Audrey Hepburn, la princesa triste que se convirtió en mito

LA NACION

Las imágenes de Audrey Hepburn obligan a preguntarse si, alguna vez, existirá una mujer que pueda volver a ser volver a ser tan bella. La fragilidad de su contextura, sus profundos ojos oscuros, la mirada algo triste y la potencia de su austeridad. Mañana se cumplen 25 años de la muerte de la "princesa del vestido negro", cuya belleza y talento fueron cuestionados en sus comienzos, aunque su marca continúa vigente o tal vez más, ya que ha alcanzado la categoría de mito.

"La gente, incluso más que las cosas, tiene que ser restaurada, renovada, recuperada y redimida: nunca eches a nadie", dijo la actriz a Bob Willoughby, el fotografo responsable de sus mas celebres imágenes y amigo. Es curiosa la selección que hace el tiempo. Como si las estrellas de cine que perduran, abandonaran su condición de humanos. Recordar a Hepburn implica revisar una vida llena de humanidad, de dolor y desafíos,de huir de la tristeza y de amor por el prójimo. Sus ansias de renovación fueron la clave de su crecimiento.

El trabajo que la hizo visible fue Vacaciones en Roma; Hepburn se metió en la piel de una princesa que escapa del aburrimiento para recorrer la capital italiana de incógnito a bordo de la Vespa que conduce un periodista -interpretado por Gregory Peck- del que se acaba enamorando. La película le valió su primer y único Oscar como mejor actriz, aunque protagonizó otros grandes clásicos como Sabrina, junto a Humphrey Bogart.

Su consagración vino de la mano de Mi bella dama y Desayuno en Tiffany´s, donde interpretaba a Holly Golightly, el personaje delineado nada menos que por el escritor de A Sangre Fría, Truman Capote. La novela fue llevada a la pantalla grande por el director Blake Edwards, quien seleccionó a Hepburn para encarnar a la joven tejana de 19 años que buscaba el ascenso social saliendo con hombres adinerados más grandes que ella. La fotografía de su delgada figura,enfundada en el vestido negro, obnubilada por el escaparate de diamantes mientras come el croissant se convirtió en un icono de estilo al que la moda ha evocado en reiteradas ocasiones.

Breakfast at Tiffany's / Desayuno en Tiffany's (1961)

Hepburn se tomó aquel éxito con humildad. "Nací con algo que gusta al público hasta un cierto punto. Actúo simplemente de forma instintiva", contó en una entrevista. Y aunque no se quejaba de la fama, no quería que su vida girara sólo en torno a las comedias románticas. A finales de los 60, se fue alejando cada vez más de Hollywood y su matrimonio con el actor Mel Ferrer acabó fracasando.

En 1970, el nacimiento de su segundo hijo, ahora con su nuevo marido Andrea Dotti, hizo que se volcara a la familia. Pero tampoco este matrimonio duró demasiado y Hepburn comenzó a dedicar sus esfuerzos cada vez más a las causas humanitarias. A finales de los años 80, Unicef la nombró su embajadora especial, un papel que, según Hepburn, llevaba esperando toda su vida. En sus viajes por diversas regiones en conflicto, ayudó que hablara fluidamente cinco idiomas: inglés, francés, español, italiano y holandés.

"No me gusta especialmente la expresión 'Tercer Mundo'", dijo en una ocasión esta actriz y activista hija de una aristócrata neerlandesa. "Todos vivimos en el mismo mundo, y la gente debería saber que la mayor parte de la humanidad sufre", añadió.

Desde 1980, Hepburn mantuvo una relación sentimental con el actor holandés Robert Wolders. Tras su muerte, a causa de un cáncer, sus hijos crearon una fundación de ayuda a la infancia que lleva el nombre de la actriz para continuar con su trabajo.

Hepburn estuvo vinculada a la pequeña localidad de Tolochenaz durante 30 años. En los muros de una imponente casa a las afueras del pueblo hay una placa en la que se lee: "Aquí vivió Audrey Hepburn". La casa está actualmente en manos privadas. Según el alcalde del municipio, que apenas suma 1.800 vecinos, Hepburn era "una más". Un elegante busto rinde tributo a la actriz en una plaza, mientras su sencilla tumba sigue atrayendo a los fans.

Cuatro años antes de su muerte, Hepburn se puso por última vez ante las cámaras con un film de Steven Spielberg, Siempre. Esa fue la despedida formal de su público.