El trueque Arthur-Pjanic: así funciona la ingeniería fiscal de los clubes de fútbol que explica fichajes incomprensibles

Arthur Melo jugando un partido con el Barcelona. Foto: Eric Alonso/Getty Images.

Es un secreto a voces, todavía sin confirmación oficial, pero todo el mundo lo da por hecho. Arthur Melo, futbolista brasileño del Barcelona de 23 años, se va a ir la temporada que viene a la Juventus. A cambio, al Camp Nou llegará desde Turín el bosnio Miralem Pjanic, que tiene 30 y lleva ya tiempo brillando en el calcio. Futbolísticamente podríamos estar horas y llenar páginas debatiendo quién sale ganando, o hasta qué punto los culés hacen bien en desprenderse de un joven talento con mucho margen de mejora reemplazándole por otro futbolista de gran calidad pero que ya está en la recta final de su carrera. Desde el punto de vista monetario la operación parece de lo más sencilla: es casi un trueque de piezas, porque, tal como se está planteando el negocio, los italianos deberán abonar a los catalanes diez millones de euros. Que, tal como está el mercado, parece más bien poco.

La transacción es muy limpia, con cifras redondas y cuentas claras. O eso parece. Porque el negocio, en realidad, esconde una operación complejísima de ingeniería fiscal que relega el césped a un segundo, o tercer, plano, pero viene muy bien para cuadrar balances, ya que ambos equipos implicados se las van a apañar para declarar ingresos por valor de unos 60 millones. Swiss Ramble, un tuitero especializado en economía futbolística, lo ha explicado en un hilo bastante elocuente.

Se parte de la premisa de que, a efectos contables, los futbolistas se consideran activos del club, es decir, “propiedades” que tienen un determinado valor. Cuando un equipo ficha a un jugador, el coste del traspaso se va repartiendo durante los años de contrato que ha firmado. Por ejemplo, en el caso concreto de Arthur, el Barça se hizo con sus servicios en verano de 2018 pagándole (redondeando y sin contar variables cuya cuantía exacta se desconoce) 30 millones al Grêmio brasileño. Como firmó por seis temporadas, cada curso se amortizan cinco millones.

Estamos en verano de 2020, han pasado dos temporadas, lo que significa que 10 millones se consideran ya amortizados. Por tanto, ahora mismo Arthur cuenta como un activo por valor de 20 millones. Así pues, si se le vende fijándole un precio de 80 millones, el beneficio obtenido (lo que se ingresa de la venta menos lo que falta por amortizar) es de 60. O mirándolo de otra manera: 80 millones de venta, menos 30 que costó, más 10 que ya están amortizados, son 60 que constan como ganancia.

Miralem Pjanic (izquierda), con la camiseta de la Juventus, en un enfrentamiento contra el Barcelona en la Champions League de 2017. Foto: Giorgio Perottino - Juventus FC/Juventus FC via Getty Images.

Por parte juventina la jugada es muy similar. Compraron a Pjanic de la Roma en julio de 2016 por un importe de 35 millones y un contrato de cinco temporadas, es decir, que la amortización es de siete por temporada. Pero en 2018, cuando habían pasado dos cursos (es decir, lo que faltaba por amortizar eran 21 millones) se prorrogó su vínculo con los blanquinegros hasta 2023. En vez de faltar tres años para acabar, quedaban cinco. La cantidad anual se redujo a 4,2 millones. Han pasado otras dos temporadas, así que una sencilla operación matemática nos permite deducir que Miralem, sobre el papel, tiene un valor de unos 13 millones.

Hacemos lo mismo: le traspasamos por un valor declarado de 70 millones. Setenta menos trece son cincuenta y siete, que es el beneficio que la Juve se apunta en sus registros. Los diez millones de diferencia entre lo que “gastan” unos y otros se pagan en efectivo y es el único dinero que se mueve en realidad. ¡Todos salen ganando!

O bueno, casi. Está por ver qué opina Quique Setién, o quien sea entrenador del Barça el año que viene, sobre el negocio; a muchos aficionados no les hace demasiada gracia, en vista del potencial de ambos centrocampistas. Luego está el factor de que Pjanic pretende cobrar 7,5 millones anuales y el salario de Arthur es mucho más bajo: unos tres millones. Con los líos que han tenido los azulgranas a cuento de los sueldos de los futbolistas últimamente, este detalle puede hacer saltar chispas. Pero de arreglar eso que se encargue el próximo presidente, que en 2021 como muy tarde tiene que haber elecciones a las que Bartomeu no se presentará (los estatutos se lo impiden, al estar ya en su segundo mandato).

¿Valen de verdad Pjanic y Arthur semejantes dinerales? Todo hace pensar que no. Un precio justo para el brasileño, a juicio del CIES, es de 71,5 millones; Transfermarkt lo rebaja a 56. El bosnio cotiza a 52 millones según Transfermarkt, y en el CIES ni sale porque no está entre los 100 más valiosos de Europa (es decir, que no llega a los 48,4 de Ødegaard). Estamos ante un artificio financiero que permite salvar el ejercicio y que, aunque no sea ilegal, sí que podría considerarse moralmente reprochable, sobre todo de cara a los socios barcelonistas que hayan depositado su confianza en los gestores.

No es, ni mucho menos, la primera vez que ocurre. Sin salir del propio Barcelona, algo muy similar se produjo el año pasado en el intercambio de porteros con el Valencia que llevó a Cillessen a orillas del Turia y a Neto a chupar banquillo a la sombra de Ter Stegen. El trapicheo sirvió para que ambos se apuntaran ganancias de 25 millones (aunque no se moviera ni un céntimo) y las tesorerías no cayeran a números rojos.

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