La maldición de las camionetas de lujo: Cómo el apetito por el cuero de los asientos de los autos en Estados Unidos destruye la Amazonia

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Este reportaje fue producido en colaboración con la Red de Investigaciones de la Selva Tropical del Centro Pulitzer.

Trabajadores en una curtidora de Londrina, Brazil  (Victor Moriyama/The New York Times)
Trabajadores en una curtidora de Londrina, Brazil (Victor Moriyama/The New York Times)

BURITIS, Brasil — Una mañana de verano, Odilon Caetano Felipe, un ganadero que cría reses en tierras deforestadas de manera ilegal en la Amazonia, se reunió con un comerciante y firmó la entrega de 72 animales recién engordados. Con ese trazo del bolígrafo, Felipe le dio a su ganado un historial limpio: al venderlo, ocultó su papel en la destrucción de la mayor selva tropical del mundo.

Durante el almuerzo, poco después de la venta del 14 de julio, Felipe habló abiertamente del negocio que lo ha hecho rico. Reconoció haber talado la espesa selva amazónica y que no había pagado por la tierra. También dijo que estructuró sus ventas para ocultar el verdadero origen de su ganado al vender a un intermediario y así crear un rastro de papel que muestra falsamente que sus animales provienen de un rancho legal. La mayoría de los ganaderos de la zona hacen lo mismo, dijo.

“No importa”, dijo, si su granja es legal o no.

Una investigación de The New York Times sobre la industria brasileña de los mataderos, en rápida expansión —un negocio que no solo vende carne de res al mundo, sino también toneladas de cuero al año a grandes empresas de Estados Unidos y otros países—, ha detectado lagunas en sus sistemas de vigilancia que permiten que el ganado procedente de tierras amazónicas deforestadas ilegalmente pase sin ser detectado por las curtiembres de Brasil y llegue a compradores de todo el mundo.

Asientos 'apetitosos'

El rancho de Felipe es una de las más de 600 propiedades que operan en una zona de la Amazonia conocida como Jaci-Paraná, una reserva medioambiental especialmente protegida donde la deforestación está restringida. Y transacciones como la suya son el eje de un complejo comercio mundial que vincula la deforestación de la Amazonia con un creciente apetito en Estados Unidos por los lujosos asientos de cuero de las camionetas, los todoterrenos y otros vehículos vendidos por algunos de los mayores fabricantes de automóviles del mundo, entre ellos General Motors, Ford y Volkswagen.

Un vehículo de lujo puede necesitar una docena o más de pieles, y los proveedores estadounidenses compran cada vez más el cuero de Brasil. Aunque la región amazónica es uno de los principales proveedores de carne de res del mundo, cada vez más a las naciones asiáticas, el apetito global por el cuero asequible también significa que las pieles de estos millones de reses representan un lucrativo mercado internacional valorado en cientos de miles de millones de dólares anuales.

Este comercio del cuero muestra cómo los hábitos de compra de los países más ricos del mundo pueden tener consecuencias nefastas en los países en desarrollo, en este caso al hacer rentable la destrucción de la Amazonia a pesar del consenso científico de que su protección ayudaría a frenar el cambio climático.

Para rastrear el comercio mundial del cuero, desde los ranchos ilegales de la selva brasileña hasta los asientos de los vehículos estadounidenses, el Times entrevistó a ganaderos, comerciantes, fiscales y reguladores en Brasil, y visitó curtiembres, ranchos y otras instalaciones. El Times habló con participantes de todos los niveles del comercio ilícito en la Reserva Extractiva Jaci Paraná, una zona del estado de Rondônia a la que se ha concedido una protección especial porque está habitada por comunidades de personas que, durante generaciones, han vivido de la tierra explotando árboles de caucho.

Tierra paras reses

Estas comunidades están siendo expulsadas por los ganaderos que quieren la tierra para las reses. En la última década, los ganaderos han ampliado considerablemente su prescambio encia en la reserva, y en la actualidad se ha desbrozado un 56 por ciento de la misma, según los datos recopilados por la agencia estatal de medio ambiente.

