Los búlgaros dudan en la sala de espera de la eurozona

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Una fila delante de una oficina de cambio de divisa en Sofía el 17 de diciembre de 2021 (AFP/Nikolay Doychinov)

En la fila de una oficina de cambio de Sofía, la capital de Bulgaria, las opiniones están divididas sobre la entrada del país a la zona euro, prevista para 2024 aunque sin garantías de producirse a tiempo.

Krasimir Atanasov, un instructor de tenis de 37 años, se inclina por el cambio. Como millones de compatriotas, ha emigrado al extranjero (a Finlandia en su caso) y quiere que Bulgaria "sea como otros países europeos" y adopte la moneda única.

Pero Valeria Petrova, una mujer de 58 años que se define como "nacionalista", prefiere "mantener el lev", la divisa nacional búlgara.

Entre sus preocupaciones emerge el espectro de que su país termine como Grecia, forzada a llevar a cabo dolorosas reformas estructurales impuestas por los dirigentes europeos. Y otro hombre a su lado teme que el euro provoque "precios más caros".

Incluso una de las asociaciones de operadores turísticos del país, ABTTA, esgrime que aunque la moneda comunitaria "facilitaría" los negocios en el sector, podría conllevar una "reducción del poder adquisitivo".

- Camisa de fuerza -

Bulgaria se unió a la Unión Europea en 2007. El año pasado se incorporó a la unión bancaria y al mecanismo de tipo de cambio ERM II, en el que cualquier candidato debe permanecer dos años antes de poder entrar a la eurozona.

El tipo de cambio previsto para el ingreso es de 1,95583 lev por cada euro, el mismo valor que ha tenido la moneda desde la creación de la eurozona en 1999.

El nuevo gobierno, investido este mes tras un año de bloqueo político, prometió tomar "todos los pasos necesarios para ingresar a la eurozona" y el ministro de Finanzas, Assen Vassilev, afirmó que quiere "un debate público más amplio" para convencer a los escépticos.

Preguntado sobre si el objetivo de entrar en 2024 era realista, Vassilev dijo en una entrevista a la AFP en noviembre que "tomará algo de trabajo, pero es factible".

Con excepción del partido socialista, "hay un relativo consenso" en el espectro político a favor del ingreso, dice el economista Ruslan Stefanov, del Centro para el Estudio de la Democracia.

Sin embargo, "hay temores" en el país, que conserva el recuerdo de la grave crisis económica de 1996-97, con 14 bancos en quiebra y una inflación por encima del 300%.

Tras esa crisis y bajo la presión del Fondo Monetario Internacional (FMI), Bulgaria estableció una "tabla de divisas" que fijó el tipo de cambio del lev, arregló la inflación y llevó a una de las menores deudas públicas de la Unión Europea (25% del PIB).

Esta camisa de fuerza, que permite un mayor control del gasto público, desaparecerá cuando se introduzca el euro, un reto que para Vassilev puede ser "muy peligroso".

En opinión del ministro, debería desplegarse otro mecanismo para evitar que "el país caiga en una espiral de deuda".

- Cuestiones por resolver -

Además de los obstáculos domésticos, Vassilev es consciente de que puede haber "falta de voluntad política" de otros países miembros respecto a la entrada de Bulgaria.

El país más pobre de la UE, de casi siete millones de personas, cumple todas las condiciones macroeconómicas para ingresar a la eurozona, pero sufre un alto nivel de corrupción que preocupa a algunos expertos.

La prolongada inestabilidad política del país en 2021 tras una serie de masivas protestas anticorrupción en 2020 también "ha ralentizado el proceso" de reformas, según una fuente europea.

Esta fuente señaló que "hay cuestiones sobre Bulgaria y los sistemas que tienen implementados" para luchar contra el blanqueo o la corrupción.

Poner fin a este tipo de prácticas es el núcleo del programa del nuevo gobierno.

En contraste con Croacia, otro país candidato del que se espera que pueda unirse "bastante pronto", la fuente europea indica que en el caso búlgaro "hay numerosos hitos que todavía no se han alcanzado completamente".

Bruselas debe asegurarse de que el acceso de Bulgaria "no resulte contraproducente", apunta.

Se espera que la Comisión Europea reevalúe la situación de Bulgaria alrededor de mayo.

Mientras, en Bulgaria temen que la adopción del euro termine eternizándose tanto como el ingreso al espacio de libre circulación europeo Schengen, un conjunto de 26 países europeos que han abolido los controles fronterizos internos.

Hace diez años que cumple todos los requisitos técnicos pero, como en el caso de la eurozona, Bulgaria sigue en la sala de espera.

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