Avances en la cumbre de Glasgow: casi 100 países pactan reducir las emisiones de metano y proteger los bosques

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Activistas del medioambiente en las afueras de la sede de la cumbre climática en Glasgow
Dan Barker

PARÍS.– Un leve aire de optimismo sopló este martes sobre la COP26 después de que, en el segundo y último día de su presencia en Glasgow, numerosos presidentes y jefes de gobierno anunciaron dos importantes acuerdos para frenar el calentamiento climático: el primero para luchar contra la deforestación, el segundo para reducir las emisiones de metano.

“Si bien aún tenemos un largo camino para recorrer en nuestra lucha contra el cambio climático, soy prudentemente optimista”, dijo en la conferencia su anfitrión, el primer ministro británico Boris Johnson.

“Y una de las cosas que me dan optimismo –para aquellos países que tienen más dificultades en hacer abandonar los combustibles fósiles– es que estamos comenzando a formar coaliciones para ayudarlos”, precisó.

Manifestantes protestan en las afueras de la sede de la cumbre
Scott Heppell


Manifestantes protestan en las afueras de la sede de la cumbre (Scott Heppell/)

Poco antes, más de cien países habían acordado reducir, antes de 2030, el 30% de sus emisiones de metano; ese gas con efecto de invernadero es responsable del 25% del calentamiento climático desde la era preindustrial.

Su potencial de calentamiento es 82 veces superior al CO2 en 20 años y 29 veces mayor en un siglo. Además perdura mucho menos en la atmósfera.

Esto significa que una acción iniciada hoy puede producir un efecto de enfriamiento casi inmediato sobre la temperatura de la Tierra. El 60% de las emisiones de metano son producidas por la actividad humana. El resto, de origen natural, proviene de las zonas húmedas, los lagos y los ríos.

El corazón del combate

Durante mucho tiempo ausente de la agenda de las grandes cumbres sobre el clima, el metano se encuentra ahora en el corazón de la lucha contra el cambio climático.

En la 26 conferencia mundial de Naciones Unidas de Glasgow, 97 Estados firmaron este martes ese acuerdo, una iniciativa impulsada por Estados Unidos y la Unión Europea.

Francia, Alemania, la Argentina, Arabia Saudita, Canadá, Brasil, Estados Unidos, Indonesia, Irak e incluso Gran Bretaña aceptaron asumir ese primer compromiso político mundial en la materia. El conjunto de los signatarios representa casi la mitad de las emisiones mundiales de metano y 70% del PBI mundial.

Por el contrario, China, Rusia e India, responsables de un tercio de las emisiones, no se incorporaron a la nueva alianza. Fue una ausencia calificada de “gran error” por el presidente de Estados Unidos en conferencia de prensa en Glasgow, antes de partir de regreso a su país.

“Nosotros vinimos… y quedamos realmente impactados por la forma en que el resto del mundo mira a Estados Unidos y da importancia a su liderazgo”, dijo el presidente, insistiendo en la necesidad de “hacer significantes progresos” en materia de lucha contra el cambio climático.

Poco antes, en su última intervención ante la conferencia, Joe Biden había invitado a todos los países del planeta a unirse al pacto antimetano. “Aliento a todos a sumarse a este acuerdo. Es la estrategia más simple y eficaz que tenemos para desacelerar el cambio climático a corto plazo”, dijo.

El primer  ministro británico Boris Johnson, izquierda, y el primer ministro indio Narendra Modi
El primer ministro británico Boris Johnson, izquierda, y el primer ministro indio Narendra Modi


El primer ministro británico Boris Johnson, izquierda, y el primer ministro indio Narendra Modi

“Este compromiso es un avance de primera importancia para evitar que crucemos líneas rojas irreversibles. La rápida reducción de emisiones de metano es el medio más rápido de mantener los objetivos climáticos internacionales al alcance de la mano”, afirma Sarah Smith, directora de programa en la ONG Clean Air Task Force.

Si fuera respetado, el pacto permitiría evitar el 0,2°C de calentamiento global de aquí a 2050.

Para otros especialistas, si bien es una excelente iniciativa, por el momento no está asociada a acciones precisas. “Los países tendrán que decir cómo piensan hacer”, reflexiona Marielle Saunois, investigadora en el Laboratorio de Ciencias del Clima.

Ratificado este martes pero anunciado en la noche del lunes, el otro gran anuncio en Glasgow fue el compromiso de un centenar de países, que reúnen el 85% de los bosques mundiales –entre ellos Brasil, muy criticado por su política medioambiental– de terminar con la deforestación antes de 2030. Una promesa que, sin embargo, es severamente juzgada por las ONG.

Equilibrio

Verdaderos pulmones del planeta junto a los océanos, los bosques tienen un papel esencial en la lucha contra el cambio climático, pues absorben una parte importante de los miles de millones de toneladas de gases de efecto de invernadero liberados cada año en la atmósfera por las actividades humanas.

La iniciativa, a la que después de idas y vueltas terminó sumándose la Argentina, recibirá una financiación pública y privada de 19.200 millones de dólares sobre varios años.

En la actualidad, los bosques retroceden a “un ritmo alarmante de 27 canchas de fútbol por minuto”, según la presidencia británica de la COP26. Por esa razón, para las ONG como Greenpeace, el objetivo de 2030 anunciado este martes es demasiado lejano y da luz verde a “una década suplementaria de deforestación”.

El sol empieza a salir sobre el río Clyde ante la sede de la Cumbre Climática de Naciones Unidas COP26 en Glasgow
El sol empieza a salir sobre el río Clyde ante la sede de la Cumbre Climática de Naciones Unidas COP26 en Glasgow


El sol empieza a salir sobre el río Clyde ante la sede de la Cumbre Climática de Naciones Unidas COP26 en Glasgow

La ONG británica Global Witness teme ver repetirse “los fracasos de precedentes compromisos” similares, debido a una financiación insuficiente y un seguimiento aleatoria de las promesas.

Brasil cambió el lunes sus objetivos de reducción de emisiones de CO2, pasando del 43% a 50% antes de 2030 y una neutralidad de carbono en 2050.

También se sumó al pacto contra la deforestación. Sin embargo, desde 2019, desde la llegada al poder del presidente de extrema derecha, Jair Bolsonaro, la Amazonía brasileña perdió 10.000 kilómetros cuadrados de bosques por año, contra 6500km2 anuales en la precedente década.

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