Arte que sana a niños migrantes

Shantal Ibarra

Un taller de autorretrato ayuda a menores migrantes no acompañados, a expresar sus emociones. Así lo cuenta la creadora de los talleres.

Paola Torres, mejor conocida como Paola Viola, es una artista plástica creadora de un taller de autorretratos dirigido a niños migrantes en Tijuana, en un esfuerzo por alcanzar la sanación interna y ayudar a los menores a expresar sus emociones por medio del arte.

El taller titulado “Autorretrato como terapia”, tiene más de un año e inició atendiendo a pacientes del Hospital de Salud Mental de Tijuana, y hace meses que trabaja con niños migrantes no acompañados, que quedaron en Tijuana, bajo la responsabilidad del instituto del Desarrollo Integral de la Familia (DIF).

La artista plástica explica que el propósito del taller es dar terapia a los menores que atravesaron México desde centroamérica, y desarrollar su creatividad.

La siguiente entrevista fue editada para facilitar su lectura.

—¿Cómo empezaste a utilizar el arte para realizar talleres de terapia?

—Me di cuenta que el tipo de arte era una especie de autosanación, pero fue inconsciente. Hasta que yo empecé a sanar hace 3 años me di cuenta que el proceso pictórico y que el videoarte que hago tiene que ver. Cuando tengo ansiedad hago un video, o si tengo insomnio pinto. Ahí te das cuenta que es una especie de terapia. 

—¿Por qué decidiste llamarlo así?

—Una vez una muchacha me dijo “tú no eres terapeuta” y le dije “no, yo no soy terapeuta” pero sí es una terapia, porque es proceso terapéutico el dibujarte, así que autorretrato como terapia es exactamente lo que hago. 

—¿En qué consisten estos talleres?

—Creo muy profundamente que el arte sana. El taller consiste en hacer autorretratos con diferentes técnicas. Simplemente con la pura expresión que entran todos apagados: “yo no sé dibujar, yo no sé hacer esto”, con una negatividad muy grande y al final salen con una sonrisa enorme, me piden que les tome una foto con su dibujo porque al final sí se pudieron expresar como ello querían, eso creo que sí es lo que sana: les da autoestima.

—¿Cómo ha sido tu experiencia trabajando con adolescentes migrantes?

—Con los chicos migrantes empecé en la segunda caravana que llegó en noviembre del año pasado y trabajé en el albergue en el grupo salesiano y ahí estuve con contrato del ICBC; ahorita estoy con la Secretaría de Cultura y en el DIF ha sido una experiencia muy difícil, hay mucha carencia, no hay mucho apoyo. En mi clase siempre digo cuando iniciamos: lo que expresamos aquí, se queda aquí. Mientras están dibujando me cuentan su vida, el abuso que sufrieron de su papá desde los 4 años, el abuso que sufrieron de su mamá desde que era bebé. Todas esas cosas lo van expresando mientras van dibujando. Otros lloran, otras gritan, otras me abrazan, nos reímos. A raíz de este trabajo tengo la necesidad de ser terapeuta, porque a veces no sé qué contestar. Me dejan como en una película de terror. Hay expresiones como “yo miss lo único que le pedía a Dios era no salir embarazada de mi papá”.

—¿Cómo han ayudado los talleres a los adolescentes migrantes?

—No termino de dar todo el taller porque se van al Salvador, Honduras, o ya les toca el número para que se vayan a Estados Unidos. Pero mientras están presentes salen con un ánimo mejor que el que traían. Eso ya me da felicidad brindar ese servicio.

—¿Tú crees que cada color, cada línea representa un significado?

—Sí, todavía no las sé completas porque no soy terapeuta apenas estoy empezando con la teoría que es la psicología pero por ejemplo mi maestra ella es psicóloga y artista plástica y por eso ella es arteterapeuta y me dijo “un psicólogo ya está súper escrito no puede ser un arteterapeuta si no tiene la sensibilización con el arte o una escuela de arte y un artista no puede ser arteterapeutica si no conoce la psicología o sea va de la mano por eso ya está la necesidad. 

—¿Cuál es la dificultad más grande que has tenido trabajando en el DIF?

—El conocer las historias de terror que me cuentan. Algunas de las cosas que han pasado no se las pueden decir a nadie. Eso es lo más difícil, estar presente en ese momento que me cuenten su vida cómo a su hermano lo han matado, cómo a su papá lo han matado y toda esa matanza.

—¿Qué tipo de proyectos te gustaría implementar en un futuro y cómo crees que funcionarán?

—Un programa de reintegración a la sociedad cuando cumplen 18 años estos chicos. Estoy hablando a nivel general, toda la población migrantes y no migrantes, porque no existe un programa de reintegración a la sociedad porque realmente están como en una cárcel.

—¿Qué pasa cuando salen?

—Ahorita está el caso de una chica que desde que empecé a dar clases me dijo “Paola adóptame, voy a cumplir 18 años y no sé qué voy a hacer”. Y es la primera vez que me pasa porque apenas tengo 3 meses en el DIF. Duré más tiempo en el hospital de salud mental ahí duré un año. Entonces un programa con un listado de trabajos para los chicos que salen del DIF, albergues especiales de 30, 40, 50 días hasta que logren encontrar un trabajo. Hay personas que llevan 10 años ahí, entonces pierden contacto con el mundo, ir al cine, caminar en la calle, pedir un taxi.

—Como artista estás descubriendo nuevos talentos, ¿Has encontrado alguno trabajando con ellos?

—Sí, pero la mayoría de los que están en los talleres siendo migrantes, no son seres que les gustan el arte. Por ejemplo esta niña que me estuvo diciendo “hey adóptame” si le sigue con o sin escuela, va a llegar a ser una pintora increíble porque ella nunca ha ido a la escuela de arte pero domina la luz y sombras.