El informe también se basa en el análisis de datos empresariales y de comercio internacional en varios países y en miles de certificados de transporte de ganado emitidos por el gobierno brasileño. Los certificados fueron obtenidos por la Agencia de Investigación Medioambiental, un grupo de defensa en Washington. El Times verificó de manera independiente los certificados y obtuvo por separado miles más.

Esto permitió seguir el rastro del cuero desde las granjas ilegales de la Amazonia hasta los mataderos operados por los tres mayores empacadores de carne de Brasil, JBS, Marfrig y Minerva, y luego a las curtiembres a las que abastecen. JBS se describe como el mayor proveedor de cuero del mundo.

Según Aidee Maria Moser, fiscal jubilada del estado de Rondônia que pasó casi dos décadas luchando contra la ganadería ilegal en la reserva de Jaci-Paraná, la práctica de vender animales criados en la reserva a comerciantes intermediarios sugiere una intención de ocultar su origen. “Es una forma de dar un barniz de legalidad al ganado”, dijo, “para que los mataderos puedan negar cualquier cosa ilegal”.

Cueros, destinados a una curtiduría, en un matadero de Porto Velho, en el noroeste de Brasil, el 12 de julio de 2021 (Victor Moriyama/The New York Times)
Cueros, destinados a una curtiduría, en un matadero de Porto Velho, en el noroeste de Brasil, el 12 de julio de 2021 (Victor Moriyama/The New York Times)

El problema no se limita a Rondônia. Este mes, una auditoría dirigida por los fiscales del vecino estado de Pará, que alberga el segundo mayor rebaño de ganado de la Amazonia, descubrió que JBS había adquirido 301.000 animales, que suponen el 32 por ciento de sus compras en el estado, entre enero de 2018 y junio de 2019 a granjas que violaban los compromisos para evitar la deforestación ilegal.

JBS no estuvo de acuerdo con los criterios empleados por los fiscales y aceptó mejorar su sistema de monitoreo, bloquear a los proveedores señalados por la investigación y donar 900.000 dólares al estado en respuesta a los hallazgos de la auditoría.

Para tener una idea de la escala de los ranchos que operan ilegalmente en la Amazonia brasileña, el Times superpuso los mapas gubernamentales de las tierras amazónicas protegidas, las áreas deforestadas y los límites de las granjas con las ubicaciones de los ranchos que JBS identificó públicamente como proveedores de sus mataderos en 2020. El análisis demostró que, entre los proveedores de JBS, los ranchos que cubrían una superficie estimada de 4000 kilómetros cuadrados se superponían significativamente con tierras indígenas, una zona de conservación o un área que fue deforestada después de 2008, cuando se pusieron en marcha las leyes que regulan la deforestación en Brasil.

La metodología y los resultados fueron analizados y verificados por un equipo de investigadores y académicos independientes que estudian el uso de la tierra en la Amazonia brasileña.

Los datos de comercio internacional mostraron que las empresas propietarias de las curtiembres que se abastecían de las pieles luego enviaron el cuero a las fábricas de México dirigidas por Lear, un importante fabricante de asientos que suministra a las plantas de montaje de automóviles de todo Estados Unidos. Lear dijo en 2018 que alrededor del 70 por ciento de sus pieles en bruto provenían de Brasil. Los cueros también van a otros países, como Italia, Vietnam y China, para su uso en las industrias automotriz, de moda y de muebles, según mostraron los datos comerciales.

JBS reconoció que casi tres cuartas partes de los ranchos identificados en el análisis del Times coincidían con tierras que el gobierno clasifica como deforestadas ilegalmente, o como territorios indígenas o zonas de conservación. Pero dijo que todas las fincas cumplían con las normas para evitar la deforestación cuando JBS les compró.

JBS dijo que, en los casos en que había superposiciones, las fincas estaban autorizadas a operar en zonas protegidas o deforestadas, o sus límites habían cambiado, o habían seguido las normas para solucionar sus infracciones medioambientales. La ganadería está permitida en algunas zonas protegidas de Brasil, si cumple con las prácticas sostenibles.

