El aumento de los contagios de COVID-19 en algunos países que usaron vacunas chinas genera dudas sobre su efectividad

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Mongolia ha vacunado a aproximadamente el 52 por ciento de su población, por lo que se encuentra entre los países con mayores índices de vacunación. Pero el domingo registró 2400 nuevas infecciones, cuatro veces más en comparación al mes anterior. (Khasar Sandag para The New York Times)
Mongolia ha vacunado a aproximadamente el 52 por ciento de su población, por lo que se encuentra entre los países con mayores índices de vacunación. Pero el domingo registró 2400 nuevas infecciones, cuatro veces más en comparación al mes anterior. (Khasar Sandag para The New York Times)

Más de 90 países están utilizando las vacunas chinas. Los expertos dicen que el auge de los contagios en esos lugares debería servir como una advertencia en el esfuerzo mundial para combatir la enfermedad.

El gobierno de Mongolia le prometió a su pueblo que tendría un “verano sin covid”. Baréin dijo que regresaría “a la vida normal”. La pequeña nación insular de las Seychelles buscaba reactivar su economía.

Los tres territorios depositaron su fe, al menos en parte, en las vacunas de fácil acceso fabricadas en China que les permitieron implementar ambiciosos programas de vacunación cuando gran parte del mundo no los tenía.

Pero, en vez de estar libres del coronavirus, ahora los tres países luchan contra un aumento en los contagios.

El año pasado, China inició su campaña de diplomacia de vacunas al comprometerse a proporcionar una inyección que sería segura y eficaz para prevenir los casos graves de COVID-19. En ese momento, había menos certeza del éxito que tendrían esta y otras vacunas para frenar la transmisión.

Ahora, ejemplos de varios países sugieren que las vacunas chinas pueden no ser muy efectivas para prevenir la propagación del virus, particularmente las nuevas variantes. Las experiencias de esos países ponen al descubierto una dura realidad que enfrenta el mundo pospandémico: el grado de recuperación puede depender de las vacunas que los gobiernos les administren a sus poblaciones.

En Seychelles, Chile, Baréin y Mongolia, del 50 al 68 por ciento de la población ha sido completamente inoculada, superando a Estados Unidos, según Our World in Data, un proyecto de seguimiento de datos. La semana pasada, los cuatro se ubicaron entre los 10 países con los peores brotes de COVID, según datos de The New York Times. Y los cuatro utilizan principalmente vacunas realizadas por dos fabricantes de vacunas chinos, Sinopharm y Sinovac Biotech.

“Si las vacunas son lo suficientemente buenas, no deberíamos ver este patrón”, dijo Jin Dongyan, virólogo de la Universidad de Hong Kong. “Los chinos tienen la responsabilidad de remediar esto”.

Los científicos no saben con certeza por qué algunos países con tasas de inoculación relativamente altas están sufriendo nuevos brotes. Las variantes, los controles sanitarios que se flexibilizan muy rápido y el comportamiento descuidado después de la primera dosis de un régimen de dos inyecciones son algunas posibilidades. Pero estos contagios podrían tener consecuencias duraderas.

En Estados Unidos, alrededor del 45 por ciento de la población está completamente vacunada, principalmente con dosis fabricadas por Pfizer-BioNTech y Moderna. Los casos han caído un 94 por ciento en seis meses.

Israel aplicó inyecciones de Pfizer y tiene la segunda tasa de vacunación más alta del mundo, después de Seychelles. En Israel, el número diario de nuevos casos confirmados por millón es de alrededor de 4,95.

En Seychelles, que dependía principalmente de Sinopharm, ese número supera los 716 casos por millón.

Disparidades como estas podrían crear un mundo en el que tres tipos de países emerjan de la pandemia: las naciones ricas que usaron sus recursos para asegurar las vacunas Pfizer-BioNTech y Moderna, los países más pobres que están lejos de inmunizar a la mayoría de los ciudadanos, y luego las que están completamente inoculadas pero solo parcialmente protegidas.

