¿Ayudó el auge de la telefonía móvil a reducir los asesinatos en EEUU en los años 90?

Desde mediados de la década de 1960 y por los siguientes 35 años, Estados Unidos experimentó índices muy elevados de criminalidad, sobre todo en asesinatos y ataques violentos, a niveles que no se habían registrado desde finales del siglo anterior. Y ello llegó a momentos especialmente agudos durante los años 80 y principios de los 90. Luego, esas tasas de homicidio y agresión comenzaron a declinar hasta volver años después a niveles comparables a los de principios de los sesenta.

Esa declinación en las tasas de crimen es ciertamente un dato auspicioso (si bien en los últimos años se ha registrado un incremento) y una de las grandes interrogantes de entonces y ahora es por qué cayeron en pocos años y de manera sustantiva la cantidad de asesinatos y crímenes violentos en Estados Unidos.

Pues aunque esos delitos siguen cometiéndose y es imperativo que sus índices se reduzcan aún más, la situación a partir del 2000 hasta hoy es sustancialmente diferente a la de años atrás.

El boom de los teléfonos móviles a mediados de la década de 1990 y principios de la del 2000 fue enorme e influyente en la sociedad. (Getty Creative)

En paralelo, los años 90 y los de la década del 2000 vieron el boom mayúsculo de las tecnologías digitales y, además de la internet, se expandió masivamente el uso de teléfonos móviles, lo que ofreció a las sociedades una capacidad de intercomunicación amplia e inusitada. Luego, internet y telefonía móvil confluyeron en los servicios de banda ancha y teléfonos inteligentes en el modelo actual.

Así, algunos investigadores han indagado, como se narra en un artículo publicado en The Atlantic, si existe alguna relación entre la considerable caída de los índices de crimen a partir de mediados de los 90 y el paralelo boom de la telefonía celular móvil.

Varios de esos expertos consideran que una y otra cosa en efecto estarían relacionadas.

Según diversos estudios, uno de los grandes catalizadores de la violencia y el asesinato en Estados Unidos, sobre todo en las grandes ciudades, fue una creciente y sangrienta batalla entre pandillas, mafias y otros grupos del crimen organizado por el control del territorio, sobre todo en el contexto de la también creciente venta de drogas.

Pero recientes y novedosas revisiones de ello sugieren que la llegada de los teléfonos celulares y la nueva capacidad de comunicación y movimiento que éstos permitieron, hicieron que el control directo de territorio perdiera relevancia pues se modificaron los patrones en los que los traficantes y los consumidores de drogas interactuaban entre sí. Eso redujo el conflicto entre bandas criminales y también el margen de ganancia de los narcomenudistas.

El efecto de esa comunicación potenciada por celulares podría haber contribuido a una reducción de entre el 19% y el 29% de los índices de homicidio entre 1990 y 2000, se cita en The Atlantic.

Las drogas ciertamente se han seguido vendiendo a enorme escala pero, se afirma, la comunicación móvil transformó las interacciones entre dealer y consumidor y eso habría contribuido a la baja de los crímenes violentos en Estados Unidos.

Ciertamente existen muchos otros factores que influyeron en la baja de la criminalidad a partir de los años 90, de índole jurídico (con mucho más rigor en el enjuiciamiento de personas), policial (con tácticas represivas más rudas), socioeconómicas y demás, pero en cierto modo, se narra en el citado artículo, había un aura de misterio en esa declinación. Y no se habría conseguido una explicación cabal o con amplio consenso todavía.

La teoría de que la comunicación telefónica móvil fue un factor en ello es una nueva teoría. Y aunque no está exenta de disputa y controversia, aporta un nuevo enfoque al asunto. Ciertos datos así lo sugieren, así sea de modo coincidente. Mientras la cantidad de homicidios, agresiones y robos se reducían, crecía la cantidad de celulares en operación en la sociedad estadounidense.

Y se añade que además de la transformación de la lógica de control territorial de las pandillas y narcomenudistas antes citada, la disponibilidad de teléfonos móviles a gran escala incrementó también la posibilidad de las personas de reportar delitos y conductas sospechosas. La telefonía móvil, se propone, fue un disuasor del delito o una forma de identificarlo y combatirlo que contribuyó a reducir la criminalidad.

La discusión no está en ningún modo cerrada y esa y muchas otras teorías se han mencionado para explicar la baja del crimen en la década de 1990 y del 2000, indicadores que son de relevancia no solo histórica sino de una practicidad punzante. Hoy, con un ligero repunte del crimen (al menos en comparación con los muy altos índices del pasado pero ciertamente ominoso) se alzan las voces que buscan formas de abatirlo nuevamente por vías que no sean la mera represión policial o el encarcelamiento masivo.

Y hay quien considera la teoría de los celulares insuficiente o equívoca, al señalar que hay datos que muestran que no necesariamente existió un paralelismo cercano entre el auge celular y la baja del crimen, pues hay diferencias cronológicas, geográficas y demográficas que ponen en duda esa explicación.

Y hay quien incluso considera que en la tendencia general declinante del asesinato y la violencia en Estados Unidos, que eran enormemente más altos en términos proporcionales durante los siglos XVIII y XIX pero se han reducido desde entonces, el alza entre los años 60 y 90 del siglo XX fue más bien la anomalía, y que su reducción posterior continúo una tendencia de muchas décadas atrás.

Con todo, es cierto que la irrupción de las tecnologías digitales y de comunicación móvil ha tenido enormes impactos en la sociedad, el comportamiento individual y colectivo y en general en las relaciones humanas y de la humanidad con su entorno. Un proceso que, en buena medida, apenas comienza.