En un comunicado, JBS dijo que durante más de una década ha mantenido un sistema de control que verifica el cumplimiento de su política medioambiental por parte de los proveedores. “Más de 14.000 proveedores han sido bloqueados por el incumplimiento de esta política”, dijo. Sin embargo, la empresa indicó que “el gran reto para JBS, y para la cadena de suministro de ganado vacuno en general, es controlar a los proveedores de sus proveedores, puesto que la empresa no tiene información sobre ellos”.

La deforestación de la Amazonia se ha disparado en los últimos años debido a la carrera de los ganaderos por abastecer la creciente demanda de carne de res, especialmente en China. Los responsables de la industria del cuero señalan que, mientras haya demanda de carne de res, no hacen más que usar pieles que, de otro modo, irían a parar a los rellenos sanitarios.

Raoni Rajão, quien estudia las cadenas de suministro de la Amazonia en la Universidad Federal de Minas Gerais, dijo que debido a que la industria del cuero hace que la ganadería sea más rentable, comparte la responsabilidad de cualquier deforestación. “El cuero puede tener un alto valor agregado”, dijo.

La pérdida de bosques está destruyendo la capacidad dela Amazonia para absorber el dióxido de carbono que los árboles extraen del aire. El dióxido de carbono que procede de la quema de combustibles fósiles es el principal impulsor del cambio climático. Brasil fue uno de los más de 100 países que se comprometieron a poner fin a la deforestación para 2030 en la reciente cumbre del clima de las Naciones Unidas celebrada en Glasgow.

Aunque la mayoría de los ranchos de la región amazónica no están vinculados a la deforestación ilegal, los resultados muestran cómo el cuero ilegal está entrando en la cadena de suministro mundial, eludiendo un sistema que los mataderos y las propias empresas de cuero crearon en los últimos años para tratar de demostrar que su ganado solo proviene de ranchos legítimos.

La inmensa industria de las curtidurías de Brasil muestra cómo las pieles pueden llegar fácilmente al mercado mundial. (Victor Moriyama/The New York Times)
La inmensa industria de las curtidurías de Brasil muestra cómo las pieles pueden llegar fácilmente al mercado mundial. (Victor Moriyama/The New York Times)

En respuesta a preguntas detalladas, JBS, Marfrig y Minerva dijeron que no tenían conocimiento de que el ganado de la reserva Jaci-Paraná estuviera entrando en sus cadenas de suministro.

Las tres dijeron que tenían sistemas para controlar las fincas que abastecen directamente a sus mataderos y que excluyen a las granjas que no cumplen las leyes medioambientales. Y las tres reconocieron que no pueden rastrear a los proveedores indirectos, como Felipe, que venden el ganado a través de intermediarios, ocultando su origen.

Lear dijo que utilizó “un sólido proceso de abastecimiento” que garantizó que trabajaba “con los proveedores más capaces y avanzados que se comprometen a comprar pieles de ganado criado en granjas que cumplen la normativa”.

La empresa dijo que si los proveedores violaban sus políticas, tomaría medidas que podrían incluir la cancelación de sus contratos “y/o acciones legales contra el proveedor”.

GM dijo que esperaba que sus proveedores “cumplieran las leyes y reglamentos y actuasen de forma coherente con los principios y valores” del fabricante de automóviles. Ford dijo que aspiraba a “abastecerse solo de materias primas producidas de forma responsable”. Volkswagen dijo que sus proveedores ya se adherían a un alto nivel de sostenibilidad.

En Jaci-Paraná, la demanda mundial de cuero está ayudando a mantener un rebaño creciente de 120.000 cabezas de ganado donde antes había bosques. “Si se vendiera todo el ganado”, dijo Moser, la exfiscala, el gobierno tendría suficiente dinero “para reforestar toda la reserva”.

‘Vine a matarte’

El pasado diciembre llovía a cántaros cuando dos hombres atracaron en la casa de Lourenço Durães, junto al río Jaci-Paraná. Durães, un recolector de caucho de 71 años, invitó a los hombres a entrar y les ofreció un café. Después de hablar del clima durante unos minutos, uno de los visitantes fue al grano.

