Las señales de alarma que revelan un deseo desmedido por mantener una vida perfecta

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¿Has visto un pato nadando? Se desliza suavemente sobre el agua, de manera natural y sin esfuerzo. Sin embargo, si prestas más atención notarás que bajo la superficie del agua ocurre otra cosa. Los patos mueven frenéticamente las patas para mantenerse a flote e impulsarse. Ese esfuerzo no se aprecia, pero consume energía.

Algunas personas se comportan de la misma manera: proyectan la imagen de una vida perfecta y desenfadada, pero en realidad se esfuerzan hasta lo indecible por llegar a todo y mantener cada cosa en su lugar. A la larga, ese esfuerzo terminará pasando factura a su salud física y mental.

Somos hijos de una cultura del sobreesfuerzo y la autoexigencia desmedida que se esconde tras una sonrisa. [Foto: Getty Images]
Somos hijos de una cultura del sobreesfuerzo y la autoexigencia desmedida que se esconde tras una sonrisa. [Foto: Getty Images]

La presión por llegar a todo con una sonrisa

En 2018, un ex estudiante y profesor de Stanford escribió un artículo en el que reveló detalles sobre la vida universitaria que no se suelen – o no se quieren - ver. En Estados Unidos existe la idea de que Stanford es un paraíso de palmeras bañado por el sol donde los estudiantes viven en el pináculo de la felicidad.

Cuando Sun llegó, todo parecía encajar con esa imagen. Los estudiantes sonreían y parecían disfrutar cumpliendo con naturalidad todo lo que se esperaba de ellos. Sin embargo, muy pronto descubrió que la realidad no era tan brillante como parecía y que la cultura del estrés, el perfeccionismo y la autoexigencia desmedida también se había asentado allí.

Los estudiantes mostraban su mejor cara, pero la presión los iba consumiendo lentamente mientras intentaban cumplir con las exigencias académicas y los compromisos sociales. Sun contó que esas exigencias eran tan desmedidas que muchos llegaban al punto de sentirse culpables por faltar un día a clase para descansar y recuperarse de una enfermedad. La tendencia generalizada era pisar el acelerador y seguir adelante, pero siempre con una sonrisa en el rostro para que pareciera que todo era fácil.

Sin embargo, someterse a esa presión y fingir que no pasa nada termina poniendo en riesgo la salud mental. El último informe realizado por la American College Health Associationreveló que el 27,4% de los estudiantes padecen ansiedad y el 21,7% depresión a niveles que llegan a afectar su desempeño cotidiano.

Obviamente, el síndrome del pato no afecta solo a los estudiantes, sino que es un problema cada vez más extendido, en parte porque nos han dicho - y nos decimos - que debemos llegar a todo, siempre con una sonrisa dibujada en el rostro y sin que se note el sobreesfuerzo que hay detrás.

Las señales de alarma que revelan una autoexigencia desmedida

La felicidad y el éxito a menudo son la punta de un iceberg emocional mucho más complejo. [Foto: Getty Images]
La felicidad y el éxito a menudo son la punta de un iceberg emocional mucho más complejo. [Foto: Getty Images]

El síndrome del pato no es una entidad reconocida oficialmente como un problema de salud mental, pero su impacto a nivel psicológico es enorme. Se produce cuando intentas crear la ilusión de una vida perfecta en la que todo fluye con naturalidad, pero detrás del telón te esfuerzas sobremanera intentando que no se note, para que nada se salga del guion que has planificado y poder satisfacer las expectativas sociales.

Esas expectativas te exigen que tengas una carrera de éxito, pero que no descuides tu familia. Debes conocer exactamente el calendario extraescolar de tus hijos y planificar las mejores vacaciones para publicar las fotos en las redes sociales. Se espera que tengas tiempo para ir al gimnasio o practicar deporte porque así te mantendrás en forma y que cocines platos saludables de los que puedas presumir. Por supuesto, también debes encargarte de todas las otras pequeñas tareas cotidianas menos glamorosas pero agotadoras. Y todo eso como si fuera lo más natural del mundo. Sin dar muestras de agotamiento. Con una sonrisa.

Sin embargo, esa es la cara “amable” del síndrome del pato porque debajo de la superficie está ocurriendo otra cosa:

  • Sientes que no puedes con todo, de manera que las tareas y obligaciones de la vida cotidiana terminan sobrepasándote y generando un gran estrés.

  • Te comparas constantemente con los demás y siempre salen mejor parados. Crees que si los demás pueden, tú también debes poder, por lo que te sientes mal por sentirte mal y la única solución que encuentras es exigirte aún más.

  • Tienes miedo a las críticas o a que los demás descubran que tu vida no es tan perfecta como parece, que llegar a todo en realidad te está drenando y que no eres tan “capaz” y feliz como aparentas.

  • Tienes dificultades para relajarte, calmar la mente o descansar sin sentirte culpable porque crees que deberías estar haciendo otra cosa más productiva.

A menudo ese estado constante de sobreesfuerzo termina reflejándose a nivel físico, provocando una sensación eterna de cansancio. Notarás falta de energía y tensión muscular e incluso es probable que comiences a experimentar mareos y nauseas. La buena noticia es que no tienes que seguir viviendo así.

