El sexto sentido del que habló Nietzsche y que surge con el baile

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“Sin la música, la vida sería un error” - Nietzsche [Foto: Getty Images]
“Sin la música, la vida sería un error” - Nietzsche [Foto: Getty Images]

Deberíamos considerar perdidos los días en que no hemos bailado al menos una vez”, dijo Friedrich Nietzsche. El baile era tan importante para el filósofo alemán que lo menciona en la mayoría de sus obras. En “El crepúsculo de los ídolos” escribió que “hay que aprender a pensar como hay que aprender a bailar, concibiendo el pensamiento como danza”.

Para Nietzsche, bailar forma parte del proceso de crecimiento que implica superarse a sí mismo. El baile no es una actividad meramente física, sino que implica comprender la armonía, liberarse, conectar con uno mismo, expresarse… Habilidades que también son esenciales para el pensamiento y la vida.

Bailar nos ayuda procesar las vivencias y liberarnos de la ira, la amargura y la frustración. Abre nuestra mente y nuestros corazones. Tiene un efecto terapéutico, como han comprobado diferentes estudios. También se ha constatado que las personas que bailan son más felices y se sienten más satisfechas con su vida y sus relaciones. Sin embargo, quizá lo más interesante es que bailar potencia un “sexto sentido”.

El baile, la sensibilidad emocional y la conciencia corporal

“La danza es el lenguaje oculto del alma” - Martha Graham [Foto: Getty Images]
“La danza es el lenguaje oculto del alma” - Martha Graham [Foto: Getty Images]

En un experimento realizado en la Universidad de Londres, los investigadores pidieron a un grupo de bailarines y otro grupo compuesto por personas que no bailaban que miraran una serie de vídeos en los que se expresaban emociones como la tristeza o la alegría a través de la danza.

Colocaron pequeños electrodos en los dedos de los participantes para medir la respuesta galvánica de la piel, un indicador de las reacciones afectivas ante las emociones que percibían. Descubrieron que los bailarines diferenciaban entre la tristeza y la alegría en la danza, pero el resto de las personas no notaba la diferencia. Eso les hizo pensar que quienes bailan son más sensibles emocionalmente al lenguaje corporal de los demás.

¿Por qué las personas que bailan son más sensibles emocionalmente? Esa pregunta condujo a los investigadores a poner en marcha un segundo experimento. En esta ocasión pidieron a los participantes que contaran en silencio los latidos de su corazón durante un lapso de tiempo. Sin embargo, no podían tomarse el pulso de ninguna manera, tan solo podían sentir su corazón.

Mientras tanto, registraban los latidos con unos electrodos que colocaron en el pecho de los participantes. Luego los investigadores compararon el número de latidos que referían las personas con el número de latidos real registrado. Así determinaron la sensibilidad a los estados internos.

Descubrieron que los bailarines eran mucho más precisos contando los latidos del corazón que quienes no bailaban, independientemente de la frecuencia cardiaca. Además, la experiencia jugaba a su favor. Los bailarines experimentados podían percibir con mayor precisión los latidos de su corazón. Eso les llevó a concluir que las personas que bailan tienen una interocepción más desarrollada.

Interocepción, el sexto sentido para comprender lo que ocurre en nuestro interior

Las emociones hablan a través de nuestro cuerpo. [Foto: Getty Images]
Las emociones hablan a través de nuestro cuerpo. [Foto: Getty Images]

La interocepción es la habilidad para percibir y comprender nuestros estados corporales internos, una especie de sexto sentido que no está dirigido a percibir el mundo exterior sino nuestro universo interior.

La conciencia de las señales corporales, como los latidos del corazón, es clave para tomar conciencia de nuestras emociones y las de los demás. De hecho, existe un vínculo muy profundo entre las emociones y el cuerpo. Las emociones hablan a través de nuestro cuerpo. Por eso sentimos mariposillas en el estómago cuando nos enamoramos, un corazón desbocado nos indica que tenemos miedo y la sensación de vacío en el pecho nos habla de una pérdida.

