Azovstal, la siderúrgica convertida en último foco de resistencia

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Las tropas rusas rodearon la planta de Azovstal a principios de marzo y desde entonces han ido tomando el control de la mayor parte de la ciudad de Mariúpol hasta su ataque de ahora. Se desconoce con exactitud el número de combatientes ucranianos que estaban atrincherados. Los rusos estimaron hace días la cifra en unos 2.000, de los cuales 500 estaban heridos. Aún permanecían en el sitio algunos cientos de civiles, según ha dicho la viceprimera ministra ucraniana Iryna Vereshchuk.

Se trata del último foco de resistencia en Mariupol. Los civiles evacuados del complejo siderúrgico de Azovstal narran días y noches llenos de desesperación tras los incesantes ataques rusos en el gran entramado de búnkeres subterráneos de esta enorme planta que ocupa más de 11 kilómetros cuadrados. Hasta ahora Moscú había excluido la posibilidad de lanzar un asalto directo contra la acería para evitar bajas rusas, optando por sitiar la planta e impedir el acceso de ayuda a los asediados. Casi todos sus edificios están destruidos según imágenes satelitales y las entradas de algunos de los búnkeres están bloqueadas por voluminosas placas de hormigón que solo se podrían remover con maquinaria pesada.

No es la primera vez que esta enorme industria sufre los efectos destructivos de una guerra. Su pasado está llena de sobresaltos y refleja fielmente la propia historia de Ucrania en las últimas décadas.


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