Un avión con decenas de dramas humanos

Agencia EFE

Casablanca (Marruecos), 7 may (EFE).- El avión que hoy salió de Casablanca con 180 españoles o residentes en España repatriados desde Marruecos iba cargado de dramas personales, que son los que finalmente decidieron la inclusión de todas esas personas en un vuelo codiciado por cientos de solicitantes.

Por ejemplo, una muchacha de 17 años (llamémosla Imane) llegó al aeropuerto en una ambulancia medicalizada que la había recogido en un hospital de Tánger esta misma mañana, y al aterrizar en Madrid otra ambulancia está esperándola para su ingreso inmediato.

Con goteros de suero a su alrededor y una bata de hospital, la familia la protegía dentro de la ambulancia casi sin atreverse a salir "para no asustar a los demás", como dijo su madre.

A su lado, pálida y callada, Imane asiente. No le quedan casi fuerzas ni para hablar.

Imane es española, igual que sus hermanos de once y ocho años, todos nacidos en España y vecinos de Majadahonda, mientras que los padres son residentes y solo tienen el "pasaporte verde" marroquí: nadie dudó en ningún momento que los cinco, color del pasaporte aparte, debían formar parte de los pasajeros de este vuelo de repatriación.

El caso de Imane es especialmente dramático porque llegó con su familia a principios de marzo para el funeral de su abuela, y pocos días después, cuando Marruecos había decretado el cierre de fronteras, despertó con fuertes dolores y fue al hospital, donde le descartaron el coronavirus pero le detectaron algo más grave: un linfoma.

Su ingresó en el Hospital Oncológico de Tánger era muy costoso, por lo que varios funcionarios del Consulado de España al tanto de su situación organizaron una colecta para sufragar los gastos, a los que se sumó además la Embajada de Marruecos en España, según relató una fuente conocedora de los detalles del caso.

Horas antes del viaje que debía trasladarla hasta el avión de repatriación -450 kilómetros de carretera en la ambulancia- los médicos le detectaron además un neumotórax, y aconsejaron que un médico viaje a su lado durante todo el trayecto.

Su familia en España y la Embajada en Marruecos comenzaron una frenética búsqueda para encontrar a un facultativo que la acompañe, hasta que encontraron a uno disponible que hoy voló desde Madrid junto a la tripulación de Iberia con el único fin de acompañar a Imane.

La familia de Imane es más o menos representativa del pasaje que hoy llenaba el avión de repatriados: familias "mixtas" de marido español y mujer marroquí, o padres marroquíes e hijos españoles, representantes en suma de la extensa comunidad marroquí de España que supera el millón de habitantes.

Abundaban las mujeres embarazadas o con niños pequeños en brazos, más los casos de enfermos crónicos que han reclamado volver para no arruinarse pagando tratamientos que en Marruecos son privados y que en España cubre la Seguridad Social.

Eduardo, necesitado de diálisis, no tenía intención de separarse de su novia marroquí, pero el paso de las semanas y la merma de sus ingresos le obligaron a regresar a su Granada natal. Se despidió de su novia sin saber cuándo volverán a verse.

Algunos casos no son tan dramáticos pero ilustran igualmente el drama de las fronteras: Badredín es un melillense con cuatro hijos a su cargo que había pasado a la vecina Nador para hacer negocios cuando se vio atrapado por el cierre de fronteras el 13 de marzo. Un tío de su padre lo ha alojado desde entonces.

Desde donde estaba, su casa está a solo un kilómetro, más allá de la frontera, pero para cubrir ese trayecto ha tenido que viajar en coche desde Nador hasta Casablanca (600 kilómetros), volar a Madrid, bajar después a Málaga y desde ahí llegar en barco a Melilla: días y días de viaje.

Dice que le propusieron subir en una patera para cruzar al amparo de la noche el kilómetro que media entre Nador y su casa en Melilla. Le pidieron 500 euros. Prefirió pagar los 200 del avión y cruzarse dos países enteros antes de aceptar "esa locura".

Javier Otazu

(c) Agencia EFE