Entre el arte de provocar y la libertad de expresión

PARÍS.- ¿Irresponsabilidad o legítimo ejercicio de la libertad de expresión? Una vez más, el semanario satírico francés Charlie Hebdo suscitó ayer una viva polémica internacional con la publicación de una decena de irreverentes dibujos sobre el profeta Mahoma y los integristas musulmanes.

En momentos en que Medio Oriente se inflama y hay decenas de personas que pagan con su vida la ira desatada por el film La Inocencia de los Musulmanes , la publicación francesa ratifica -si acaso hacía falta- que el humor puede tener efectos explosivos, y que el arte y la provocación son dos ejercicios extremadamente delicados.

Apegado con uñas y dientes a la libertad de expresión, el equipo de Charlie Hebdo reincide en ese tipo de ejercicio profano cada vez que se presenta la ocasión.

Hace seis años provocó un escándalo internacional, cuando reprodujo las 12 caricaturas de Mahoma que habían aparecido en septiembre de 2005 en el periódico danés Jyllands-Posten. La tapa de ese número del 8 de febrero de 2006 afirmaba: "¡Es duro ser amado por imbéciles!" Cuando en épocas normales la revista tira unos 60.000 ejemplares, ese número, con una tirada de 600.000 ejemplares, se agotó rápidamente.

Denunciado ante la justicia por numerosas organizaciones musulmanas, el semanario fue absuelto después de un mediático juicio.

Charlie Hebdo pagó mucho más caras sus convicciones el año pasado, cuando sus locales fueron parcialmente destruidos por un incendio criminal, el 2 de noviembre de 2011. La revista acababa de publicar un número especial titulado "Charia Hebdo" con un dibujo de "Mahoma, jefe de redacción". Los investigadores han sido incapaces de identificar a los autores del atentado.

Esta vez, los responsables de la publicación niegan una eventual intención de haber querido repetir el impacto mediático de 2006. "No es un número sobre Mahoma", afirma el dibujante Luz. "Hay una sola página consagrada al film La Inocencia de los Musulmanes ", agrega.

Contextos

"No hemos ido demasiado lejos", explica su director, Stephane Charbonnier, que firma sus dibujos como Charb. "Somos una publicación satírica de actualidad que hace su trabajo al hablar de lo que sucede en el mundo. Nadie reprocha a los diarios que hablen del film antiislámico. Nuestra forma de evocar el tema es mediante la caricatura", dice.

Charb desecha el argumento de la situación internacional. "No hay contexto favorable o desfavorable. Cuando incendiaron nuestros locales, el contexto no era particularmente tenso", señala.

Es verdad que la tapa de Charlie Hebdo de esta semana no puede ser calificada de blasfema. Muestra a un rabino empujando a un mullah en silla de ruedas con el título Intocables 2 , tomado de uno de los films más exitosos de Francia en los últimos diez años.

Los dibujos más osados se encuentran en la última página. Allí aparece Mahoma con las nalgas al aire, pronunciando la célebre réplica de Brigitte Bardot en El Desprecio , ante un Jean-Luc Godard consternado: "¿Y mis nalgas? ¿Te gustan mis nalgas?" En otro dibujo, el profeta muestra su trasero decorado con una estrella: "Nace una estrella", dice la leyenda.

En un contexto extremadamente inflamable, el gobierno francés no tardó en reaccionar. Tras recordar que "la libertad de expresión constituye uno de los principios fundamentales de la república", el primer ministro Jean-Marc Ayrault manifestó su "reprobación ante los excesos" y apeló "al espíritu de responsabilidad de todos".

Las autoridades musulmanas de Francia, por su parte, llamaron a sus fieles "a no ceder a las provocaciones".

Pero este tipo de episodios volverá sin duda a repetirse y la justicia seguramente dará una vez más la razón a Charlie Hebdo o a alguno de sus homólogos.

Los franceses no sólo están orgullosos de vivir en una democracia, donde la libertad de expresión es constitutiva de los genes republicanos. También son visceralmente apegados al laicismo, acto final de un largo proceso de pérdida de influencia de la fe que comenzó con el fin de la feroz guerra de religiones, que enfrentó a católicos y protestantes durante el siglo XVI y que dejó centenares de miles de muertos.

Desde esa óptica, todo francés piensa que, como decía Voltaire, las religiones son sistemas de pensamiento que pueden ser discutidos, analizados e incluso ridiculizados.

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