China, así como los más de 90 países que han recibido sus vacunas, puede terminar en el tercer grupo, enfrentando bloqueos, pruebas y limitaciones en la vida cotidiana durante los próximos meses o años. Las economías podrían quedarse estancadas. Y, a medida que más ciudadanos cuestionan la eficacia de las vacunas chinas, también puede resultar más difícil convencer a las personas no vacunadas de que se sometan a ellas.

Un mes después de recibir su segunda dosis de Sinopharm, Otgonjargal Baatar se enfermó y dio positivo por COVID-19. Otgonjargal, un minero de 31 años, pasó nueve días en un hospital en Ulán Bator, la capital de Mongolia. Dijo que ahora estaba cuestionando la utilidad de la dosis.

“La gente estaba convencida de que, si nos vacunábamos, en el verano estaríamos libres de covid”, dijo. “Ahora resulta que no es cierto”.

Pekín consideró que su diplomacia de las vacunas era una oportunidad para emerger de la pandemia siendo una potencia global más influyente. El máximo líder de China, Xi Jinping, se comprometió a entregar una vacuna china que podría almacenarse y transportarse fácilmente a millones de personas en todo el mundo. La definió como un “bien público global”.

Mongolia se benefició y aprovechó la oportunidad para pedir millones de dosis de Sinopharm. El pequeño país implementó rápidamente un programa de vacunación y flexibilizó las restricciones. Ahora ha vacunado al 52 por ciento de su población. Pero el domingo registró 2400 nuevas infecciones, cuadruplicando las cifras del mes anterior.

En un comunicado, el Ministerio de Relaciones Exteriores de China dijo que no ve un vínculo entre los brotes recientes y sus vacunas. Citó a la Organización Mundial de la Salud diciendo que las tasas de vacunación en ciertos países no habían alcanzado los niveles necesarios para prevenir brotes y que los países debían mantener los controles.

“Los informes y datos relevantes también muestran que muchos países que usan vacunas fabricadas en China han expresado que son seguras y confiables, y han jugado un buen papel en sus esfuerzos de prevención de la epidemia”, dijo el ministerio. China también ha hecho hincapié en que sus vacunas están más enfocadas en evitar las enfermedades graves que en los contagios.

Ninguna vacuna previene por completo la transmisión y las personas aún pueden enfermarse después de ser vacunadas, pero las tasas de eficacia relativamente bajas de las inyecciones chinas se han identificado como una posible causa de los brotes recientes.

Las vacunas Pfizer-BioNTech y Moderna tienen tasas de eficacia de más del 90 por ciento. Una variedad de otras vacunas, incluidas AstraZeneca y Johnson & Johnson, tienen tasas de eficacia de alrededor del 70 por ciento. La vacuna Sinopharm desarrollada con el Instituto de Productos Biológicos de Pekín tiene una tasa de eficacia del 78,1 por ciento; la vacuna Sinovac tiene una tasa de eficacia del 51 por ciento.

Las empresas chinas no han publicado muchos datos clínicos que muestren cómo funcionan sus vacunas para prevenir la transmisión. El lunes, Shao Yiming, epidemiólogo del Centro Chino para el Control y la Prevención de Enfermedades, dijo que China necesitaba vacunar completamente del 80 al 85 por ciento de su población para lograr la inmunidad colectiva, lo que representa un cambio en la estimación oficial previa que era del 70 por ciento.

Tampoco se han puesto a disposición datos sobre los contagios progresivos, aunque un estudio de Sinovac en Chile mostró que la vacuna era menos efectiva que las de Pfizer-BioNTech y Moderna para prevenir la infección entre las personas vacunadas.

Un representante de Sinopharm colgó el teléfono cuando fue contactado para hacer comentarios. Sinovac no respondió a una solicitud de comentarios.