“No voy a engañarte”, dijo, según Durães y uno de sus amigos, que recientemente describieron el encuentro. “Vine a matarte”.

Querían deshacerse de Durães porque sus tierras son valiosas para los ganaderos.

Jaci-Paraná fue creada en 1996 para conceder a una comunidad de recolectores de caucho el derecho a seguir con su medio de vida. Durães es uno de los últimos recolectores. La comunidad está siendo expulsada por la deforestación.

“Estamos asustados, pero espero que se haga justicia”, dijo Durães, y añadió que creía que ese día se había librado de la amenaza porque es un hombre mayor.

Según Durães y una denuncia ante la policía presentada por su amigo, el presunto asesino identificó a la persona que lo había enviado, pero solo por un apodo. La policía no investigó, según el informe policial, porque Durães y su amigo no pudieron proporcionar el nombre completo de la persona para presentar cargos.

En una entrevista, Lucilene Pedrosa, que dirige la división regional de la policía, dijo que su equipo estaba esperando que los hombres proporcionen más información para poder investigar.

Los datos del gobierno analizados por el Times muestran el atractivo que despierta la tierra de esa zona. Según esos datos, entre enero de 2018 y junio de 2021 los ranchos que operan en Jaci-Paraná en tierras deforestadas ilegalmente vendieron al menos 17.700 reses a ranchos intermedios. Los compradores eran proveedores de los tres grandes frigoríficos, JBS, Marfrig y Minerva, según los datos del gobierno y de las empresas.

Casi la mitad de esas 17.700 reses fueron compradas por Armando Castanheira Filho, un comerciante local que ha sido uno de los mayores compradores de Jaci-Paraná y que es un proveedor directo de los tres grandes frigoríficos. Esas ventas crearon un rastro de papel que ocultaba que el ganado procedía de ranchos ilegales.

Una reportera del Times fue testigo de una transacción de este tipo cuando Felipe —el ganadero que reconoció haber participado en la deforestación ilegal— vendió sus 72 reses este año. El comprador de ese día era Castanheira.

El Times siguió el rastro de los animales. Once horas después, acabaron en un matadero de Marfrig.

Marfrig tiene un sitio web en el que indica la procedencia de su ganado, en un esfuerzo por demostrar que se abastece de manera responsable. En el caso del envío del 14 de julio rastreado por el Times, el rancho de Felipe no aparece en la página web. Pero en la lista de fincas que suministraron ganado para el sacrificio del día siguiente sí figura la granja de Castanheira, que está situada afuera de la reserva.

Al final de ese día en el matadero de Marfrig, un camión marcado con el nombre de una curtiembre, Bluamerica, salió del matadero llevando pieles. Bluamerica es una curtiembre que suministra a Lear, el fabricante de asientos para automóviles.

Castanheira confirmó que algunas de las reses que compra a la reserva van directamente al matadero, sin pasar por su rancho, aunque los papeles muestran que pasaron primero por su propia finca. Negó que lo hiciera para ocultar el origen del ganado.

El ganado de la finca de Felipe era recogido para enviar a un matadero. (Victor Moriyama/The New York Times)
El ganado de la finca de Felipe era recogido para enviar a un matadero. (Victor Moriyama/The New York Times)

“No lo hago para ‘blanquear’ nada”, escribió en un mensaje de texto. Dijo que su intención era simplemente beneficiarse de la diferencia entre lo que paga por cada animal y lo que puede obtener en el matadero.

Marfrig, Minerva y JBS dijeron que no enviaban camiones para recoger el ganado en la reserva de Jaci-Paraná, ni en ningún otro lugar que no fueran sus proveedores directos. Los abogados de Marfrig también han presentado un informe a la policía que enumera los hechos descritos por el Times, calificándolos como “posibles delitos de carácter penal”.

Castanheira sostiene que la reportera del Times fue testigo del único caso de este tipo de transacciones por su parte. Las tres empresas cárnicas dijeron que ahora han excluido a Castanheira de su grupo de proveedores.

