Una ausencia de 44 años

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Un abrazo a las madres en su día
Un abrazo a las madres en su día

El día de la madre de 1977 fue el 16 de octubre. Hace 44 años. Cuando yo tenía solo 32 y mi madre apenas 55 años. Había muerto en el Sanatorio San Camilo nueve días antes, en un primaveral día de octubre. Cuando uno entra a la edad en la que empieza a jugar con la muerte en tiempo suplementario o definición por penales, cobra real dimensión lo joven que se fue mi madre y cuánto ha pasado en esta larga ausencia. Lo que más lamento es que la temprana partida la haya privado de conocer a sus nietos y bisnietos.

Parece mentira, pero siempre me vuelve a la memoria aquel día de tu muerte. Venías librando una batalla prolongada con el cáncer, que se aprestaba a coronar su triunfo. La quimioterapia te había destruido tanto como el tumor. Eran las 9 de la mañana cuando pasé por el sanatorio para ver como estabas, y te descompensaste. A las 19 la larga batalla concluyó .

Siendo agnóstico creo que la vida concluye con el último latido. Que no hay un después.

Pero hoy prefiero imaginarme o creer que nos están mirando Rosita y Elías desde un más allá, repasando sus vidas. Y que están felices de ver que hemos cumplido con algunas cosas que aspiraban para nosotros.

Hoy como hace 44 años solo me acompaña tu recuerdo. De una madre incondicional sin dejar de lado que podías ser intemperante y arbitraria en nuestra defensa.

Cuando uno ya es abuelo, no por eso deja de sentirse huérfano de padres.

Y es cierto aquello que las madres, la inmensa mayoría toman las manos de sus hijos por un tiempo, pero sus corazones para siempre.

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