El pujante país que eligen cada vez más argentinos para emigrar

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Sharon Isaack, de 34 años, vivía en Rosario junto a su marido, Martín Rubín, de 35, y sus tres hijos, y en marzo de este año se mudaron a Israel
Gentileza: Sharon Isaack

Emigrar nunca es tarea fácil. Si bien la Argentina tiene profundos problemas sociales y económicos, empezar la vida en otro país implica un desafío económico y cultural que muchas veces diluye las ganas de ir en busca de un cambio. Sin embargo, para la comunidad judía local e internacional que decide migrar hacia Israel, el proceso suele ser armónico gracias a un sinfín de planes y ventajas que otorga el Estado israelí. Desde la Agencia Judía, que es el ente autárquico del Estado de Israel encargado de brindar planes de apoyo, aseguran que en los últimos dos años creció el número de migrantes argentinos.

Ariel Rosujovsky tiene 30 años y emigró hacia Israel en 2019, junto a Sabrina, su novia. Lo hicieron a través de un programa llamado Masa Israel Journey, que le da la posibilidad a jóvenes judíos de vivir experiencias que van desde los dos hasta los 12 meses e incluyen programas de estudio, voluntariados y planes para fomentar el desarrollo profesional.

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Rosujovsky es ingeniero civil y en la Argentina trabajaba para Edenor. Según dice, la devaluación que hubo en 2018 terminó de convencerlos de que era hora de buscar nuevos rumbos. “Ese año nos recibimos y con mi novia decidimos emigrar. Nos anotamos en Masa. A mí me dieron una pasantía para trabajar en algo vinculado a mi carrera, pero también podés tener distintas experiencias educativas como hacer una maestría. Además nos dieron la posibilidad de viajar por Israel, y todo eso lo paga el Estado. Es como una emigración controlada. Nos vinimos por cinco meses y decidimos quedarnos”, señala Rosujovsky.

Luego de esos meses se asentaron en Tel Aviv. Ahora vive a 30 cuadras del Mar Mediterráneo y, entre las ventajas de vivir en ese país, que es una de las grandes potencias de medio oriente a pesar de tener un territorio más pequeño que la provincia de Tucumán, destaca la seguridad y la estabilidad económica.

Ariel Rosujovsky tiene 30 años y emigró hacia Israel en 2019 junto a Sabrina, su novia
Gentileza: Ariel Rosujovsky


Ariel Rosujovsky tiene 30 años y emigró hacia Israel en 2019 junto a Sabrina, su novia (Gentileza: Ariel Rosujovsky/)

“Vos podés ir a un bar y dejar el celular arriba de la mesa sin que te lo arrebaten. Y en cuanto a la economía, vos sabés que los precios se van a mantener; en ese sentido tenés una tranquilidad que allá no existe. También es cierto que podés estar en un bar y que empiecen a sonar la sirenas y te tengas que proteger en un refugio, pero no existe el estado de tensión constante que hay en la Argentina”, señala Rosujovsky.

Ahora trabaja en un parque industrial a 30 minutos de Tel Aviv. Describe que la cultura del trabajo es distinta, y que es aún más intensa: “Se trabaja muchísimo. No solo a veces se trabajan más horas, sino que el ritmo de trabajo es muy intenso. También hay mucha competencia porque Israel tiene un gran número de personas universitarias y muy capacitadas para los trabajos”.

La Agencia Judía es la encargada de brindar planes de apoyo según la situación de cada persona. Estiman que en la Argentina la comunidad judía es de entre 180.000 y 200.000 personas, y aseguran que en los últimos dos años aumentó el número de personas que decidieron emigrar.

El año pasado se fueron 560 miembros de la comunidad judía y estiman que para fines de este año se habrán ido otros 750. Un salto importante en los números si se tiene en cuenta que en 2015 emigraron 315 y en 2017 se fueron 286.

“Varía mucho el tipo de ayuda que se entregue según la edad y la situación. Siempre el primer beneficio es el pasaje de ida que lo paga el Estado. Luego hay muchos planes diferentes. Para personas de hasta 35 años hay planes en donde se vive en un campus y duran hasta seis meses. Ahí podés aprender hebreo y la idea es lograr que se vayan adaptando y conozcan gente en su misma situación. Muchas veces paga todo el Estado, otras veces no; todo depende del caso. También para los jóvenes hay beneficios universitarios: por ejemplo, en Israel no hay universidad pública pero el Estado puede afrontar los gastos de los primeros años de la carrera”, detallaron fuentes de la Agencia Judía a LA NACION.