Dos de los propietarios de Bluamerica, las empresas Viposa y Vancouros, afirmaron que sus proveedores eran objeto de auditorías periódicas y reconocieron las dificultades que plantea el seguimiento de los proveedores indirectos. Ambas empresas dijeron que estaban trabajando con el Fondo Mundial para la Naturaleza, un grupo medioambiental con sede en Suiza, para mejorar sus sistemas.

En general, un análisis de los datos del gobierno sobre los movimientos de ganado en Jaci-Paraná entre 2018 y 2021 identificó 124 transacciones que muestran signos de “lavado de ganado”, dicen los expertos. Las transacciones muestran que al menos 5600 reses fueron transferidas de granjas en la reserva a intermediarios que, en el mismo día, vendieron ganado a los tres principales mataderos.

Holly Gibbs, geógrafa de la Universidad de Wisconsin-Madison que lleva una década investigando el agronegocio en la Amazonía, dijo que, aunque los intermediarios legítimos suelen comprar y vender ganado el mismo día, el hecho de que las transacciones no se sigan de cerca es “una enorme laguna”.

“Están introduciendo animales criados en una zona protegida en las cadenas de suministro nacionales e internacionales”, dijo.

La cadena de suministros, desde los ranchos hasta los concesionarios, es compleja. Las pieles de los mataderos de Minerva y JBS van a las curtiembres propiedad de JBS, mientras que las de Marfrig son procesadas principalmente por Vancouros y Viposa, según los datos corporativos y las entrevistas. Los datos comerciales recopilados por Panjiva, la unidad de investigación de la cadena de suministro de S&P Global Market Intelligence, muestran que el fabricante de asientos Lear, con sede en Southfield, Míchigan, es el mayor comprador estadounidense de pieles de JBS, Vancouros y Viposa.

El pasado mes de mayo, los ganaderos ilegales de Jaci-Paraná lograron una importante victoria. El gobernador de Rondônia firmó una ley que reduce el tamaño de la reserva en un 90 por ciento.

La ley, contra la que los fiscales están luchando en los tribunales, abre una vía para que los ganaderos de las tierras deforestadas ilegalmente puedan legalizar sus negocios. Los críticos de esa medida dicen que podría sentar un precedente para una mayor deforestación en otras reservas protegidas.

Sea cual sea el resultado de esa lucha legal, Durães, el recolector de caucho, dijo que no tenía intención de abandonar su trozo de bosque. El pasto para el ganado ya llega a un kilómetro y medio de su casa de madera de dos habitaciones.

Vivir entre los poderosos árboles es la única existencia que conoce. Y quedarse, dijo, es “la única manera de mantener el bosque en pie”.

Las lagunas de la ‘transparencia’

Cada pocos segundos, en la curtiembre Vancouros, al sur de Brasil, el sonido de las pieles cayendo en docenas de tambores de madera de tres metros se ve interrumpido por los chasquidos de un marcador neumático cuando cada piel es perforada con un código de siete dígitos que traza su origen.

Clébio Marques, director comercial de la curtiembre, sacó una piel azul húmeda de una pila, sacó su teléfono y tecleó su código en el sitio web que su empresa creó para sus clientes, como Lear. Luego aparecieron los datos del proveedor de esa piel en concreto.

“Todo nuestro cuero es rastreable”, dijo. “Esto no es obligatorio, nadie lo pidió, pero pensamos que el mercado necesitaba más transparencia”.

Pero entonces a Marques se le presentó la constatación de que uno de sus proveedores más importantes, Marfrig, compraba ganado a proveedores cuyas transacciones mostraban indicios de blanqueo de ganado. “Estoy sorprendido”, dijo. “Esperamos que el producto principal sea legal”.

Sin embargo, subrayó que la vigilancia de su propia empresa no era culpable. “Tenemos que confiar en los documentos que nos proporcionan, porque nuestra auditoría se basa en su sistema”, dijo Marques.