William Schaffner, director médico de la Fundación Nacional de Enfermedades Infecciosas de la Universidad de Vanderbilt, dijo que las tasas de eficacia de las vacunas chinas podrían ser lo suficientemente bajas como “para mantener algunos contagios, además de generar una cantidad sustancial de enfermedades en la población altamente vacunada aunque, en gran medida, mantiene a la gente fuera del hospital”.

A pesar del aumento de los casos, los funcionarios tanto en Seychelles como en Mongolia han defendido a Sinopharm, diciendo que es eficaz para prevenir los casos graves de la enfermedad.

Batbayar Ochirbat, investigador principal del Grupo Asesor Científico para Emergencias del Ministerio de Salud de Mongolia, dijo que el país había tomado la decisión correcta al optar por la vacuna de fabricación china, en parte porque había ayudado a mantener baja la tasa de mortalidad en el país. Los datos de Mongolia mostraron que la vacuna de Sinopharm ofrecía mayor protección que las dosis desarrolladas por AstraZeneca y Sputnik, una vacuna rusa, según el Ministerio de Salud.

La razón del aumento en Mongolia, según Batbayar, es que el país se reabrió demasiado rápido y muchas personas creían que estaban protegidas después de una sola dosis.

“Creo que se podría decir que los mongoles celebramos demasiado pronto”, dijo. “Mi consejo es que las celebraciones deben comenzar después de las vacunaciones completas, así que esta es la lección aprendida. Había demasiada confianza”.

Algunos funcionarios de salud y científicos tienen menos confianza.

Nikolai Petrovsky, profesor de la Facultad de Medicina y Salud Pública de la Universidad de Flinders en Australia, dijo que con toda la evidencia, sería razonable asumir que la vacuna Sinopharm tuvo un efecto mínimo para frenar la transmisión. Un riesgo importante con la inoculación china es que las personas vacunadas pueden tener pocos o ningún síntoma y aun así transmitir el virus a otras personas, dijo.

“Creo que esta complejidad no ha sido tomada en cuenta por la mayoría de los líderes en todo el mundo”.

En Indonesia, donde se está propagando una nueva variante, más de 350 médicos y trabajadores de la salud se contagiaron recientemente de COVID-19 a pesar de estar completamente vacunados con Sinovac, según el equipo de mitigación de riesgos de la Asociación Médica de Indonesia. En todo el país, 61 médicos murieron entre febrero y el 7 de junio. Diez de ellos se habían aplicado la vacuna de fabricación china, dijo la asociación.

Las cifras fueron suficientes como para hacer que Kenneth Mak, director de servicios médicos de Singapur, cuestionara el uso de Sinovac. “No es un problema asociado con Pfizer”, dijo Mak en una conferencia de prensa celebrada el viernes. “En realidad, es un problema asociado con la vacuna Sinovac”.

Baréin y Emiratos Árabes Unidos fueron los primeros países en aprobar la inyección de Sinopharm, incluso antes de que se publicaran los datos de los ensayos clínicos en etapa tardía. Desde entonces, ha habido numerosos informes de personas vacunadas que se enfermaron en ambos países. En un comunicado, la oficina de medios del gobierno de Baréin dijo que el lanzamiento de la vacuna en el reino había sido “eficiente y exitoso hasta la fecha”.

Sin embargo, el mes pasado los funcionarios de Baréin y Emiratos Árabes Unidos anunciaron que ofrecerían una tercera vacuna de refuerzo. Las opciones son Pfizer o más Sinopharm.

Khaliun Bayartsogt, Andrea Kannapell, Ben Hubbard, Asmaa al-Omar y Muktita Suhartono colaboraron en este reportaje. Elsie Chen y Claire Fu colaboraron en la investigación.

Sui-Lee Wee es corresponsal de The New York Times en China. Ha cubierto ese país desde 2010, centrándose en la atención médica, los temas de género y la demografía. @suilee

© 2021 The New York Times Company

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