La mente toma nota y evalúa todas las señales fisiológicas, desde el dolor y el ritmo cardiaco hasta la temperatura corporal, para para dar sentido a la experiencia emocional. Así comprendemos que estamos nerviosos, tristes o excitados. La interocepción es la capacidad que nos permite percibir esas sensaciones viscerales y enmarcarlas dentro de nuestras experiencias. Sin la interocepción estaríamos desconectados de nosotros mismos y de nuestro mundo emocional.

De hecho, la interocepción no solo nos ayuda a interpretar nuestras emociones sino también a gestionarlas. Darnos cuenta de las primeras señales de estrés, por ejemplo, nos permitirá tomar medidas para evitar que se agudice. En cambio, si estamos desconectados de nuestro cuerpo esas señales pasarán desapercibidas, hasta que sea demasiado tarde.

Si dejamos que el estrés avance podría interferir en la percepción de nuestros estados internos, como comprobaron investigadores de la Universidad de Luxemburgo. Sin la interocepción, el estrés nos haría caer por una ladera y no nos daríamos cuenta de lo que ocurre hasta llegar al fondo.

No es casual que una escasa interocepción se haya vinculado a la desregulación emocional, la cual puede terminar provocando trastornos psicológicos como la ansiedad, la depresión y el trastorno de estrés postraumático. Por el contrario, una interocepción desarrollada es la base para anticiparnos a los problemas, prepararnos para afrontar la adversidad y elegir las estrategias de regulación emocional más eficaces para adaptarnos a los entornos cambiantes. Eso promueve el bienestar, la conexión social y una relación saludable con uno mismo.

La interocepción también nos ayuda a conectar con los demás. Se ha apreciado que no solo facilita la percepción de las emociones propias, sino que es la llave que nos abre la puerta al universo afectivo de otras personas. Es probable que ello se deba a que nuestro cerebro representa las experiencias emocionales de los demás como propias. Por eso en algunos casos podemos llegar a sentir el dolor y el sufrimiento de los demás, no en sentido metafórico sino literal, en nuestro cuerpo.

La conexión entre la interocepción y el baile está en el cerebro

Bailar entrena nuestra conciencia corporal, preserva el autocontrol emocional y nos ayuda a conectarnos con los demás. [Foto: Getty Images]
Bailar entrena nuestra conciencia corporal, preserva el autocontrol emocional y nos ayuda a conectarnos con los demás. [Foto: Getty Images]

¿Por qué bailar nos ayuda a desarrollar la interocepción y, por ende, a gestionar las emociones? El neurocientífico Arthur Craig cree que la clave está en la ínsula. Se trata de un área del cerebro que interpreta el estado interno del cuerpo sumando las señales que provienen del sistema nervioso autónomo, la frecuencia cardíaca y respiratoria, el dolor, la temperatura corporal o los movimientos del tracto digestivo.

La ínsula también desempeña un rol importante en el concepto del “yo”, que se basa en nuestra capacidad para reconocer y evaluar nuestro estado corporal interno, así como en la atención, la regulación emocional, la percepción del tiempo y la toma de decisiones. Además, se activa cuando nos ponemos en movimiento y cuando escuchamos música, lo cual sugiere que la interocepción está ligada a la conciencia cinestésica y la percepción de los ritmos.

Eso podría significar que bailar “afina” el funcionamiento de la ínsula, lo cual nos ayudaría a desarrollar ese sexto sentido que es la interocepción. A fin de cuentas, el baile nos reconecta con nuestras sensaciones permitiéndonos ser más conscientes de nuestra corporeidad. También nos ayuda a expresar las emociones a través del movimiento, convirtiéndose en una válvula de escape para el estrés, la angustia o la ansiedad.

Por eso, bailar entrena nuestra conciencia corporal, preserva nuestra capacidad para procesar las vivencias emocionales y nos ayuda a conectarnos con los demás. ¿Aún necesitas más motivos para bailar?

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