“Barbijos por fideos”: por la pandemia, el trueque recobra fuerza en el conurbano bonaerense

Alejandro Horvat
·5  min de lectura
El trueque en la plaza Pineral de Caseros: tal como sucedió en la crisis de 2001, la feria no para de crecer
Hernan Zenteno

Jesica Vaido, de 26, años, trajo al trueque dos cartones de leche. Sus tres hijos están en edad escolar y cada uno de ellos recibió una leche en la escuela. Como Vaido considera que alcanza con un solo cartón, dice que le “sobran” dos. Hoy lo que le falta es jabón para lavar la ropa.

Natalia Galarza, de 43 años, tiene jabón, pero no tiene leche, uno de los insumos que necesita para cocinar lo que luego vende de manera ambulante. El jabón lo consiguió luego de cambiarlo por unos tapabocas que hizo a mano.

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“Esto es así, si te sobran unos fideos, venís a buscar un aceite o un puré de tomate. También muchos cambian objetos de la casa por comida porque no tienen para comprar. Mi hijo pudo hacer unos trabajos de jardinería porque trajo un poco de mercadería y la cambió por una pala. Esto es así, nos ayudamos entre todos a cubrir nuestras necesidades, sin el trueque nos faltaría de todo en la mesa y en la casa. Por ejemplo, para mi comprar ropa es imposible, gracias al trueque visto a mis cuatro nenes”, describe Galarza.

Ambas están en el trueque que se organiza en la plaza Pineral, en el partido de 3 de Febrero, que existe hace aproximadamente cuatro años, pero durante la pandemia de coronavirus su crecimiento fue exponencial. Algo similar a lo que sucedió con el conocido Club del Trueque. Si bien funcionaba desde los 90′, durante la crisis del 2001 sumaron miles de personas que pasaron a necesitar de ese espacio para subsistir. En la Argentina, el trueque quedó asociado a las peores crisis económicas que ha sufrido el país.

A la plaza algunos llegan sin saber qué es lo que podrán conseguir a cambio de lo que llevaron, pero muchos otros pactan el intercambio en páginas de Facebook, una de ellas se llama Mutua Ayuda, allí la gente publica lo que va a traer y si de antemano hay algún interesado cierran el trato de manera virtual. Hoy, en uno de los árboles de la plaza pegaron una cartulina y todos los que llegan anotan su nombre, así ambas partes podrán saber si el otro finalmente asistió al trueque para concretar el trato.

Feria del trueque en la plaza Pineral de Caseros
Hernan Zenteno


Feria del trueque en la plaza Pineral de Caseros (Hernan Zenteno/)

Estefi Autore, de 28 años, es una de las que administra ese grupo de Facebook. Explica que para determinar el valor de las cosas se toma el precio de un supermercado y nada de lo que se lleve al trueque puede valer más que 3000 pesos. También han creado una unidad de valor que se llama “producto” y vale 30 pesos. Si alguien trae una yerba de 60 pesos, eso valdrá dos “productos”. Autore llegó al trueque luego de atravesar una difícil situación personal por la cual no podía trabajar: “Acá hay gente que se quedó sin laburo y por venir a intercambiar cosas a la plaza se pueden llevar una bolsa con mercadería. Yo quiero estudiar enfermería, yo quiero ser más, ahora me gustaría estar estudiando pero tengo que estar acá”.

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Acá el dinero físico también tiene un rol. Si una persona no cuenta con algún objeto o mercadería para satisfacer las necesidades del otro, se puede acordar un precio de venta o incluso es posible salvar una diferencia de valor abonando una suma acordada entre las partes.

Feria del trueque en la plaza Pineral de Caseros,l en el partido de Tres de Febrero. Lidia Paez con su hija Marisol Meza. Su puesto en la feria les ayudo a comer durante la cuarentena. Cambian alimentos y utensilios. 
SOC  Foto: Hernan Zenteno  30_3_21
Hernan Zenteno


Feria del trueque en la plaza Pineral de Caseros,l en el partido de Tres de Febrero. Lidia Paez con su hija Marisol Meza. Su puesto en la feria les ayudo a comer durante la cuarentena. Cambian alimentos y utensilios. SOC Foto: Hernan Zenteno 30_3_21 (Hernan Zenteno/)

Lídia Páez, de 61 años, está en el trueque y se considera millonaria, dice que acá escucha historias tan tristes que la ayudan a matizar su difícil situación. “La falta de trabajo a muchos les quema la cabeza, ves cosas penosas acá. Hay gente con muchas necesidades y con la pandemia la situación empeoró. Pero este lugar te ayuda a sobrevivir, cuando yo llegué acá no tenía ni para los fideos. De a poco mejoramos, antes veníamos caminando, ahora venimos en colectivo”.

Ella cuidaba a personas mayores, pero se quedó sin empleo. Ahora limpia casas y cambia su trabajo por mercadería que luego usa como moneda de cambio en el trueque. Por eso sobre la manta que hoy apoyó sobre la vereda tiene una amplia variedad de cosas, desde galletitas hasta pequeñas macetas y algo de ropa.

En el trueque de la plaza Pineral muchos suelen intercambiar alimentos
Hernan Zenteno


En el trueque de la plaza Pineral muchos suelen intercambiar alimentos (Hernan Zenteno/)

“Esto es una rueda, nos ayudamos entre todos. Este lugar te ayuda a no deprimirte, te da la esperanza de poder conseguir lo que necesitas para vivir en vez de quedarte llorando en tu casa esperando que te caiga algo de arriba que nunca te va a caer”.

Esta red de ayuda también sirve para conseguir un trabajo o para solucionar alguna situación extrema, como una familia a la que se le quemó la casa y gracias al trueque pudieron conseguir colchones, sábanas y algo de ropa.

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“Acá viene gente sin nada para intercambiar, pero que sabe algún oficio y pueden trabajar a cambio de comida o de ropa o lo que necesiten. También hacemos colectas para familias que están atravesando una situación difícil. Uno nunca sabe cuándo va a necesitar, por eso es una rueda que todos la mantenemos girando”, dice Páez, que tiene dos nietos a su cargo y vive en Fuerte Apache.

Natalia Galarza le cambio fideos y latas de tomate por barbijos a Sofía Martínez
SOC  Foto: Hernan Zenteno  30_3_21
Hernan Zenteno


Natalia Galarza le cambio fideos y latas de tomate por barbijos a Sofía Martínez SOC Foto: Hernan Zenteno 30_3_21 (Hernan Zenteno/)

Liliana Alderete tiene 26 años. Ella llegó al trueque hace más o menos dos años. Suele hacer artesanías que luego cambia por mercadería, pero también levanta las cosas que encuentra en la calle, las recicla y luego las intercambia. Sabe que esta es una gran red de contención y agradece que esté funcionando, pero lamenta la cantidad de personas que se han acercado en el último tiempo con necesidades de todo tipo.

“Esto creció mucho, cada vez viene más gente. Se escuchan cosas muy tristes, la pandemia pegó muy fuerte. Por ejemplo, hemos visto una pareja de viejitos que traía platos y vasos de su casa para venderlos, que además acá se venden muy baratos, y así poder comprarse los remedios para la diabetes, ellos no los estaban recibiendo por parte del Estado y tuvieron que salir a comprarlos por su cuenta”, relata Alderete.