Asilo, el recurso más afectado por políticas de Trump

ELLIOT SPAGAT
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José Edgar Zuleta muestra una foto de su hijo de 21 años en Tijuana, México, el 9 de octubre del 2020. Su negocio de joyas con motivos religiosos se hundió por la pandemia y ahora está decidido a cruzar ilegalmente a EEUU. Fue pillado hace poco y devuelto a México media hora después de ingresar a EEUU. (AP Photo/Elliot Spagat)

TRUMP INMIGRACION ASILO

José Edgar Zuleta muestra una foto de su hijo de 21 años en Tijuana, México, el 9 de octubre del 2020. Su negocio de joyas con motivos religiosos se hundió por la pandemia y ahora está decidido a cruzar ilegalmente a EEUU. Fue pillado hace poco y devuelto a México media hora después de ingresar a EEUU. (AP Photo/Elliot Spagat)

SAN DIEGO (AP) — Edgar Alexis López parece descansado en las fotos que se tomó antes de cruzar la frontera ilegalmente por las montañas al este de San Diego, con una amplia sonrisa y jeans limpios.

Seis horas después, este obrero de la construcción mexicano de 24 años se había quedado sin agua, estaba agotado tras cruzar la frontera, convencido de que se desmayaría.

Un helicóptero de rescatistas no podía aterrizar en el terreno escarpado, pero le tiraron agua antes de que llegasen los agentes de la Patrulla Fronteriza y lo mandasen de vuelta a Tijuana, México. López se recuperó prontamente y empezó a planificar otro cruce ilegal para tratar de llegar a San Diego, donde desea radicarse.

“Uno entra y sale, entra y sale, entra y sale”, dijo López durante un descanso para almorzar en el supermercado de Tijuana donde trabaja, ahorrando dinero para un cuarto intento. “No tiene nada que perder, solo el desgaste físico”.

Luego de una serie de profundos cambios a las leyes inmigratorias que impuso el gobierno de Trump para limitar los pedidos de asilo, el coronavirus frenó todo. Las leyes inmigratorias quedaron congeladas mayormente desde marzo y los mexicanos, guatemaltecos, hondureños y salvadoreño que ingresan ilegalmente a Estados Unidos son expulsados de inmediato, sin que queden registros de sus ingresos ilegales. Generalmente son devueltos en menos de dos horas, sin la posibilidad de pedir asilo, viéndose privados de un recurso instaurado después del holocausto judío para proteger a las personas de todo el mundo que le escapan a la tortura y la persecución en sus países.

Al no enfrentar consecuencia alguna si son pillados, los migrantes están más decididos que nunca a seguir intentándolo hasta tener éxito.

La suspensión de los asilos y la adopción de la práctica de “deportaciones express”, como les dicen los migrantes, aceleró un nuevo fenómeno: Cada vez vienen más mexicanos por razones económicas y menos centroamericanos, africanos y de otras regiones.

El desmantelamiento del pedido de asilo es tal vez la iniciativa de Trump que más impacto tuvo en la restructuración del sistema inmigratorio. Trump entusiasmó a sus partidarios con su política de “Estados Unidos primero” y enfureció a sus detractores, que consideran su iniciativa aislacionista, xenófoba e incluso racista.

El 37% de los expulsados a partir de marzo eran reincidentes que ya habían sido pillados el año previo, comparado con el 7% del año fiscal del 2019. La cifra anual no supera el 14% desde que la Patrulla Fronteriza empezó a llevar la cuenta hace siete años.

La reincidencia abarcó al 48% de los adultos mexicanos detenidos en un lapso reciente de dos semanas en el sector de San Diego, de acuerdo con el jefe de la oficina local de la Patrulla Fronteriza Rodney Scott.

“Duermen por la noche y lo vuelven a intentar al día siguiente”, dijo Scott en una entrevista reciente.

Para desalentar estas reincidencias, el gobierno ha estado trasladando a los mexicanos más al interior del país, a la Ciudad de México y a otras capitales provinciales más distantes. Las autoridades mexicanas apoyan esa medida para aliviar las presiones sobre ciudades fronterizas como Tijuana.

Un pequeño grupo de mexicanos caminó dos días por una zona montañosa con arbustos y peñascos cerca de Tecate. Calculaban que les tomaría cuatro días llegar este mes a la ruta Interestatal 8, donde los esperaba alguien que los llevaría a San Diego. Pero fueron pillados y devueltos a Tijuana.

Para José Luis Bello, de 37 años, fue su octava expulsión desde marzo. En una ocasión fue enviado a la Ciudad de México. Pero sigue decidido a unirse a sus hijos estadounidenses en Columbus, Ohio.

