El mejor ataúd para las cenizas de Simón

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CHILPANCINGO, Gro., julio 16 (EL UNIVERSAL).- Toda la mañana del martes, Teobardo Martínez recorrió las calles de Tlapa, en La Montaña de Guerrero, buscando el mejor ataúd para su hijo, Simón Martínez García, quien murió el 24 de marzo a causa del Covid-19 en Nueva York.

Teobardo no escatimó, sabía que conseguir un buen féretro era lo menos que podía hacer por su hijo. Era una forma de homenajearlo, porque tampoco Simón escatimó esfuerzos para poderlos ayudar.

El ataúd tal vez no era necesario en esta ocasión, Simón regresó de Estados Unidos en una urna hecho cenizas.

Simón Martínez salió hace 11 años de su pueblo, Huehuetepec, en el municipio de Atlamajalcingo del Monte, cuando tenía 14 años.

Cuando era aún niño escuchó del sueño americano y se fue a Estados Unidos. Después lo siguieron sus hermanos Antonino y Emilia.

En Huehuetepec tenía pocas posibilidades, la marginación y la pobreza asfixian. La mayoría de sus pobladores huyen para sobrevivir.

Huehuetepec está poblado por temporadas, sus habitantes viven la mitad de año en los campos de jornaleros en los estados del norte del país y la otra mitad sembrando maíz en sus tierras. Otros, muchos también, han preferido irse a Estados Unidos a pasar temporadas que no tienen fecha de caducidad.

Simón no sólo sobrevivió, sino se superó: en los últimos años laboró en un restaurante donde comenzó lavando trastos hasta convertirse en cocinero.

El 11 de marzo llamó a su padre para decirle que se sentía mal. Trece días después, Teobardo recibió otra llamada: le avisaron que Simón había muerto por Covid-19.

Teobardo sospecha que su hijo se contagió trabajando, no dejó de hacerlo, necesitaba pagar renta, la comida y también enviar ayuda a Huehuetepec.

Simón murió y pasó casi dos meses en la morgue en Nueva York, hasta que lo pudieron incinerar. Su dos hermanos, Antonino y Emilia, tuvieron casi un mes las cenizas en su departamento, hasta que las autoridades ayudaron a devolverlo.

Simón llegó el lunes a Chilpancingo, con otros 22 migrantes más. Todos hechos cenizas. Hasta la capital se trasladó Teobardo para recogerlo. El martes volvió a Huehuetepec. Teobardo, junto con sus otros tres hijos y familiares lo velaron en su casa, un cuarto de adobe, con techo de lámina y piso rústico. Los vecinos no llegaron. El temor les ganó, prefirieron mantener distancia para, según ellos, no contagiarse de coronavirus.