Pastizales de la Amazonia.  (Victor Moriyama/The New York Times)
Pastizales de la Amazonia. (Victor Moriyama/The New York Times)

Los tres principales empacadores de carne tienen sistemas diseñados para rastrear la última granja de la que procede el ganado que sacrifican. Sin embargo, los tres tienen el mismo defecto: no tienen en cuenta el hecho de que el ganado no suele pasar toda su vida en una sola granja. Por lo tanto, no consideran que un proveedor directo pueda estar vendiendo ganado que en realidad fue criado por otra persona, en tierras deforestadas ilegalmente.

Los sistemas de seguimiento se crearon tras una investigación de Greenpeace en 2009 que vinculaba a los proveedores brasileños de carne y cuero con la deforestación ilegal. En la actualidad, las tres grandes empresas declaran que tienen políticas de tolerancia cero con la deforestación para todos sus proveedores directos.

Los tres principales mataderos publican sus datos de seguimiento en internet. El de JBS es el más detallado; las otras empresas omiten la ubicación exacta de los ranchos. Fue el análisis del Times de estos datos de JBS para 2020, el año más reciente disponible, el que indicó que los proveedores de la empresa incluían ranchos que podrían haber violado las normas gubernamentales diseñadas para evitar la deforestación y el desplazamiento de los pueblos indígenas.

JBS afirmó que todos sus proveedores cumplían las normas en el momento de la compra. Marfrig y Minerva dijeron que compartían toda la información sobre sus proveedores directos que permite la ley de privacidad de datos de Brasil.

Como parte de este proceso, las curtidurías se apoyan en una organización financiada por la industria, el Leather Working Group, para certificar su cumplimiento. El grupo ha asignado su máxima calificación, “oro”, a todas las curtiembres de la Amazonia que suministran cuero a Lear, lo que significa que se adhieren a prácticas ambientalmente sostenibles.

En un comunicado, el grupo dijo que estaba trabajando para mejorar sus protocolos de trazabilidad, pero que “debido a la complejidad de los sistemas de cría en Brasil y la falta de bases de datos disponibles públicamente, todavía no hay, por desgracia, una solución fácil para esta situación”.

JBS, Marfrig y Minerva se han comprometido públicamente a mejorar el seguimiento de los ranchos que venden ganado a sus proveedores directos. JBS ha dicho que rastreará una capa de proveedores indirectos para 2025. Marfrig se comprometió a rastrear a todos sus proveedores indirectos en la Amazonia para 2025 y Minerva dijo que tendría cadenas de suministro totalmente rastreables en Sudamérica para 2030.

“Solo un seguimiento desde el nacimiento hasta el sacrificio de los animales individuales puede garantizar que no hay deforestación en estas cadenas de suministro de alto riesgo en la Amazonía”, dijo Rick Jacobsen, de la Agencia de Investigación Ambiental, el grupo sin fines de lucro.

De Brasil a los concesionarios de Estados Unidos

Los asientos de cuero del todoterreno Escalade de Cadillac, descrito por un concesionario del estado de Washington como “un hotel de lujo sobre ruedas”, pueden elevar el precio del modelo de primera línea de General Motors a más de 100.000 dólares.

El Escalade es uno de los muchos vehículos que se venden en Estados Unidos y que usan asientos de cuero y otros accesorios de Lear, una empresa que domina una quinta parte del mercado mundial de asientos para automóviles.

Ni Lear ni GM etiquetan la procedencia del cuero para los asientos de sus carros. Las importaciones de cuero brasileño de Lear han aumentado durante la última década, impulsadas por un aumento del cuero procedente de JBS, según Panjiva, la empresa de datos sobre la cadena de suministro. El año pasado, Lear fue el mayor importador estadounidense de cuero y pieles de Brasil, importando unas 6000 toneladas, gran parte de ellas de JBS, según los datos de Panjiva.

Un matadero de Brasil que provee carne y cuero al mundo. (Victor Moriyama/The New York Times)
Un matadero de Brasil que provee carne y cuero al mundo. (Victor Moriyama/The New York Times)

Los camiones de gran tamaño y los grandes todoterrenos son una fuerza creciente detrás de la demanda de acesorios de cuero en la industria del automóvil. Para muchos compradores, el cuero “grita lujo y suele añadir un importante valor de reventa”, dijo Drew Winter, analista principal de Wards Intelligence, una empresa de investigación de automóviles.