José Magaña, de 35 años y quien integró el mismo grupo, fue detenido ocho veces en cinco meses. Fue enviado a ciudades medianas como Villahermosa y Querétaro, y sigue ansioso por regresar a Tijuana para probar fortuna de nuevo. Ansía reunirse con su esposa e hijos en San Francisco.

“Estoy 100% determinado”, expresó.

Es una reedición de lo que se vivió en las décadas de 1970 y el 2000, en que mexicanos que venían en busca de trabajo procuraban evitar a los agentes fronterizos. Los pedidos de asilo no eran tan prominentes hasta que la llegada de familias enteras de centroamericanos ayudó a hacer de Estados Unidos el país que recibía más personas que apelaban a ese recurso en el 2017. Muchas se entregaban a los agentes apenas cruzaban la frontera.

“Es una puerta giratoria, incluso más que antes”, dijo Scott.

El asilo es una protección para personas que son perseguidas por su raza, religión, nacionalidad, ideas políticas o su pertenencia a cierto grupo social. No está pensado para quienes emigran por razones económicas.

Trump ha dicho reiteradamente que el asilo es “una farsa” y se concedían muy pocos asilos antes de la pandemia.

“La principal amenaza a la integridad de las fronteras de Estados Unidos es la táctica de presentar pedidos de asilo falsos con la sola intención de ser admitido en el país”, expresó Stephen Miller, alto asesor de Trump, en declaraciones a la AP.

Detractores de Trump dicen que la suspensión del asilo por la pandemia, que está siendo cuestionada en los tribunales, es una grave abdicación de las obligaciones legales y morales de proteger a personas que le escapan a los abusos a los derechos humanos.

Hubo casi 200.000 expulsiones relacionadas con la pandemia entre marzo y septiembre, aunque la campaña del gobierno contra el asilo se remonta a los primeros días de esta administración, cuando miles de padres fueron separados de sus hijos y acusados de cargos penales en el marco de una política de “tolerancia cero” de los cruces ilegales.

Otras disposiciones importantes:

— Unas 70.000 personas que pedían asilo fueron devueltas a México a partir de enero del 2019, para esperar allí que se procesasen sus solicitudes. Quedaron expuestas a la violencia y se les hizo más difícil todavía encontrar abogados. Menos del 1% recibieron asilo, una tasa muy inferior a la de otros solicitantes de asilo.

El demócrata Joe Biden ha dicho que acabará con esa política.

— El gobierno firmó acuerdos con Guatemala, El Salvador y Honduras el año pasado por los cuales las personas que piden asilo son enviadas a esos países. Esto se hace a pesar de que el Departamento de Estado dice que hay importantes violaciones de los derechos humanos en las tres naciones, donde grupos minoritarios son blanco de ataques violentos.

Miller dijo que Estados Unidos negociará acuerdos similares con otros países si Trump es reelegido, creando una red global que distribuirá los pedidos de asilo entre más naciones.

— El Servicio de Aduanas y Protección Fronteriza a fines del año pasado empezó a retener a mexicanos y centroamericanos mientras se daba el primer paso en el trámite del asilo, en lo posible en tres días. Las instalaciones de ese servicio, no obstante, carecen de camas y de otros insumos básicos, y las personas tienen muchos problemas para encontrar abogados.

Muchos de los que tratan de ingresar a Estados Unidos desde México lo hacen por Tijuana, que está frente a San Diego.

Los migrantes pagan de 8.000 a 10.000 dólares a coyotes para que los guíen por las montañas y ser recogidos por alguien cuando llegan a una carretera, según el agente de la Patrulla Fronteriza Justin Castrejón.

A José Luis Zárate le tomó solo dos intentos cruzar desde Tijuana. Zárate, quien hace poco terminó estudios de enfermería pero no conseguía un buen trabajo, espera ganar suficiente dinero en Alabama como para construir una cancha de básquet en su ciudad, Oaxaca. Con su pareja decidieron que el cruce era demasiado peligroso como para que lo intentasen ella y su hijo de seis años.

“Es frustrante, pero estoy contento porque empezaré a producir dinero”, comentó en un mensaje de texto. “Empezaré una nueva vida aquí, desde cero”.

José Edgar Zuleta, cuyo negocio de venta de joyería con motivos religiosos en la ciudad mexicana de Puebla se vino abajo por la pandemia, trepó el muro de nueve metros (30 pies) de Trump con una escalera especial pero fue pillado pronto.

Zuleta, de 43 años, aceptó pagar a los coyotes 19.000 dólares para que lo hiciesen cruzar a él con su hijo, pero solo si lograban su propósito. Esperaba trabajar en jardinería en el sur de California. Dijo que planea intentarlo de nuevo mientras sigan en vigor las expulsiones expreso de la pandemia.

“Está bien porque podemos seguir intentándolo muchas veces”, dijo Zuleta.