Así fomentan las nuevas formas de turismo el desperdicio de comida

Así fomentan las nuevas formas de turismo el desperdicio de comida

El desperdicio de comida es una cuestión que nos debería preocupar a todos, tanto por el impacto que tiene sobre el medio ambiente como por cuestiones sociales. Y es que, según algunos cálculos, se pierden hasta 1.300 millones de toneladas de comida cada año en nuestro planeta.

Y uno de los sectores donde más comida se desperdicia es en el turismo. El problema, tal y como se plantea en un artículo reciente, es que no se sabe ni cuánta comida se desperdicia ni cómo atajar el problema. Principalmente por las nuevas formas de turismo que han surgido en los últimos años.

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Porque los hoteles, restaurantes, cruceros y demás tienen regulaciones y controles sobre el desperdicio de comida. Pero no ocurre lo mismo con los circuitos de turismo alternativo – desde campings hasta alternativas como AirB’n’B – y no digamos ya en establecimientos que se salgan incluso de estos patrones como el couch surfing o el intercambio de hogares.

Pero ¿realmente se desperdicia comida en estos sitios? Los investigadores ponen un ejemplo muy claro: en muchos de estos establecimientos es habitual que se ofrezca cierta cantidad de comida de cortesía. Que puede ir desde una cesta de fruta a ciertos elementos básicos en las neveras de las casas que se alquilan.

Claro, que normalmente las cantidades “de cortesía” tienden a ser excesivas. Volviendo al ejemplo de la cesta de fruta, no suele haber unas pocas piezas para cubrir las necesidades del alojamiento. Se hacen con la intención de agasajar al inquilino, por lo que la cantidad suele ser alta. Y se descartan muy rápido, para no dar mala imagen.

Así que por ese lado se pierde mucha comida. Pero también por los inquilinos/visitantes. Que compran comida para su estancia, pero suelen excederse. Que a todos nos puede pasar – y de hecho, a casi todos nos pasa – pero muchas veces esa comida no retorna con nosotros.

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El problema está en qué hacer con esa comida. Porque los establecimientos de los circuitos tradicionales pueden tener mecanismos para recuperar esa comida y evitar que se desperdicie – un sistema que no es perfecto y sobre el que hay que trabajar, pero que al menos existe hasta cierto punto. En los circuitos del turismo alternativo, no existen estos mecanismos, ni parece viable imponerlos.

Siempre existen excepciones, y al tratarse de una cuestión de ámbito global resulta complicado encontrar patrones generales. Pero lo primero que se debería hacer es contabilizar, aunque sea a grandes rasgos, cuánto se desperdicia para después buscar soluciones.