el radar y la cámara del avión para detectar embarcaciones sospechosas en las aguas. Dice que su trabajo es “gratificante” y “mentalmente agotador”.

Buques de carga, petroleros, remolcadores, veleros, catamaranes y buques de la Guardia Costera aparecen en las pantallas de Antonetti. También aparecen otros objetos. Las grandes algas marinas marrones que flotan en el océano, llamadas sargazo, parecen largas tiras. Esto y las olas pueden confundirse con barcos. Una vez vio una mancha que entraba y salía de la vista y la rastreó agresivamente antes de darse cuenta que eran ballenas.

El interior de un avión del Servicio de Aduanas y Protección de Fronteras de Estados Unidos usado para patrullar el Canal de la Mona, el estrecho entre Puerto Rico y La Española.
El interior de un avión del Servicio de Aduanas y Protección de Fronteras de Estados Unidos usado para patrullar el Canal de la Mona, el estrecho entre Puerto Rico y La Española.

“Hay que estar pendiente del radar todo el tiempo para asegurar que no es un barco”, dijo Antonetti. Cuando las tripulaciones de los aviones encuentran embarcaciones sospechosas, se convierte en un alboroto logístico de coordinación con el mando de la Patrulla Fronteriza en Aguadilla, así como con la Guardia Costera de Estados Unidos y otras autoridades.

Sicardo y Morales vigilaban las aguas desde las ventanillas de la cabina, dando a Antonetti indicaciones de dónde enfocar con la cámara: “Una milla al sur ... ir al norte de la Isla de la Mona ... seguir, seguir, seguir”.

“¡Hay como un millón de barcos!”, exclamó Antonetti, quien junto con el resto de la tripulación se preguntó si se estaba celebrando un torneo de pesca.

Las embarcaciones de los inmigrantes son tan pequeñas que pueden ser difíciles de detectar en la inmensidad del océano, pero a veces la tripulación puede verlas a simple vista.

“La mayoría de las veces están achicando agua”, dice Sicardo, el piloto.

El avión voló al sur de Puerto Rico y pasó por la playa de Combate, en Cabo Rojo, también lugar de desembarco de inmigrantes. El mes pasado 60 haitianos desembarcaron en la playa justo antes que la Patrulla Fronteriza los detuviera.

Cerca del mediodía, las costas acantiladas de la Isla de la Mona se asomaron por las ventanas de la cabina. Densas franjas de vegetación cubren su superficie. El diminuto Islote Monito sobresale del canal. El radar detectó un barco de la Guardia Costera cerca de la Mona, donde un grupo de 22 haitianos había desembarcado a primera hora del día.

Sicardo recordó que la Isla de la Mona ha sido históricamente un punto de desembarco para los inmigrantes. Antes que el entonces presidente Barack Obama pusiera fin a la política de “pies secos, pies mojados”, que permitía quedarse a los cubanos indocumentados que tocaban suelo estadounidense, recordó que muchos cubanos desembarcaban en la Isla de la Mona.

Volviendo a sobrevolar el canal, las costas dominicanas del centro turístico de Punta Cana brillaban desde lejos. Desde la ventanilla del frente se veía la costa occidental de Puerto Rico.

Hacia el final de la patrulla, una lancha azul con lo que parecían dos individuos y tres motores cruzó a toda velocidad las aguas del canal desde el oeste, en dirección a la República Dominicana. Al considerarla potencialmente sospechosa, la tripulación marcó la embarcación para que fuera revisada por la agencia una vez que se acercara a Puerto Rico.

Aumentan los viajes de los inmigrantes por el Canal de la Mona

Las autoridades estadounidenses que patrullan la zona temen la posibilidad de que los viajes sobrecargados e inseguros sean mortales, como el naufragio del mes pasado en que murieron 11 mujeres. Y los rescates e interceptaciones en mar abierto pueden ser operaciones arriesgadas para todas las partes.

“El Canal de la Mona es muy peligroso debido a las condiciones ambientales extremas y a las embarcaciones, en muchos casos no equipadas para viajar en mar abierto, que se usan para la travesía”, dijo Edwin Viales, que rastrea a los migrantes desaparecidos para la Organización Internacional para las Migraciones.

Otis Sicardi y Carlos Antonetti, agentes federales de la unidad de Operaciones Aéreas y Marítimas de la Oficina de Aduanas y Protección de Fronteras de Estados Unidos
Otis Sicardi y Carlos Antonetti, agentes federales de la unidad de Operaciones Aéreas y Marítimas de la Oficina de Aduanas y Protección de Fronteras de Estados Unidos

Si los migrantes que intentan llegar a Puerto Rico sin ser detectados no son detenidos en el mar por las autoridades estadounidenses o dominicanas, son dejados por los contrabandistas en las islas deshabitadas del canal sin comida, contacto o agua, o en las costas occidentales del territorio estadounidense.

“En las yolas nadie lleva chaleco salvavidas, normalmente, tienen un motor pequeño para reducir el ruido”, dijo Scott Garrett, agente en jefe de patrullaje en funciones del sector de Ramey. “El motor más pequeño significa que es menos probable que sean detectados, pero también significa que están más tiempo en el agua. Y cuanto más tiempo estén en el agua, más peligroso es”.

Garrett citó la agitación en Haití, como el asesinato del presidente Jovenel Moïse en julio de 2021, y un gran terremoto cinco semanas después, como algunos de los factores que impulsan la histórica migración haitiana. Los haitianos también han citado la escalada de la violencia de las pandillas y los secuestros en el país, junto con el aumento de la pobreza.

“La mayoría trata de encontrar una salida”, dijo Garrett.

A pesar de no haber detectado ninguna embarcación de presuntos migrantes indocumentados en el patrullaje del jueves, la tripulación de la Patrulla Fronteriza dice que es solo cuestión de tiempo hasta que encuentren la próxima yola rebotando en las corrientes de la Mona.

La semana pasada, cerca de 50 migrantes haitianos desembarcaron en islas deshabitadas del Paso de la Mona. Una embarcación dejó a la gente en los acantilados del Islote Monito. En la estación de Aguadilla, la CBP retuvo al grupo de Monito para su procesamiento en tiendas de campaña con aire acondicionado y rodeadas de alambradas, instalaciones temporales mientras la CBP se remodela.

El grupo de hombres y mujeres, separados por género, dormía en catres y caminaba alrededor de la carpa. Los presuntos contrabandistas del viaje estaban en una celda separada. Vestidos de azul, los tres dominicanos estaban sentados en su celda en silencio.

La Patrulla Fronteriza esperaba que el grupo separado de haitianos que había desembarcado en la Isla de la Mona ese mismo día se presentara en la estación para su procesamiento, donde la agencia puede proporcionar traductores por teléfono que hablen criollo haitiano y cuestionarios en papel en el idioma en los que se hacen preguntas básicas como su nombre y lugar de nacimiento y por qué habían dejado su hogar en primer lugar.

“Con las condiciones del mar”, dijo Garrett, “es un viaje peligroso”.

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