Atentado contra Cristina: el secretario que alertó del peligro y la inexplicable inacción de los custodios

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Cristina Kirchner, justo antes de entrar en su departamento, minutos después del atentado en su contra
Cristina Kirchner, justo antes de entrar en su departamento, minutos después del atentado en su contra - Créditos: @Tomas Cuesta

Envueltos en la confusión que dominó aquellos minutos, la custodia de Cristina Fernández de Kirchner jamás llegó a activar el llamado “Protocolo de Actuación N° 7″, que regula cómo deben reaccionar quienes velan por la seguridad física de la vicepresidenta y cualquier otro funcionario, según surge de los testimonios que la jueza federal María Eugenia Capuchetti citó al procesar a Fernando Sabag Montiel y Brenda Uliarte por el intento de asesinato.

Esos testimonios de oficiales, suboficiales y agentes de la Policía Federal muestran que la custodia solo actuó ante la gravedad de lo ocurrido varios minutos después de que Sabag Montiel gatilló a centímetros del rostro de la líder del Frente de Todos, la noche del jueves 1 de este mes.

Los retos de la política en la era de los copitos

La resolución que firmó la jueza Capuchetti también refleja que uno de los secretarios de Fernández de Kirchner, Diego Bermúdez Bringue, habría sido el primer miembro de su entorno que detectó el arma, avanzó contra Sabag Montiel y le pidió a la custodia que reaccionara. Pero, aún así, la vicepresidenta continuó con los saludos a la militancia.

“En un momento se cae un libro al piso, ella se agacha, yo también y en ese momento veo que una mano pasa por delante de la cara y siendo como un ‘plic’, en ese momento diferencié que era el gatillo de un arma, yo sentí un ‘clac”, declaró Bermúdez en los tribunales. Relató que reaccionó, lo encaró a Sabag Montiel, escuchó que alguien dijo “tiene un fierro en la mano” y que varios militantes se arrojaron en ese momento sobre el agresor.

Fue entonces, precisó, que se volvió hacia Fernández de Kirchner. “La veo a ella bien y empiezo a buscar el fierro en el piso y había muchos pies juntos y no lo puedo visualizar. Yo nunca vi el arma hasta ese momento”. Fue entonces, según detalló, que le pidió a la custodia que tomara las medidas necesarias. “Vuelvo, me acerco a ella y a la custodia y le empiezo a decir a ellos que hay que sacarla y que manden gente”, detalló.

Eso, sin embargo, no ocurrió. La vicepresidenta ya había avanzado, rememoró, en “otra dirección porque no advierte la peligrosidad del hecho ya que parecía una cuestión menor como una discusión de militantes o algo por el estilo…”, mientras que él intercambiaba información con los agentes. “Me quedo hablando con la custodia que la asistía y miraba para atrás y veía que lo habían agarrado al chico y que lo tenían controlado”, precisó.

Todos los efectivos de la Policía Federal citados por la jueza Capucchetti aportaron datos que van en la misma línea. No recibieron una alerta temprana, ni tampoco ninguno de ellos mencionó que aquella noche se haya activado un plan de evacuación ni medidas especiales de protección como los que estipula el “Protocolo 7″.

El protocolo

¿Qué determina ese protocolo? Entre otras pautas, que en situaciones normales la persona bajo custodia debería acercarse al público con los dos jefes del equipo a cargo de protegerla a sus espaldas, mientras que un agente debería colocarse entre ella y el público, mientras que todos los custodios deberían permanecer atentos a las manos de los asistentes ante la aparición de elementos con que quisieran atacarla.

Producido un ataque, el primer agente en advertirlo debería alertar a los demás custodios, siendo el más próximo al atacante quien debería neutralizarlo, mientras que el resto del grupo de protección debería rodear a, en este caso, la vicepresidenta, para luego introducirla en un auto y salir de allí.

La noche del jueves 1, sin embargo, eso no ocurrió. Varios oficiales y agentes policiales coincidieron en que se enteraron del ataque de Sabag Montiel con minutos de demora y, en ciertos casos, por los dichos de otros agentes.

En ese sentido, el comisario Jorge Pellegrino, quien acompañaba a la vicepresidenta desde el Congreso, relató que la interacción entre Fernández de Kirchner y los militantes en las cercanías de la esquina de Juncal y Uruguay, entre los automóviles, dificultó el desarrollo de los procedimientos previstos por protocolo.

