Bandas criminales se convierten en los guardianes de las mezquitas de Nueva Zelanda

Miembro de una banda criminal mientras sus compañeros realizan el haka, baile tradicional maorí.

Los miembros de la banda organizada de motoristas de Nueva Zelanda, Mongrel Mob, tienen un ritual de iniciación bastante peculiar. Introducen cerveza en el interior de botas de calzar y los nuevos miembros beben de ella. Para los musulmanes no hay nada más sucio que la suela de un zapato. Es probable que no sea la única diferencia entre unos y otros, sin embargo, nada tiene más importancia que la solidaridad, especialmente en un momento tan sensible.

El viernes se cumple una semana del atentado que ha dejado 50 fallecidos y decenas de heridos en Christchurch y que fue retransmitido en vivo por el autor durante 17 minutos. Siete días de luto, de llantos y en los que ya se habrán enterrado a gran parte de las víctimas. Los demás, aquellos feligreses que cada viernes de oración cumplen religiosamente con su costumbre de acudir a la mezquita, viven entre el temor de volver a su rutina y la sensación de no poder faltar a su fe. En este contexto, los integrantes de Mongrel Mob de la sección de la región de Waitkato se han comprometido a que reine la paz.

El miembro de una comunidad musulmana se funde en un abrazo con un Mongrel Mob.

Para ello, acudirán a la mezquita de Jamia Masjid en la ciudad de Hamilton, ubicada en la isla norte, para hacer guardia mientras los asistentes llevan a cabo sus oraciones. 

“Apoyaremos y asistiremos a nuestros hermanos y hermanas musulmanes durante el tiempo que necesiten”, afirmó el presidente de la organización, Sonny Fatu, a Stuff. “Nuestra pretensión es que recen sin miedo”, agregó mientras tanto su grupo como otros rivales realizaban hakas, baile tradicional, en diferentes mezquitas para rendir tributo a las víctima.

Los representantes de la organización prometieron a los líderes de la comunidad musulmana que no acudirán armados y que irán ataviados con vestimenta adecuada. Su cometido será el de propiciar un ambiente relajado entre los feligreses, quienes a través de su presidente en Waitkato, Asad Mohsin, han extendido una invitación para que los miembros de la banda organizada participen en la oración.

Exmiembro de una banda muestra un tatuaje recién hecho con el rostro de una musulmana.

Les daríamos la bienvenida si entraran a rezar con nosotros. Son parte de nosotros y nosotros somos parte de ellos. No los vemos como una banda sino como iguales”, declaró Mohsin.

Mongrel Mob no es el único grupo que ayudará a los musulmanes a llevar a cabo sus oraciones este viernes. Organizaciones rivales como Black Power y The King Cobra también se asegurarán de que los feligreses acudan a distintas mezquitas con algo más de tranquilidad. La llamada solidaria se ha trasladado también a Australia, donde componentes de Mongrel Mob están patrullando en mezquitas de Sidney.

Este tipo de organizaciones tienen una predominancia maorí, aborígenes de Nueva Zelanda, y según reportes de medios locales han ofrecido ayuda a las comunidades más necesitadas a lo largo de su historia. En 2010, la organización de los Mongrel Mob decidieron aliarse con Salvation Army para combatir el consumo de metanfetamina en el país oceánico. Sin embargo, estos grupos también tienen una faceta criminal que suponen un auténtico quebradero de cabeza para las autoridades. Son varias las operaciones que han tenido que realizar y algunas de ellas suponen una auténtica contradicción.

Miembro de la banda organizada King Cobra deposita una flor en homenaje a las víctimas.

En marzo de 2018, la policía realizó una redada en cuatro casas de Opotiki, isla norte de Nueva Zelanda, y detuvieron a tres miembros de la banda de motoristas a los que acusaron precisamente de distribuir metanfetamina. Tiroteos y peleas entre bandas rivales son las causas más frecuentes por las que este tipo de grupos criminales acaban entre rejas. 

Ahora han enterrado el hacha de guerra por una causa común: defender los intereses de la comunidad musulmana. A esta minoría no le atañen las prácticas criminales que realicen sus nuevos guardianes, sino su ofrecimiento para brindar seguridad a una población herida, que desde el fatídico viernes pasado vive en una alerta continua e inevitable.