El avance en Petrobras de Bolsonaro golpea su imagen y espanta a los mercados

Marcelo Silva de Sousa
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En esta foto de archivo tomada el 14 de diciembre de 2018, el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, y el ministro de Defensa, el general Joaquim Silva e Luna, asisten a una ceremonia en una base naval en la ciudad de Itaguai, estado de Río de Janeiro
Mauro Pimentel

RÍO DE JANEIRO.– El mercado brasileño reaccionó con fuerte pesimismo tras la decisión de Jair Bolsonaro, disconforme con los aumentos de precios de los combustibles, de nombrar a un general en el comando de Petrobras. La compañía perdió casi un cuarto de su valor y la Bolsa de San Pablo se desplomó en un día de fuerte nerviosismo por el temor de que la intervención en la petrolera pueda marcar la profundización de una agenda populista.

Los movimientos bruscos se dieron en el primer día hábil luego de que Bolsonaro anunció el nombramiento de Joaquim Silva e Luna, un general de la reserva que fue ministro de Defensa durante el gobierno del expresidente Michel Temer, para reemplazar al economista Roberto Castello Branco en la presidencia de Petrobras.

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La mayor compañía de Brasil, de mayoría estatal, acumuló una pérdida de casi 100.000 millones de reales (unos 18.000 millones de dólares) en valor de mercado entre el viernes y el lunes.

La Bolsa de San Pablo llegó a operar con pérdidas superiores a 5 puntos, y cerró el día con una desvalorización de 4,76% en su índice principal, el Ibovespa. Las acciones preferenciales de Petrobras cerraron con una caída de 21,51%, mientras el dólar trepó 1,31% ante la creciente desconfianza por la interferencia en la empresa.

Castello Branco, que retendrá la presidencia hasta el 20 de marzo, cuando concluirá su mandato, es considerado un hombre del riñón del ministro de Economía, Paulo Guedes, y tuvo una gestión enfocada en liberalizar la política de precios de la compañía para generar un clima de inversiones y reducir la deuda heredada.

Un tablero electrónico muestra el gráfico de índice en la Bolsa de Valores de Sao Paulo (B3) en Sao Paulo, Brasil, el 22 de febrero de 2021
Nelson Almeida


Un tablero electrónico muestra el gráfico de índice en la Bolsa de Valores de Sao Paulo (B3) en Sao Paulo, Brasil, el 22 de febrero de 2021 (Nelson Almeida/)

Los aumentos acumulados en el precio de los combustibles, de cerca del 30% en 2021 empujados por el alza del dólar y del precio internacional del barril de petróleo, habían generado fuertes críticas de Bolsonaro.

Lejos de intentar calmar las aguas, el presidente justificó la decisión y alimentó la posibilidad de que la intervención en Petrobras pueda estar seguida de otra en el sector eléctrico.

“¿El petróleo es nuestro o es de un pequeño grupo en Brasil?”, dijo el presidente a sus seguidores en las afueras del Palacio de la Alvorada, la residencia oficial en Brasilia. El derechista se mostró despreocupado por los movimientos en la bolsa paulista, que calificó como “una señal de que algunos integrantes del mercado financiero solo están contentos con la política que se ocupa de atender los intereses propios”.

El derechista negó que pretenda alterar la política de precios de la compañía, pero al mismo tiempo dijo: “Hay cosas que deben ser explicadas”. “No puedo entender, en el plazo de dos semanas, un ajuste del 15% de los precios. Exijo transparencia de quien es mi subordinado”, aseguró el presidente.

El papel de Guedes

Más allá de los nombres y de la intervención de la mayor empresa de Brasil, el episodio generó en el mercado una ola de desconfianza sobre el papel de Guedes en el gobierno, cada vez más desdibujado, y, esencialmente, sobre la viabilidad de la implementación de una agenda de tipo liberal.

Guedes, un economista formado en Chicago en los años 70, suele decir que Brasil fue “corrompido por el exceso de gastos” en administraciones pasadas, y ha trabajado desde que fue nombrado ministro por una política de control de gastos, privatizaciones y liberalización de la economía. Pero uno de sus principales obstáculos ha sido, paradójicamente, el presidente Bolsonaro, que pese a decir públicamente que su ministro tiene decisión absoluta en el área vetó varios proyectos, en decisiones generalmente estatizantes.

“Bolsonaro va a intentar la misma política que en el pasado implementó la expresidenta Dilma Rousseff y falló: no trasladar los precios internacionales del combustible a los consumidores y financiarlos con la propia Petrobras”, explicó a LA NACIÓN Gilberto Braga, economista y profesor del Ibmec. “En un primer momento tendrá un fuerte apoyo de la población y de la industria que usa el petróleo como insumo básico, pero en el largo plazo va a aumentar el déficit y a la compañía le faltará dinero para invertir”.

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Bolsonaro enfrenta una caída en su popularidad, a casi dos meses del fin del auxilio de emergencia y con una media de muertes por coronavirus superior a 1000 en los últimos 30 días. Según una encuesta publicada ayer por el instituto MDA, la evaluación negativa de su gobierno trepó ocho puntos en cuatro meses y alcanzó 35,5%. La imagen positiva perdió casi nueve en el mismo lapso y registró 32,9% en el trabajo realizado entre el 18 y el 20 de febrero.

Con las elecciones presidenciales de 2022 cada vez más cerca en el calendario, la decisión de intervenir Petrobras puede significar el abandono definitivo de una agenda liberal para adoptar medidas populistas que seduzcan a electores, evaluó Braga. “Bolsonaro está apenas mirando su reelección y Guedes perdió la lucha interna en el Palacio del Planalto”.