“Para ingresar a la inmediación del domicilio de la vicepresidenta, la gente que se encontraba realizando un corralito humano, hacen como un pasillo por el cual podemos ingresar con los autos… Ahí ella baja, con el secretario Diego Bermúdez y se dirige a la gente que estaba sobre la calle Juncal mano izquierda dirección al tránsito. Ahí ella empieza a saludar y firmar libros... Empieza a saludar, yendo en sentido contrario al tránsito hacia la calle Uruguay. En ese momento ella se ubica entre los tres autos de la cápsula de seguridad y la gente partidaria de ella que se encontraba sobre la vereda”, detalló. “La distancia que había para moverse era aproximadamente de 60 centímetros. Entonces yo, al no tener lugar por ahí, empiezo a rodear uno de los vehículos y se escucha como un tumulto. Me acerco y veo que la señora vicepresidenta esta agachada queriendo agarrar un libro. En ese momento, entre los partidarios de la Cámpora empezó un forcejeo… Nosotros habíamos entendido que habían tirado un libro. No se entendía bien qué ocurría…”.

El comisario Pellegrino aportó más detalles sobre la confusión reinante. “Los de La Cámpora empezaron a decir que había un arma tirada en el piso. Entonces ahí nos acercamos desde varios lugares. Cuando nosotros observamos el arma que se encontraba en el piso, no había nadie que la estaba manipulando o pisando en ese momento. Por el tumulto de gente, habían hecho como un vallado a su alrededor. Ahí comencé a preguntar quién tenía el arma y me dice que estaba detenido por unos policías uniformados… Luego voy a ver dónde estaba el personal policial con el sospechoso. Se encontraba a mitad de cuadra de la calle Uruguay. Consulté si era él la persona detenida, me dijeron que sí y me informaron que habían modulado a la Sala de Operaciones informando que había una persona detenida”.

Mientras Sabag Montiel era arrestado, sin embargo, Fernández de Kirchner continuó en la calle, lo que podría haberla expuesto a un segundo ataque. Tomó seis minutos hasta que ingresó a su edificio. Solo entonces, el chofer Alberto Juárez bajó de su vehículo para averiguar qué había pasado en lo que, para él, era apenas “una trifulca”. “No pude determinar por qué o de qué se trataba ya que me encontraba dentro del automóvil”, declaró.

“Momentos después la vicepresidenta sigue su recorrido a pie saludando normalmente”, rememoró al declarar en el juzgado. “Una vez que la vicepresidenta ingresó a su domicilio, desciendo del móvil y me acerco hacia el Comisario Pellegrino y me indica que en el piso sobre la vereda había una pistola, que nos quedemos a resguardo”.

Algo similar relató otro chofer de la custodia, el sargento Pablo Codina. “Cuando ella [por Fernández de Kirchner] ingresa [a su edificio] veo que el chofer del móvil A baja del auto y el chofer del apoyo también y me dirijo hacia la zona donde había la gresca para ver qué había pasado”, precisó.

La propia Fernández de Kirchner aportó más datos sobre cómo actuó su custodia esa noche. De su relato surge que aunque su secretario habló con ella en la calle después del atentado -eso se ve en las imágenes registradas-, solo una vez dentro del edificio le habría detallado lo que pasó. “Cuando venía en el ascensor, mi secretario Diego Bermúdez estaba muy nervioso y me dijo que creía que había habido un arma porque había escuchado un clic. Cuando llegamos al domicilio, nos sentamos en el comedor diario, vimos las imágenes y constatamos lo que había ocurrido. Ahí me empiezo a enterar lo que había pasado, que esta persona es brasilero y seguí obteniendo información de esa manera, es decir, a medida de lo que iba surgiendo”, detalló.

El fiscal federal Carlos Rívolo le preguntó entonces “si al momento del tumulto escuchó algún comentario del círculo de la custodia que le indicara alguna actividad a seguir”. Y ella contestó: “En ese momento personal de mi custodia me dijo: ‘Vamos, vamos’, porque me quería alejar del túmulo y ahí terminé el círculo. Firmo los últimos libros y subo. Reitero, solo me di cuenta del hecho cuando lo vi por televisión”.