El artista de Oaxaca que convirtió su taller en un centro cultural

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HUITZO, Oax., mayo 15 (EL UNIVERSAL).- Fue entre los años 1987 y 1988 cuando el artista plástico Enrique Flores González regresó a su natal San Pablo Huitzo para establecerse y desde ahí realizar su trabajo.

Lo empezó con la construcción de su propio taller, y poco a poco se fue ampliando y adquiriendo notoriedad entre los demás artistas, quienes lo visitaban para trabajar ahí.

Hace algunos años, no recuerda con precisión cuántos, él y su familia (su esposa, que es gestora cultural, y sus dos hijos, uno, arqueólogo, y el otro, diseñador gráfico) tomaron la decisión de convertir el taller en un centro cultural en el terreno en el que están asentados.

Esto, para que sea un lugar al que pueda asistir la gente de la localidad y también de comunidades cercanas para conocer de las artes plásticas y otras expresiones artísticas, como la música o la literatura.

Actualmente, el proyecto tiene edificado un taller de pintura y grabado y un taller de fundición. Aunque ya cuentan con el diseño arquitectónico, la intención es construir un taller de litografía y un taller de papel para reciclar la pedacería que sobra cuando desarrollan su trabajo.

"La idea es que esto crezca como un pequeño proyecto cultural, donde se le ofrezcan cursos a los niños de la zona, se pueda apoyar a jóvenes que estén interesados en las artes plásticas o a cualquier persona que tenga el interés de conocer los procesos que trabajamos, de ver lo que hacemos; queremos hacer este espacio como un pequeño centro cultural de esta zona del Valle de Etla.

"Tiene unos cuantos años que ya lo conformamos como un pequeño centro cultural, ya tenemos el terreno y el proyecto y estamos empezando con el taller de fundición, posteriormente será el taller de litografía y, conforme esté en nuestras posibilidades, queremos que siga creciendo", detalló.

El camino

Enrique Flores es un artista plástico de San Pablo Huitzo y desde la secundaria inició su interés por la pintura. Uno de sus tíos era pintor al óleo y fue quien le dio sus primeras lecciones.

Al terminar el bachillerato ingresó a la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca (UABJO) y su deseo era estudiar en La Esmeralda, la Escuela Nacional de Pintura, Grabado y Escultura de la Ciudad de México, pero llegó tarde y ya no tuvo posibilidades de ingresar.

Sin embargo, cuando intentaba ingresar a La Esmeralda, conoció a los maestros Rodolfo Morales y Rufino Tamayo, quienes le sugirieron regresar a Oaxaca, y así lo hizo: ahí ingresó al Taller de Artes Plásticas Rufino Tamayo.

La pintura, dice: "Fue algo que fue jalando poco a poco. En ese tiempo, en el pueblo no había ni casa de la cultura, no había ningún lugar donde pudieras ver estas cuestiones.

"A mí me gustaba dibujar, cuando iba a la secundaria, que estudié aquí en el pueblo, tengo un tío que él pintaba al óleo, él me daba algunas clases y de ahí fui al bachillerato en la ciudad de Oaxaca y ahí comencé a ver otras cosas, conocer gente y ya empecé a involucrarme en esta cuestión, un acercamiento mayor al arte", comentó.

Posteriormente, ingresó al taller de grabado del maestro Juan Alcázar, que era uno en donde se producía gráfica en Oaxaca. Después de trabajar, él se estableció nuevamente en Huitzo, donde comenzó a trabajar en su "tallercito".

Primero fue una mesita en un espacio pequeño que con el paso del tiempo se ha ampliado. La relevancia de construir el centro cultural, asegura, es poder acercar a los niños y niñas y a la juventud a las artes, aunque también estará abierto para adultos y adultos mayores.

"Aquí en Huitzo hay muy buen barro que se utiliza para hacer teja y ladrillo, entonces hemos pensado en usarlo para cerámica y capacitar a la gente del pueblo que quiera aprender la cerámica como un oficio", subrayó Flores.

El artista menciona que Huitzo es un pueblo antiguo, que existe desde la época prehispánica y que a la llegada de los españoles tenía cierta importancia, pues lo nombraron "corregimiento Huitzo".

Aquí también hay construido un exconvento del siglo XVI, por los dominicos; sin embargo, la lengua y otros aspectos culturales se fueron perdiendo. "Ahora lo importante sería rescatar lo que podamos", agregó.

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