El “autoritarismo digital” es la última arma de Maduro contra la democracia en Venezuela | Opinión

El régimen de Nicolás Maduro sabe que la capacidad de los venezolanos para hablar libremente amenaza su intento de controlar su sociedad, por lo que sigue creando un clima de miedo, silenciando a los presos políticos y al pueblo por igual.

Un reciente informe de la Organización de las Naciones Unidas (UN) detalla cómo la violencia física es una parte clave de la represión de la libertad de expresión por parte de su gobierno, pero el intento también se manifiesta a través del “autoritarismo digital”, que son los esfuerzos de un gobierno por controlar a la población mediante tecnologías como el internet.

En 2019, NetBlocks, un observatorio de internet no partidista, encontró evidencia técnica de acceso restringido a Twitter e Instagram en Venezuela, en medio de informes de una disputa de mando militar en Caracas.
En 2019, NetBlocks, un observatorio de internet no partidista, encontró evidencia técnica de acceso restringido a Twitter e Instagram en Venezuela, en medio de informes de una disputa de mando militar en Caracas.

Los regímenes autoritarios también disponen de varios métodos para envenenar el libre flujo de información y comunicaciones: pueden bloquear el acceso a internet o vigilar su uso, censurar contenidos, inundar la esfera informativa con desinformación y cooptar las redes sociales y otras plataformas en línea.

El objetivo es hacer que los ciudadanos se amolden a la ideología del estado y destruir la fe en los principios democráticos. Lo más preocupante es que los líderes autoritarios usan el autoritarismo digital para perseguir a quienes piensan de forma diferente.

Fuerzas externas están ayudando a Caracas y a otros gobiernos autocráticos de América Latina en este esfuerzo. Voice of America informó que “La tecnología y la experiencia chinas están haciendo posible que Venezuela y Cuba ejerzan un control asfixiante sobre las comunicaciones digitales”.

Washington debe prestar atención a este nuevo campo de batalla en el conflicto entre sistemas democráticos y autoritarios. El descenso de Venezuela a la tiranía absoluta, después de haber sido una democracia, subraya el papel de China en la región. Entre otras cosas, el apoyo de Pekín al régimen de Maduro ha facilitado la capacidad de su gobierno para rastrear digitalmente a los opositores políticos y silenciar la disidencia.

A medida que China y otras potencias autoritarias inyectan su influencia en América Latina, Washington debe comprometerse más a fomentar las condiciones para unas instituciones democráticas más fuertes, el estado de derecho y la libertad individual en toda la región. En este sentido, un informe reciente de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (OHCHR) recomendó que los gobiernos adoptaran normativas significativas sobre la exportación de tecnologías de vigilancia que se sabe que están asociadas a la violación de las libertades civiles.

Estados Unidos debe garantizar especialmente una presencia diplomática sólida en América Latina que se asocie con los gobiernos, las organizaciones locales de la sociedad civil y las poblaciones. El objetivo debe ser promover una gobernanza responsable y transparente, así como proteger las libertades civiles.

Washington también debería nombrar a un representante especial para el autoritarismo digital, con el fin de poner de relieve el problema y coordinar una respuesta al desafío global. El representante podría empezar por cuestionar la idea defendida por algunas potencias autoritarias de que los valores democráticos que protegen la privacidad individual están reñidos con el mantenimiento de la seguridad. Al mismo tiempo, Washington debe aumentar los costos para aquellos individuos y entidades responsables de abusos contra los derechos humanos y las violaciones de los principios democráticos.

Las sanciones selectivas impuestas a través de mecanismos como la Ley Magnitsky deben extenderse a quienes exportan e importan autoritarismo digital a América Latina. Asimismo, Washington debería animar a sus aliados en la región a adoptar su propia legislación Magnitsky. Esto ayudaría a cerrar el espacio en donde estos violadores de los derechos humanos encuentran refugios financieros y recreativos.

El liderazgo estadounidense también debería coordinarse con los aliados democráticos para presionar a las competiciones deportivas internacionales y regionales, como los Juegos Olímpicos, para que consideren boicotear a países como Venezuela, implicados en abusos sistemáticos de los derechos humanos. Del mismo modo, las coaliciones de sociedades libres podrían acordar rechazar conjuntamente la participación en competiciones organizadas por países autoritarios.

Y, por supuesto, los líderes locales e internacionales de la sociedad civil son fundamentales para defender la libertad en América Latina. Deben seguir defendiendo la libertad de expresión y el derecho a la privacidad, concienciando sobre el autoritarismo digital, denunciando las irregularidades de gobiernos y funcionarios y apoyando a las personas perseguidas.

Las democracias no pueden permitir que los autócratas dominen el espacio virtual. La amenaza del autoritarismo digital no se limitará a Venezuela o China a medida que la tecnología de internet avance y conecte más estrechamente al mundo. Como señaló el activista por la libertad venezolano Leopoldo López, “Las autocracias, las dictaduras, llaman a tu puerta. Una vez que entran en tu casa, en tu vida privada, puede que sea demasiado tarde”.

Chris Walsh es subdirector de Libertad y Democracia en George W. Bush Institute. Rodrigo Diamanti es activista democrático venezolano y presidente de Un Mundo Sin Mordaza. Una versión más larga de este ensayo apareció originalmente en la serie en línea Democracy Talks de Bush Institute.

Walsh.
Walsh.
Diamanti.
Diamanti.