La artista revelación que no te puedes perder en los Grammys Latinos: Nathy Peluso

Jon Pareles
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Nathy Peluso, en Buenos Aires, Argentina, el 4 de noviembre de 2020. (Diego Levy/The New York Times)
Nathy Peluso, en Buenos Aires, Argentina, el 4 de noviembre de 2020. (Diego Levy/The New York Times)

Los Premios Grammy Latinos se han postulado desde hace dos décadas como un evento extravagante de Las Vegas, lleno de contoneos, ostentación y boato. Debido a las condiciones de la pandemia, el 21.o espectáculo anual, que será transmitido la noche del jueves por Univisión, se espera que sea muy distinto.

Sin embargo, muchos de los principales nominados ya han ganado en otras ocasiones, como el cantautor español Alejandro Sanz, los cantantes colombianos Juanes y J Balvin, el rapero puertorriqueño Residente, el cantautor argentino Fito Páez y el cantante puertorriqueño Bad Bunny, el más nominado de la noche. Todos cantarán en la transmisión de este año, pero sin un público en vivo.

Para quienes escuchan de manera ocasional la variada música latina, los Grammys Latinos son una vía de acceso extraordinaria a este mundo durante el horario estelar de la televisión estadounidense y también, una introducción a los artistas que se han hecho de muchos seguidores por su cuenta. Tres de los diez nominados a mejor artista nuevo tendrán los reflectores sobre ellos el jueves por la noche: los cantautores puertorriqueños Anuel AA y Rauw Alejandro, así como una de los mejores artistas revelación de los Grammys Latinos: la rapera y cantautora argentina Nathy Peluso, que acaba de sacar su primer álbum, “Calambre”, en octubre.

En la portada de dicho álbum, hay una fotografía de Peluso saltando, arropada en vendajes y con un cable eléctrico en las manos. “Esa es la sensación”, dijo. “Estoy lastimada, pero me siento de maravilla. Sigo trabajando en mí misma. Sigo en la lucha”.

Habló por Zoom desde Buenos Aires, donde ensayaba su presentación para los Grammys Latinos. En su navegador tenía abierta una ventana con un programa de traducción para confirmar de vez en cuando que estaba usando la palabra correcta en inglés.

En lugar de elegir una sola ejecución musical para su primer lanzamiento internacional, Peluso eligió doce a la vez. Sus canciones sondean el reguetón, salsa, funk, hiphop y pop, invocando eras desde los años setenta a la primera década de los 2000. Una pista le obtuvo una nominación en la categoría de mejor canción alternativa: “Buenos Aires”, una balada lánguida de R&B sobre la soledad y el anhelo, con armonías jazzísticas y una energía propia del hiphop.

“A ella realmente la inspiran muchos tipos de música”, dijo el productor principal del álbum, Rafa Arcaute, por teléfono desde Miami. Arcaute, que es argentino, ha ganado varios Grammys Latinos por su trabajo con Calle 13 y una vez más es uno de los nominados a productor del año, un premio que ganó en 2016. “Es supersuperjoven, pero en términos de música es muy madura, una mujer joven con una mente vieja”, añadió. “Y al mismo tiempo tiene una inocencia, un afán de descubrimiento. Conoce mucha música, pero también está en el proceso de descubrirlo todo. De verdad conoce el valor de la música”.

En el álbum la voz de Peluso puede cambiar radicalmente de una canción a otra. Es inexorable en “Sana sana”, una canción sobre la herencia latina que trasciende la economía (incluso alude al Fondo Monetario Internacional). En “Sugga” es candente y coqueta, hilarantemente desesperada en “Amor salvaje”, sinuosa en “Llámame”, confiada y descarada en “Business Woman” y da unos suspiros hipnóticos en “Trío”, en la que se propone un ménage à trois. En diferentes momentos, su ejecución sugiere a Beyoncé, Rihanna, Missy Elliott, la rapera chilena Ana Tijoux, Celia Cruz, la meteórica reina de la salsa, o la cantante de jazz Dinah Washington.

“Encuentro a diferentes mujeres dentro de mí, diferentes voces”, dijo. “De verdad me gusta indagar en personajes”.

Peluso nació en Buenos Aires y se mudó con su familia a España cuando tenía 10 años. “Siempre me sentí como una extraña, porque mis padres eran tan argentinos”, dijo. “En Barcelona, mis amigos eran de Colombia y Puerto Rico, y yo aprendía sobre todas sus culturas. Estaba atravesando barreras todo el tiempo. Vivía con la sensación de ser nómada. Por mi carrera siempre estoy viajando, siempre estoy en un lugar diferente, pero mi alma es mi hogar”.

Siempre supo que quería ser una artista performativa. Estudió Comunicación Audiovisual, danza y teatro, y cuando era adolescente cantó versiones de Frank Sinatra y Nina Simone en hoteles y restaurantes. Durante un tiempo se ganó la vida como artista callejera en Madrid, se instaló con un teclado y escribió lo que ella llama “poesía rápida” a cambio de dinero: “Dime una palabra y escribiré un poema en dos minutos”, decía. “Empecé a ver que era buena. Así que empecé a ponerle música a estos poemas. ¿Cómo puedo cantar esto? No, no puedo cantar esto, porque es demasiado extraño. ¡Pero puedo rapearlo! Así que empecé a rapear estos poemas con ritmos lo-fi”.

En 2017, sacó un EP de esos raps, “Esmeralda”, y un video sin presupuesto para la canción principal; ahora tiene 8 millones de vistas en YouTube. Al EP le siguió un sencillo: la enervante y furiosa canción de ruptura “Corashe” (como coraje), que tiene unos toques de trap.

La canción lanzó a Peluso a las giras, a un segundo EP (“La Sandunguera”) y a un contrato con una importante disquera (Sony), además de convenios con casas de moda, incluyendo un patrocinio con Adidas. Junto con Arcaute, Peluso armó “Calambre” en España, Miami, Los Ángeles y Argentina, con frecuencia trabajando de manera remota antes y durante la pandemia. Enlistaron a colaboradores de todas partes, como Illmind, el productor de hiphop, el puertorriqueño Ramón Sánchez, un pilar de la salsa, y el arreglista de la sección de vientos Michael B. Nelson, que en varias ocasiones colaboró con Prince.

Pero Peluso grabó “Buenos Aires” con los músicos que habían tocado para el querido cantautor argentino de rock, Luis Alberto Spinetta, fallecido en 2012, en el estudio de Buenos Aires que él usó durante muchos años. Arcaute, quien también había formado parte de la banda de Spinetta, dijo que era la primera vez que los músicos regresaban a ese estudio: “Fue una sesión muy especial, superemocional”, recordó.

El álbum cierra con otra conexión a Argentina: “Agárrate”, que comienza como un tango-bolero lacrimoso —con todo y bandoneón, el acordeón del tango por antonomasia— antes de cambiar inesperadamente a un hiphop agresivo. Es un corazón adolorido que explota en venganza.

“De verdad necesito inspirar a las chicas”, dijo Peluso. “Como, OK, ahora estamos desechas. Puedes estar desecha y compartir todo. Al estar rota aprendes, puedes inspirar. Y luego tienes que saber que vamos pa’lante. Seguiremos nuestro camino”.

This article originally appeared in The New York Times.

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