Los que ayudan, sin ayuda

El Cairo, 7 may (EFE).- Cuando a finales de febrero los países de Oriente Medio empezaron a suspender vuelos y cerrar fronteras terrestres y marítimas ante el avance del coronavirus por Irán y la aparición de los primeros casos en Irak, viajeros, hombres de negocios y turistas no fueron los únicos que se quedaron en tierra.

Trabajadores humanitarios y redes de suministros de medicinas y alimentos de organismos de ayuda internacional que operan desde en escuelas en el noreste de Siria hasta hospitales en el Yemen o campos de refugiados en Jordania se quedaron cortados.

Dos meses después, los equipos de trabajo sobre el terreno de organismos internacionales acumulan cansancio por la falta de rotación y la carga adicional de tareas y preocupaciones que ha supuesto la llegada de la COVID-19 a lugares donde ya "llovía sobre mojado".

EL AGOTAMIENTO

Esa es la expresión que usa Celia Román, responsable médica de Médicos Sin Fronteras (MSF) para Oriente Medio, cuando comenta la situación sobre el terreno.

Destaca cómo las suspensiones de vuelos y transporte ha hecho que "muchísima de la gente que debía reemplazar a los que están ahora trabajando no han pedido llegar".

"Hace dos o tres semanas teníamos a cinco personas en Yibuti destinadas a Yemen y tuvieron que volverse a casa porque en cuestión de unos días, el tiempo en que estaban esperando el visado, cerraron el aeropuerto y se tuvieron que volver", explica.

Como consecuencia de esta situación, los equipos han tenido que seguir trabajando con el personal que tenían en cada lugar, en muchos casos en proyectos muy complicados, provocando una sobrecarga de esfuerzo y agotamiento.

"Hoy no podemos decir que no tenemos gente sobre el terreno porque no ha podido salir", dice resignada.

Los problemas no solo afectan a las personas sino a los suministros. "Es exactamente lo mismo: hay ordenes médicas que se están retrasando porque los aeropuertos están cerrados, entonces eso pone en riesgo no ya la respuesta COVID si no la respuesta ya de base necesaria a los proyectos regulares que teníamos", señala.

REINVENTARSE

La portavoz de Save the Children en Oriente Medio, Joelle Bassoul, indicó a Efe que los cierres de fronteras "han ralentizado" su capacidad de respuesta, igual que otros el personal que se encontraba en lugares como Yemen no pudo retornar y a los que pasaban al noreste de Siria desde Irak se les ha cerrado la puerta.

Eso ha hecho que los programas habituales se detengan y les haya obligado a "adaptar los programas rápido para poder dar respuesta a la naturaleza cambiante de la epidemia" apoyándose en aliados locales.

"En el noreste de Siria aunque las escuelas están cerradas, estamos trabajando con nuestros socios para asegurar el aprendizaje remoto en la medida de lo posible, también hemos distribuido tarjetas de teléfono para que las familias puedan conectarse y hacer sus deberes", dice.

INCERTIDUMBRE Y AMENAZA

El problema de abastecimiento supone un enorme desafío logístico y organizativo, según explica a Efe la portavoz para Oriente Medio del Comité Internacional de la Cruz y la Media Luna Roja (CICR), Sara Alzawqar.

"Creo que ahora mismo el principal desafío que tenemos como trabajadores humanitarios es la incertidumbre", indicó, al agregar que las restricciones y prohibiciones varían casi a diario generando una gran dificultad para planificar y hacer llegar recursos adonde es necesario.

Presión en los equipos logísticos y problemas adicionales con la COVID-19 para trabajadores humanitarios que habitualmente trabajan en zonas de conflicto en condiciones muy precarias.

"La gente que está en zona de conflicto siente que ya tienen muchas cosas de las que preocuparse estando en constante contacto con la muerte y la guerra todos los días (...) COVID-19 solo agrega un nivel más a una situación ya muy mala", afirma.

Las condiciones son particularmente difíciles a la hora de aplicar medidas de seguridad básicas como mantener la distancia social o lavarse con agua.

"Cómo haces esas cosas en lugares donde no están cubiertas necesidades básicas y tienes baños que son compartidos, y fuentes de agua que son compartidas (...) es un poco duro, tienen miedo", dice.

Y por si fuera poco, Alzawqari señala que se está produciendo el estigma contra el que no es del lugar.

"Personalmente no hemos tenido ningún incidente aunque somos conscientes de ello. Cualquiera que llega de afuera es visto como una amenaza ya sea los propios nacionales del país o extranjeros, son considerados como una suerte de amenaza", indicó.

"Los países están preocupados, los ciudadanos están preocupados y la preocupación está en ambos lados de la ecuación", afirma.

José Luis Paniagua

(c) Agencia EFE