El aumento de migrantes implica un reto para que Biden proponga soluciones rápidas o sencillas

Michael D. Shear y Zolan Kanno-Youngs
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Enrique Valenzuela, coordinador general del Consejo Estatal de Población del estado de Chihuahua, al norte de México, conduce a una oficina de Ciudad Juárez, México, a migrantes que fueron deportados de Estados Unidos, el 13 de marzo de 2021. (Daniel Berehulak/The New York Times).
Enrique Valenzuela, coordinador general del Consejo Estatal de Población del estado de Chihuahua, al norte de México, conduce a una oficina de Ciudad Juárez, México, a migrantes que fueron deportados de Estados Unidos, el 13 de marzo de 2021. (Daniel Berehulak/The New York Times).
El presidente Joe Biden habla en un centro de vacunación masiva contra la COVID-19 en el Estadio NRG de Houston, el 26 de febrero de 2021. (Doug Mills/The New York Times).
El presidente Joe Biden habla en un centro de vacunación masiva contra la COVID-19 en el Estadio NRG de Houston, el 26 de febrero de 2021. (Doug Mills/The New York Times).

WASHINGTON — El martes, el gobierno de Biden advirtió que este año, Estados Unidos esperaba llevar a cabo más arrestos que en cualquier periodo de las últimas dos décadas en toda la frontera sur, lo que destaca la necesidad urgente de que la Casa Blanca proponga soluciones para los problemas crónicos de la inmigración procedente de Centroamérica.

La desalentadora predicción por parte de Alejandro N. Mayorkas, secretario de Seguridad Nacional, se dio a conocer cuando el presidente Joe Biden estaba siendo atacado por su respuesta a un aumento de miles de niños y adolescentes no acompañados en la frontera procedentes de esa región; estos ataques vinieron tanto de la derecha, por no ser lo suficientemente severo, como de la izquierda, por no ser lo suficientemente compasivo.

El mandatario ha pedido tiempo y paciencia, y ha culpado a su predecesor por desmantelar el sistema de inmigración en su afán por mantener fuera a los extranjeros. Pero incluso los principales asesores de Biden reconocen que después de relajar las duras políticas del presidente Donald Trump, no existe una solución rápida ni sencilla para un problema que ha sido una crisis constante.

“No nos engañamos sobre lo difícil que es esto y sabemos que va a tomar tiempo”, señaló Mayorkas en un comunicado del martes mientras la Casa Blanca se preparaba para votar esta semana sobre varias medidas de inmigración y el gobierno se apresuraba para conseguir más opciones de alojamiento para los jóvenes inmigrantes que llegaban a la frontera. Sin embargo, añadió: “Vamos a lograrlo”.

La estrategia que está planteando el gobierno incluye algunas medidas que puede tomar con relativa rapidez y otras que requerirán más tiempo y que necesitarán la aprobación del Congreso o la cooperación de los gobiernos de los países centroamericanos. Además, tendrá que considerar diversas categorías de personas, que incluyan a los menores no acompañados que ahora están saturando el sistema y, en algún momento, a las familias que solicitan asilo y a quienes intentan burlar la seguridad de los agentes fronterizos.

En el corto plazo (conforme el clima más cálido invita a todavía más personas a migrar al norte), el gobierno de Biden debe encontrar una manera de atender de modo provisional a miles de niños migrantes que llegan a la frontera de Estados Unidos sin un tutor legal.

Eso incluye ampliar las instalaciones donde se pueda resguardar a los niños de manera legal hasta por 72 horas en custodia de la Patrulla Fronteriza. Y también implica hallar más lugares de residencia donde los niños migrantes puedan vivir durante semanas e incluso meses mientras el gobierno busca a algún familiar o amigo que cuide de ellos al mismo tiempo que las autoridades deciden si deben regresar a sus países de origen.

El gobierno de Biden está teniendo problemas para aumentar la capacidad con rapidez. Pero los retos a largo plazo son todavía más abrumadores.

Los asesores de Biden han dicho que desean instaurar sistemas en México para que, de alguna manera, los migrantes presenten sus solicitudes para migrar a Estados Unidos de un modo seguro y ordenado sin llegar a la frontera. No obstante, hacer eso tardaría meses y todavía no se sabe si los migrantes usarán estos sistemas.

Para quienes sí solicitan asilo, el equipo de Biden ha dicho que agilizará el proceso de evaluación, el cual por el momento puede tardar años en emitir una decisión final. Mayorkas ha dicho que, de una u otra manera, los casos de asilo deben resolverse en cuestión de semanas. Pero para que esto suceda, se requerirá invertir dinero y contratar personas que procesen una enorme cantidad de casos rezagados.

Finalmente, Biden ha prometido aumentar muchísimo la ayuda para países como Honduras, El Salvador y Guatemala a fin de que los centroamericanos ya no sientan la necesidad de huir de sus países. Pero incluso con los 4000 millones de dólares que ha propuesto el presidente, tomará años o décadas reconstruir las sociedades devastadas por la violencia, las pandillas y las economías estancadas, si acaso esto llegara a funcionar.

Soluciones a corto plazo

Durante este año fiscal, que comenzó el 1.° de octubre, la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza ha registrado más de 396.000 cruces de migrantes, incluyendo en los puertos de entrada oficiales, en comparación con 201.600 durante el mismo periodo del año fiscal anterior.

La mayoría de esos cruces fueron de adultos solos, quienes, según la reglamentación actual, son deportados de inmediato a México o a sus países de origen. Sin embargo, los niños no acompañados primero son llevados por un agente fronterizo a un centro de detención, de donde deben ser trasladados en un plazo de 72 horas a un albergue gestionado por el Departamento de Salud y Servicios Humanos.

