Al Asad, el líder que sobrevivió a la Primavera Árabe y a la guerra

Beirut, 27 may (EFE).- El presidente sirio, Bachar al Asad, ha vuelto a ser reelegido en las urnas para un cuarto mandato con el 95 % de los votos, afianzando su posición tras más de dos décadas consecutivas en el poder, la última de ellas de conflicto armado que amenazó con poner fin a la hegemonía de la familia en Siria desde los años 70.

Al Asad, también comandante de las Fuerzas Armadas, ha sobrevivido a la Primavera Árabe y a años de guerra, logrando desde 2016 retomar militarmente la mayor parte del territorio sirio con ayuda de su aliada Rusia y las milicias chiíes iraníes y libanesas que le apoyan.

En 2011, una revuelta popular contra su régimen le hizo tambalearse, pero el dirigente aplacó por la fuerza a sus detractores en las calles y siguió haciéndolo por la vía militar cuando la situación se tornó en un conflicto abierto.

Oftalmólogo de profesión, Al Asad también ha resistido ante otros reveses que han afectado a su vida personal en los últimos años.

Su mujer, Asma, superó recientemente un cáncer del que poco se ha hecho público, mientras que la familia y su entorno han sido objeto en el último año de una larga lista de sanciones por parte de Estados Unidos al amparo de la denominada Ley César.

Con su victoria en las urnas, Al Asad se revalida en el poder una vez más sorteando un creciente descontento popular por la grave crisis económica y la escasez de productos básicos en Siria, que ha llevado al 60 % de la población a sufrir inseguridad alimentaria, según datos de la ONU.

LA LLEGADA AL PODER

Nacido el 11 de septiembre de 1965 en Damasco, Al Asad estudió medicina y se especializó en oftalmología en la capital siria y Londres, donde cursó un posgrado.

Su destino cambió en 1994, cuando fue llamado por su padre, el entonces presidente Hafez al Asad, tras la muerte de su hermano mayor Basel, el primogénito, en un accidente de tráfico. A partir de entonces, Bachar ascendió en la carrera militar con el apoyo de su padre que le preparó para heredar el poder.

Después de la muerte de su progenitor, que gobernó durante casi tres décadas tras acceder a la jefatura de Estado con un golpe, fue declarado presidente por el Parlamento tras un referéndum popular en el que recibió una aprobación del 97,29 %.

Tras su toma de posesión, se pensó que iba a dar un giro democratizador y reformista en Siria, pero menos de un año después las esperanzas de apertura se vieron frustradas y fueron arrestados numerosos activistas y opositores.

En 2007, Al Asad renovó su mandato por otros siete años en otro referéndum en el que obtuvo el 97,62 % de los votos y estrechó más el cerco sobre sus detractores.

UNA VENTANA DE REFORMAS

Ante la presión creada por las revueltas árabes de 2011, el dirigente -uno de los pocos que permanece en el poder hasta el día de hoy- accedió a implementar una serie de reformas y ese mismo año emitió un decreto permitiendo la formación de nuevas formaciones políticas, poniendo fin en el papel al monopolio del Partido Baaz, al que pertenece.

Las reformas culminaron al año siguiente en la promulgación de una nueva Constitución, que si bien es más "democrática" que el anterior texto de 1973, ha sido fuertemente criticada por la oposición y parte de la comunidad internacional como un instrumento más que Al Asad ha empleado a su favor.

Al amparo de esta Carta Magna, los territorios sirios entonces bajo el control de Damasco participaron en 2014 en las primeras elecciones presidenciales con más de un candidato. Sin embargo, Al Asad se hizo con una contundente mayoría y comenzó un tercer mandato de siete años.

Cuando el conflicto dibujaba ya un mapa territorial favorable al régimen, Al Asad accedió a participar en unas negociaciones para redactar una nueva Constitución siria, que fueron lanzadas por la ONU en Ginebra en 2019 con representantes de la oposición y de la sociedad civil.

El presidente ha sido acusado de obstaculizar las poco exitosas negociaciones, que deberían dar lugar a un marco para la transición política en Siria, y de utilizar el proceso para mejorar su imagen mientras que sus políticas no han cambiado.

La Constitución de 2012, sin efecto retroactivo, limita a un máximo de dos legislaturas de siete años cada una el tiempo que el jefe de Estado puede estar en el poder, por lo que este debería ser el último mandato de Al Asad.

(c) Agencia EFE

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