La respuesta de la industria

Raymond E. Scott, director general de Lear, expuso la importancia de los vehículos de lujo en una presentación a los inversores en junio. La empresa tiene el 45 por ciento del mercado de lujo, dijo. Y lo que estaba impulsando el crecimiento del negocio de asientos de Lear era “realmente la fuerza de los todoterreno y los camiones de tamaño completo de GM”, un elenco que también incluye la Yukon, la Chevrolet Tahoe y la Suburban.

En Brasil, “el 100 por ciento de nuestros proveedores utilizan el geo-cercado” (una tecnología que utiliza el GPS para establecer una valla virtual) “para asegurarse de que no compran animales de granjas involucradas con la deforestación”, dijo Lear en un comunicado de 2018.

Sin embargo, los hallazgos del Times en Brasil indican que los proveedores de Lear no tenían la capacidad de rastrear todo el ganado de esta manera.

Lear dijo que exigía a todos los proveedores que cumplieran con una política de no deforestación, que prohíbe el uso de cualquier material proveniente de áreas deforestadas ilegalmente o de tierras indígenas u otras protegidas. Según los archivos corporativos, los otros clientes más importantes de Lear son Ford, Daimler, Volkswagen y Stellantis, formada por la fusión de Fiat Chrysler y el fabricante francés de autos Peugeot y Citroën.

General Motors dijo que su cadena de suministros estaba “construida sobre relaciones sólidas, transparentes y de confianza”. Ford dijo que se exigía a sí misma y a sus proveedores unos estándares ambiciosos y que “lo hizo bien en muchas áreas y puede mejorar en otras”. Volkswagen dijo que trabajaba en un mejor seguimiento de la cadena de suministro hasta la granja.

Daimler dijo que un pequeño porcentaje de su cuero procedía de Brasil. Stellantis afirmó que compartía la preocupación por la rastreabilidad, y que trabajaba activamente para confirmar la ubicación de las curtiembres y las granjas en su cadena de suministro.

El año pasado, alrededor de un tercio de las 15.000 toneladas de cuero importadas a Estados Unidos procedían de Brasil, que recientemente superó a Italia para convertirse en el mayor exportador de cuero y pieles a Estados Unidos. Gran parte de ese aumento puede atribuirse a la industria del automóvil.

Vía México

La mayor parte de los envíos de cuero de JBS a Lear en Estados Unidos viaja desde São Paulo a Houston, según datos comerciales de Panjiva. Desde allí, gran parte se transporta por camión a través de la frontera mexicana hasta una de las dos docenas de fábricas de asientos de automóviles que Lear tiene en México, donde los trabajadores cortan y cosen las pieles para hacer cubreasientos.

Luego, el cuero vuelve a transportarse por la frontera. Desde enero de 2019 hasta junio de 2021, las plantas de Lear en México enviaron unas 1800 toneladas de cuero a Estados Unidos, según los datos de transporte por camión contabilizados por Material Research.

Su destino final: las instalaciones de Lear en todo el país. Suelen estar situadas más cerca de las plantas de ensamblaje final de automóviles, lo que facilita que la empresa pueda adaptar el color y otras variaciones a los modelos que salen de la línea de montaje de vehículos.

Uno de estos destinos es la planta de General Motors en Arlington, Texas, un extenso campus de más de 100 hectáreas en el que el fabricante de automóviles produce algunos de los vehículos más grandes y lujosos de la empresa, como el Escalade. Los trabajadores automotrices ensamblan unos 1300 todoterrenos al día para vender en Estados Unidos y para exportar.

A diez minutos en carro, Lear tiene una fábrica que confecciona asientos de cuero.


Manuela Andreoni reportó desde la reserva Jaci-Paraná en Brasil. Hiroko Tabuchi y Albert Sun reportaron desde Nueva York.

© 2021 The New York Times Company

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