Según los abogados que visitaron uno de estos centros en Texas, hasta hace poco esos albergues estaban funcionando con capacidad limitada debido a la pandemia, por lo que miles de niños se quedaron varados en las cárceles de la frontera, y algunos incluso se han quedado a dormir en esteras con sábanas térmicas de aluminio.

No obstante, aun antes de la pandemia, la capacidad del sistema de albergues ya se había visto superada.

El gobierno de Biden ha comenzado a enviar funcionarios del Departamento de Salud y Servicios Humanos a los centros fronterizos con el fin de acelerar el proceso para encontrar a algún familiar o algún otro padrino en Estados Unidos que pueda acoger a los migrantes.

Aunque el gobierno de Biden sigue haciendo valer la disposición de emergencia por la pandemia de rechazar a la mayor parte de los adultos y las familias de migrantes, los altos funcionarios de Seguridad Nacional han reconocido que solo podrán usar esta disposición de emergencia hasta que haya vacunas disponibles de manera más generalizada.

Entre tanto, con la esperanza de disuadir a los migrantes de llegar a la frontera, el presidente y sus altos funcionarios fronterizos han emitido comunicados sobre el gran peligro que supone el trayecto a Estados Unidos.

La semana pasada, el gobierno sostuvo una serie de llamadas privadas con grupos de defensa de los inmigrantes y sus intercesores para hablar sobre la agenda de inmigración de Biden. David Shahoulian, un alto funcionario del Departamento de Seguridad Nacional, señaló que el mensaje para disuadir a los migrantes de llegar a la frontera no estaba funcionando y que el gobierno tendría que ser más explícito en el futuro, sobre todo debido a que, según algunas personas enteradas de estas conversaciones, los traficantes seguían alentando a los migrantes a viajar a Estados Unidos.

Este mes, Mayorkas había dicho que el mensaje del gobierno no era “no vengan”, sino “no vengan ahora”. Durante una conferencia de prensa, Roberta S. Jacobson, una colaboradora especial que se encarga de los asuntos relacionados con la frontera, en un principio dijo por equivocación en español que la frontera no estaba cerrada, pero luego se corrigió y dijo que sí estaba cerrada.

Para el martes, el presidente mandó un mensaje todavía más directo: “Les digo con toda claridad que no vengan”, declaró Biden en ABC News, y añadió que el gobierno estaba trabajando para que fuera posible que los migrantes presentaran su solicitud de asilo más cerca de sus países de origen. “No salgan de su pueblo, ciudad o comunidad”.

Soluciones a mediano plazo

En la llamada, Shahoulian mencionó que el gobierno está trabajando en un acuerdo con los países centroamericanos para reducir la tensión en la frontera. También está analizando opciones para acelerar los trámites de los casos de asilo.

“Reduciremos el tiempo de años a meses para dar un dictamen sobre las solicitudes de asilo”, señaló Mayorkas en su comunicado del martes, y añadió que el gobierno pronto introduciría una normativa para mejorar el sistema. Mencionó que el gobierno estaba trabajando para instalar oficinas de trámites en Centroamérica de tal modo que pudieran ser evaluadas y “luego traerlas a Estados Unidos si reúnen los requisitos para su aceptación según el derecho humanitario y otras instancias”.

En su plataforma de campaña, Biden afirmó que aumentaría el número de jueces y de funcionarios de inmigración para solucionar un rezago que se elevó casi al doble durante el gobierno de Trump y llegó a más de 1,2 millones de casos.

Biden ya ha comenzado a reiniciar el programa de la era de Obama para los menores de edad centroamericanos, el cual tenía por objetivo permitir que algunos niños solicitaran desde su región de origen permiso para vivir en Estados Unidos con alguno de sus padres o con algún otro familiar. Cuando Trump suspendió ese programa, ya se había aprobado que cerca de 3000 niños centroamericanos viajaran a Estados Unidos.

Llevará tiempo mejorar el programa, el cual contempla la necesidad de un cuidadoso escrutinio a fin de confirmar la relación de los niños con sus familiares.

Ahora el gobierno está dispuesto a considerar iniciativas incluso más extensas para analizar a distancia las solicitudes de asilo.

Soluciones a largo plazo

La meta más ambiciosa —y difícil— de Biden es usar la riqueza y la fuerza diplomática de Estados Unidos para reconfigurar la región centroamericana con la esperanza de reducir las causas que originan la migración desde esos países, comenzando con la pobreza y la violencia.

Es una iniciativa que ya antes se ha propuesto. Obama y congresistas de ambos partidos aprobaron invertir varios cientos de millones de dólares en Centroamérica con la expectativa de mejorar los tribunales, debilitar a los cárteles de la droga y mejorar las condiciones económicas.

Trump recortó ese gasto con el argumento de que era un desperdicio de dinero, para luego volver a instaurar una parte. No obstante, el equipo de Biden está seguro de que una inversión aún mayor dará mejores resultados. En Honduras, por ejemplo, la producción de café de ese país se ha visto afectada por huracanes y los precios a la baja del café en grano, lo cual ha sumido a muchas personas en la pobreza.

Sin embargo, ayudar a revertir ese tipo de tendencias económicas podría tardar años.

“Cuando el presidente habla de las “causas subyacentes”, una parte de esto tiene que ver con una ayuda humanitaria inmediata, pero gran parte tiene que ver con la política y la ayuda juntas, asegurarse de combatir las causas subyacentes de la migración”, señaló Jacobson. “De otra manera, lo que vemos son ciclos ininterrumpidos”.

This article originally appeared in The New York Times.

© 2021 The New York Times Company