Salir del bucle de la ignorancia pluralista

Creer que los demás llevan vidas felices y exitosas prácticamente sin esfuerzo nos lleva a esconder nuestras batallas y derrotas cotidianas. [Foto: Getty Images]
Creer que los demás llevan vidas felices y exitosas prácticamente sin esfuerzo nos lleva a esconder nuestras batallas y derrotas cotidianas. [Foto: Getty Images]

En 2014, el suicidio de una estudiante de primer año de la Universidad de Pensilvania, Madison Holleran, conmocionó a Estados Unidos. Lo que generó alarma fue el enorme contraste entre la realidad que vivía y su representación en las redes sociales. Su cuenta de Instagram no reflejaba la lucha que estaba atravesando aquella joven atleta aparentemente exitosa a la que la vida parecía sonreírle.

Sin duda, las redes sociales alimentan la tendencia humana a la comparación. Convertimos los logros de los demás en una vara para medir nuestro propio éxito, sin darnos cuenta de que muchas veces esas imágenes felices y exitosas en realidad son solo momentos puntuales que no reflejan fielmente una realidad mucho más compleja.

Sin embargo, la ciencia ha demostrado que solemos sobreestimar sistemáticamente cuan felices son los demás, incluso a quienes conocemos bien. Como solo observamos a las personas en entornos sociales o en las redes, estas suelen reprimir las emociones negativas y amplifican las positivas. Por tanto, a menudo solo vemos imágenes cuidadosamente seleccionadas que no nos permiten formarnos una idea realista de cómo es la vida de esas personas, de todo el esfuerzo que hay detrás de la cámara.

Como resultado, nuestra percepción de sus vidas se basa en una ilusión, aunque las consecuencias de esa ilusión son reales. Ese fenómeno nos hace caer en un bucle denominado ignorancia pluralista emocional. En práctica, tergiversamos la realidad de los demás pensando que tienen vidas perfectas y exitosas en las que todo fluye con naturalidad. Asumimos que esa es la norma e intentamos alinearnos.

Pensar que los demás son felices nos empuja a ocultar nuestras experiencias emocionales negativas y a exigirnos más. Así alimentamos una imagen social irreal de felicidad que aumenta el nivel de autoexigencia de todos pero que solo termina generando sentimientos de soledad, infelicidad, frustración y menos satisfacción con la vida en general

Por consiguiente, el primer paso para escapar del síndrome del pato consiste en comprender que detrás de los éxitos siempre hay mucho esfuerzo y sacrificio y que la felicidad es tan solo una cara de una realidad polifacética. Eso te permitirá recalibrar tus percepciones sobre la vida de los demás y te ayudará a sentirte más libre para expresar tus temores, inseguridades e insatisfacciones.

Dejar de ser el tirano de ti mismo

No sigas adelante cueste lo que cueste, porque muchas veces el precio será tu salud mental o física. [Foto: Getty Images]
No sigas adelante cueste lo que cueste, porque muchas veces el precio será tu salud mental o física. [Foto: Getty Images]

El síndrome del pato sienta sus raíces en un ideal de perfección impuesto socialmente según el cual, hay que llegar a todo sin quejarse, con una sonrisa, porque así se demuestra la competencia y valía personal. No obstante, en vez de seguir esforzándote silenciosamente bajo la superficie, sería más fácil reconocer las limitaciones y buscar apoyo. Aceptar simplemente que no puedes con todo – y que no pasa nada.

Cambiar esos pensamientos autoexigentes e irreales por otros que se ajusten más a tus capacidades y posibilidades te ayudará a libertarte del perfeccionismo y la presión social por rendir. Sé más tolerante, comprensivo y compasivo contigo mismo. Si te sientes abrumado, nervioso, estresado o deprimido, haz un alto en el camino para abordar esos sentimientos y descubrir su origen.

No sigas adelante cueste lo que cueste, porque muchas veces el precio será tu salud mental y/o física. Quizá necesites programar tiempo para ti. Descansar más. Reducir los compromisos sociales. Aprender a diferenciar lo urgente de lo importante. Eso te permitirá gestionar mejor tu tiempo, recargar las baterías y afrontar la vida sin tanto estrés – de verdad.

Al mismo tiempo, no te obsesiones con mantenerlo todo bajo control. Deja espacio para el caos, lo incierto y lo inesperado en tu vida. Reconecta con tu lado más auténtico y permítete cometer errores o mostrar tus vulnerabilidades. De hecho, un experimento clásico de la Psicología demostró que cometer errores nos hace más simpáticos ante los ojos de los demás. El efecto Pratfall se debe a que cuando las personas cometen un fallo muestran su lado más vulnerable, de manera que nos sentimos identificados con ellas y las percibimos como más cercanas.

Conectar desde la autenticidad nos permitirá romper el círculo vicioso que genera la presión por ser perfectos y llegar a todo con una sonrisa. Nos liberará para mostrar esas emociones que generalmente ocultamos pero que nos hacen humanos y forman parte de nuestra vida. Nos permitirá comprender que compartir los momentos felices y los éxitos es tan importante como compartir el esfuerzo y los momentos tristes. No hay motivo para avergonzarnos cuando no podemos con todo.

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