Y agregaron: “Otro de los beneficios que damos desde la Agencia Judía es brindar todo tipo de asesoramiento en diversos temas organizamos charlas con expertos o con personas que se fueron y cuentan su experiencia. El 22 de agosto tendremos un evento muy importante que durará todo el día e incluirá conferencias sobre educación, empleo, economía, la sociedad israelí, la salud, entre otros temas. Se conectarán expertos de diferentes municipalidades, universidades y ONG’s y la gente tendrá la posibilidad de tener reuniones personales con cada uno de ellos”. Desde la Agencia Judía indicaron que si una persona no judía se casara con alguien contemplado dentro de la Ley de Retorno, también podría acceder a la ciudadanía.

Desde la Embajada de Israel en la Argentina, señalaron que también existen diferentes casos de personas que quieren obtener un permiso para residir en Israel, independientemente de pertenecer, o no, a la comunidad judía.

“Los tres casos paradigmáticos son: visas para estudiantes que son aceptados en universidades o instituciones aprobadas por el Instituto de Educación Superior de Israel. Durante el período de formación el estudiante recibe un permiso especifico o visa de estudiante para el tiempo que duran los estudios. Asimismo, están las visas de trabajo en puestos que se requieren en Israel. Existen especificaciones detalladas para aquellas profesiones u oficios que demandan puestos de trabajo en Israel. Por último, está el concepto de “reunificación familiar”, en el que uno de los miembros de la pareja es israelí y el otro/a no lo es, en el que la pareja extranjera realiza un proceso específico en miras de obtener su ciudadanía. De todas formas en este momento la Argentina está excluida de estas tramitaciones por pertenecer al grupo de países con restricciones de ingreso debido a su situación epidemiológica”, indicaron fuentes de la embajada a LA NACION.

Sharon Isaack, de 34 años, que vivía en Rosario junto a su marido, Martín Rubín, de 35, y sus tres hijos, llegaron a Israel en una situación totalmente distinta. Se mudaron a la ciudad de Modiin, a 40 kilómetros de Tel Aviv, en marzo de este año.

“Soy abogada y mi marido en la Argentina tenía un comercio. Hace dos años que teníamos ganas de venir y finalmente lo decidimos. Queremos darles a nuestros hijos una educación judía, pero que al mismo tiempo tengan mayor apertura social y en Rosario la comunidad es muy pequeña. Además en Israel nos es más fácil desarrollar nuestra vida judía ya que nosotros respetamos muchos preceptos como el shabat o comer comida kosher y en Rosario no hay tanta oferta”, dice Isaack.

Sharon Isaack y su familia
Gentileza: Sharon Isaack


Sharon Isaack y su familia (Gentileza: Sharon Isaack/)

Ellos entraron en la Ley de Retorno, que es la legislación que contempla a los judíos que quieren emigrar hacia Israel. De hecho, allá existe el Ministerio de Integración cuyo objetivo es generar incentivos para atraer a los judíos del mundo hacia Israel.

“Todo aquel que entra en la Ley de Retorno, que pare ellos debe tener al menos un abuelo o abuela judía, recibe el pasaje gratis, podés tramitar la ciudadanía, recibís dinero para vivir los primeros meses, podés aprender gratis hebreo y, en mi caso, hasta me pagan los estudios para revalidar mi título. Depende en la etapa de la vida que venís van a cambiar los beneficios que podés obtener. Nosotros alquilamos un departamento con el dinero que nos aportó el Estado. Ahora mi marido trabaja en un movimiento juvenil que organiza viajes de estudio y yo voy a volver a ejercer cuando revalide el título”, explica Isaack.

Yael Drelevich, de 31 años, es porteña pero se mudó a Israel hace un año y medio
Gentileza: Yael Drelevich


Yael Drelevich, de 31 años, es porteña pero se mudó a Israel hace un año y medio (Gentileza: Yael Drelevich/)

En cuanto a las familias, existen los Centros de Absorción, que son complejos de edificios a donde se pueden mudar con sus hijos durante algunos meses sin que se les cobre por la estadía. En esos complejos también hay clases de distintas asignaturas y oficios, un comedor, entre otros servicios. “El objetivo es incentivar a que la gente venga y que los primeros meses hasta que se asienten no sean tan cuesta arriba, incluso muchos municipios tienen sus propios planes de incentivo para poblar sus ciudades”, agregaron.

Yael Drelevich, de 31 años, es porteña pero se mudó a Israel hace un año y medio. Según dice, decidió emigrar porque, a pesar de ser abogada, en la Argentina no podía pensar un proyecto sostenible a futuro.

“Mis abuelos viven acá y vine varias veces por turismo, y la última vez me dieron ganas de quedarme. Me anoté en el plan Masa para hacer una pasantía en un estudio de abogados Ahora vivo Ramat Gan. La calidad de vida es muy superior, siempre hay una rutina, pero se llega tranquilo a fin de mes y si ahorrás dos meses ya te podés ir de vacaciones a algún lado. Obviamente no todo me gusta, siento que los israelíes a veces son muy atolondrados, es otra cultura, pero son muy solidarios”, argumenta Drelevich.

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