¿Ataque sónico o histeria? Las medidas tomadas por Canadá ante el misterioso síndrome que afecta a sus diplomáticos en Cuba

Canadá ha confirmado 14 casos de problemas inexplicables de salud entre su personal diplomático en Cuba desde 2017. Otros 26 trabajadores de la embajada de Estados Unidos han sufrido síntomas similares. Cinco diplomáticos canadienses alegaron, en una demanda de 21 millones de dólares, que el gobierno no los protegió, ocultó información crucial y desestimó la seriedad del riesgo de trabajar en La Habana (AP Photo/Desmond Boylan, Archivo)

El misterio médico sin resolver aisló en junio aún más a los cubanos.

La Embajada de Canadá suspendió el procesamiento de visas de viaje en junio del 2019 en su sede de La Habana por falta de personal. La mitad del cuerpo diplomático canadiense regresó a casa luego de experimentar mareos, dolor de cabeza y molestos zumbidos en los oídos.

Los afectados del llamado “Síndrome de La Habana” demandaron al gobierno canadiense por no tomar las precauciones necesarias para protegerlos. Ellos aseguran que el malestar no era un simple canto de sirenas, sino un ataque acústico que les ocasionó lesiones cerebrales.

El extraño fenómeno comenzó en 2016 cuando funcionarios de la misión de Estados Unidos en Cuba comenzaron a escuchar ruidos de alta frecuencia y una fuerte presión cerebral. Los episodios en la embajada canadiense que afectaron a 14 diplomáticos ocurrieron en el 2017.

Los platos rotos

La decisión de reducir los trámites consulares en La Habana afecta de manera inmediata a decenas de estudiantes, turistas y familias divididas por el éxodo. Con un salario promedio 740 pesos cubanos que equivalen a unos 30 dólares estadounidenses, son pocos los que tendrán la oportunidad de viajar hasta México para conseguir el visado que necesitan para continuar hacia Canadá.

La prensa ha divulgado historias de jóvenes estudiantes que ya habían sido admitidos en universidades canadienses que no podrán comenzar sus estudios porque no tienen los recursos para viajar a un tercer país para obtener los documentos de viaje. Lo mismo ocurre con los abuelos que recurrían a la sede diplomática canadiense en La Habana para obtener los documentos para visitar a sus nietos residenciados en el país norteamericano.

Las autoridades cubanas han expresado su frustración sobre la medida canadiense y lamentan que décadas de relaciones diplomáticas constructivas se vean empañadas por un fenómeno que nadie ha podido dilucidar.

A diferencia de Estados Unidos, que impuso un bloqueo comercial y prohibió el turismo con Cuba a medida en que se fortalecía la revolución comunista, Canadá había tenido una actitud más moderada y tolerante hacia la isla. A pesar de que los contactos formales son limitado, Ottawa siempre permitió las actividades de las organizaciones no gubernamentales y el intercambio educativo y cultural entre los países.

¿Histeria o realidad?

Equipos científicos de Canadá y Estados Unidos se han concentrado en estudiar la causa del problema y han desarrollado dos hipótesis principales. Un grupo especula que los diplomáticos sufren de un desorden psicogénico que proviene de su mente y el otro piensa que se trata de un desorden somatogénico producto de lesiones en el tejido cerebral.

El profesor Edward Shorter, de la Universidad de Toronto, expresó en La Conversación que “se le hacía un flaco favor a los hombres y mujeres de los servicios diplomáticos de Estados Unidos y Canadá al sugerir que están padeciendo una enfermedad psicogénica en masa luego de su misión en La Habana”.

La enfermedad psicogénica en masa a la que se refiere Shorter es el nombre moderno de la “histeria colectiva” descrita por los médicos del siglo XIX, en la que una o dos personas comienzan a sufrir síntomas físicos reales como náuseas, diarreas, mareos que paulatinamente se va extendiendo a un grupo.

Una de las características de la historia colectiva es que ocurre principalmente entre mujeres jóvenes con un cercano contacto personal, que emulan las costumbres y hábitos de las otras.

Las investigaciones coordinadas por el neuro-otorrino de la Universidad de Miami, Michael Hoffer, indicaron que el 36% de los diplomáticos estadounidenses y sus familias tenían problemas con el sistema vestibular central que opera en el oído interno.

Hoffer indicó que ese tipo de lesiones tienden a ser orgánicas porque es posible observar el daño en los tejidos.

Los funcionarios canadienses que fueron evacuados a la Universidad de Miami y luego estudiados en la Universidad de Pensilvania, fueron diagnosticados en ambas instituciones de “lesiones cerebrales traumáticas parecidas a conmociones”.

Los ataques histéricos provienen de la sugestión. Los que favorecen esta explicación aducen que el aislamiento social y cultural de los diplomáticos provocó esa reacción en cadena a ruidos que se les antojan imaginarios.

Los investigadores que apuntan hacia un ataque sónico señala que las lesiones detectadas con exámenes físicos y resonancias magnéticas son reales. Los diplomáticos fueron víctimas de un enemigo. Falta saber quiénes fueron, qué tecnología usaron y por qué.